29 abr. 2020

POEMA A UN AMIGO...


Vino Garnacha, garnacha tinta, garnacha tintorera – El Catavinum

Es dulce el corazón del que camina
por la vereda del Amor sin miedo.
El pié que pisa firme en el robledo
Y el afán de los aires de la encina.

Es dulce la palabra con espina.
El vino que se saca del viñedo.
Las olas que se rompen con el dedo
y los sudores de la voz marina.

Blanca es la luz del mensajero sabio
que endulza, con amor, la sal de agravio
en la arena silente del camino.

Porque, Tucho es la alfombra de colores,
donde pone la gente los sudores,
paladeando las pisadas del destino.


Elpidio Ruíz Herrero
Los Olmillos, (Villamuriel de Cerrato)




UNA CANCIÓN PARA TUCHO... ¡ÁNIMO!




27 abr. 2020

HOMILIA Papa Francisco 27-4-2020

UNA PASTORAL MISIONERA desde nuestra parroquia


Fragmento extraído de los cuatro tomos de Pastoral de nuestro párroco

UNA PASTORAL MISIONERA


Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20, 21).

En los 25 años de acción pastoral en esta comunidad de San Cipriano de Vilanova de Arousa, fue nuestro deseo y anhelo el realizar la misión que Jesucristo nos dio al enviarnos, tal como recoge el final del Evangelio de San Mateo: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt. 28, 19-21).

Este envío fue el móvil que nos llevó a hacer las programaciones partiendo de las tres grandes fuentes de misión:

LA DE ENSEÑAR a través del equipo de catequesis y de todas sus acciones educativas.

LA DE CELEBRAR LOS SACRAMENTOS, sobre todo la Eucaristía, desde el equipo de liturgia y de todas sus acciones celebrativas y desde el cuidado y esmero del templo. Sobre todo, de los vasos sagrados y ornamentos.

LA DE HACER COMUNIDAD EN CARIDAD Y CARIDAD DESDE LA COMUNIDAD (CÁRITAS). Nos preocupó, especialmente el hacer una comunidad auténticamente cristiana, participativa, alegre, acogedora, servicial, etc.

Desde estos tres pilares del envío evangélico, unidos en comunión entre sí y relacionados en una tarea común de acción apostólica, quisimos en todo momento agrupar todo ese mundo de religiosidad popular manifestado en
las asociaciones, congregaciones, cofradía. Así como esa tarea específica de acciones pastorales con la familia, los jóvenes, los enfermos… formando así un todo de acción pastoral parroquial de misión.
Pero, sobre todo, nuestra gran preocupación pastoral además de un servicio generoso a los miembros de la comunidad parroquial, estuvo marcada por una atención especial a los preferidos del Señor: Los pobres, abandonados, olvidados o necesitados a través de Cáritas parroquial. A tal efecto siempre tuvimos un equipo de fieles para esta misión en coordinación con la Cáritas interparroquial de Arosa y a través de ella con la Cáritas Diocesana.



Antonio Sineiro Padín.
Párroco de San Cipriano de Vilanova de Arousa

25 abr. 2020

Evangelio día 26: Domingo III de Pascua - Ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo: «¿Qué?».
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:José Antonio Pagola
Lc (24,13-35)

DOS EXPERIENCIAS CLAVE

Al pasar los años, en las comunidades cristianas se fue planteando espontáneamente un problema muy real. Pedro, María Magdalena y los demás discípulos habían vivido experiencias muy «especiales» de encuentro con Jesús vivo después de su muerte. Experiencias que a ellos los llevaron a «creer» en Jesús resucitado. Pero los que se acercaron más tarde al grupo de seguidores, ¿cómo podían despertar y alimentar esa misma fe?
Este es también hoy nuestro problema. Nosotros no hemos vivido el encuentro con el Resucitado que vivieron los primeros discípulos. ¿Con qué experiencias podemos contar nosotros? Esto es lo que plantea el relato de los discípulos de Emaús.
Los dos caminan hacia sus casas, tristes y desolados. Su fe en Jesús se ha apagado. Ya no esperan nada de él. Todo ha sido una ilusión. Jesús, que los sigue sin hacerse notar, los alcanza y camina con ellos. Lucas expone así la situación: «Jesús se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo». ¿Qué pueden hacer para experimentar su presencia viva junto a ellos?


Para colorear ... Busca el camino...

Lo importante es que estos discípulos no olvidan a Jesús; «conversan y discuten» sobre él; recuerdan sus «palabras» y sus «hechos» de gran profeta; dejan que aquel desconocido les vaya explicando lo ocurrido. Sus ojos no se abren enseguida, pero «su corazón comienza a arder».
Es lo primero que necesitamos en nuestras comunidades: recordar a Jesús, ahondar en su mensaje y en su actuación, meditar en su crucifixión… Si, en algún momento, Jesús nos conmueve, sus palabras nos llegan hasta dentro y nuestro corazón comienza a arder, es señal de que nuestra fe se está despertando.
No basta. Según Lucas es necesaria la experiencia de la cena eucarística. Aunque todavía no saben quién es, los dos caminantes sienten necesidad de Jesús. Les hace bien su compañía. No quieren que los deje: «Quédate con nosotros». Lucas lo subraya con gozo: «Jesús entró para quedarse con ellos». En la cena se les abren los ojos.
Estas son las dos experiencias clave: sentir que nuestro corazón arde al recordar su mensaje, su actuación y su vida entera; sentir que, al celebrar la eucaristía, su persona nos alimenta, nos fortalece y nos consuela. Así crece en la Iglesia la fe en el Resucitado.

“La memoria del corazón”




Se ha definido la gratitud como “La memoria del corazón”. Pero no se trata sólo de recordar, hay que caer en la cuenta, advertir una realidad presente.

Reconocimiento deriva de “conocer”, pero aquí no es cuestión simplemente de “captar con el entendimiento”, sino de poner en acción el corazón: que una cierta realidad sea vista, acogida, captada o recibida por el corazón. Ciertamente el gran enemigo de la gratitud es la costumbre (hábito, distracción, descuido, etc.).

Cuando todo se da por descontado, o incluso debido, se hace uno incapaz de dar gracias. Cuando todo se considera normal, derecho adquirido, resulta imposible la gratitud.  Si, por el contrario, reconozco que “todo es gracia”, entonces todo es ocasión de dar gracias.

Es fácil caer en la cuenta de lo excepcional, pero el reconocimiento no se limita a lo extraordinario. Hay que “reconocer” el don, la gracia, la expresión del amor fiel de Dios, en las realidades ordinarias, aparentemente banales, esas que consideramos naturales.

Chesterton decía que una vez al año agradecemos a los Reyes Magos los regalos que dejan en los zapatos, y somos tan descuidados que no sentimos la necesidad de agradecer a Alguien el don de darnos cada día dos pies para calzar esos zapatos.

Dios me hace señas a través de lo ordinario.  Y yo tengo que descubrir las huellas de su paso por la vida en las cosas pequeñas (la hierba, una flor, el pan, el sol,…). Tengo que aprender a “ver” las cosas ordinarias, si, precisamente esas que, por tenerlas siempre al alcance de los ojos, corren el peligro de pasar desapercibidas. No necesitamos de milagros para dar gracias, las cosas de cada día -el milagro de la presencia de Dios en lo cotidiano- tendría que ser suficiente.

¿Castigo divino?


       En los últimos días he podido ver con una mezcla de estupor y desesperación cómo algunos «pastores» de esta Iglesia nuestra salen a la palestra a decir que esto del coronavirus es un castigo divino –en distintas versiones–, por lo mal que va el mundo, por la comunión en la mano, por la pachamama, por la secularización, por cerrar las iglesias para evitar los contagios...

Y me pregunto, ¿no han entendido nada del Nuevo Testamento? ¿Siguen creyendo en el Dios airado que castiga y manda plagas? ¿Qué ven cuando miran en la cruz a quien murió por amor y se negó a responder al mal con mal?

Por supuesto, si se te ocurre decir algo así, inmediatamente aparecen los fundamentalistas del versículo. ¿Quiénes son? Los que toman un versículo de alguna carta paolina y en torno a ello montan toda su teología, prescindiendo de todo lo demás (misericordia incluida). Independientemente de que para nosotros la Verdad no es la literalidad de cada palabra contenida en la Biblia (por suerte, porque nos volveríamos locos), sino Jesucristo. Y la Escritura nos ayuda a comprender, interpretar y acoger esa verdad desplegada en el tiempo.
Creo que estos profetas del Dios airado se equivocan. Creo que hacen daño. Creo que no creemos en el mismo Dios. Y creo que, gracias a Dios, Dios es más misericordioso de lo que ellos piensan. Porque, si no, tanto daño como hacen no tendría perdón...



Imagen: Ed Knippers, «Christ in the Wild» (detalle)

Carta del Papa a los católicos por el mes de mayo



https://www.almudi.org/

El Santo Padre invita a las familias a rezar el Rosario en sus casas durante el mes de mayo.
Redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo: es la propuesta del Papa para el próximo mes, en una Carta dirigida a todos los fieles.

Texto de la Carta del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:
Se aproxima el mes de mayo, en el que el pueblo de Dios manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María. En este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la familia. Las restricciones de la pandemia nos han “obligado” a valorizar esta dimensión doméstica, también desde un punto de vista espiritual.
Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo. Ustedes pueden elegir, según la situación, rezarlo juntos o de manera personal, apreciando lo bueno de ambas posibilidades. Pero, en cualquier caso, hay un secreto para hacerlo: la sencillez; y es fácil encontrar, incluso en internet, buenos esquemas de oración para seguir.
Además, les ofrezco dos textos de oraciones a la Virgen que pueden recitar al final del Rosario, y que yo mismo diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes. Los adjunto a esta carta para que estén a disposición de todos.
Queridos hermanos y hermanas: Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón.
Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2020
Fiesta de san Marcos, evangelista

17 abr. 2020

CATE-QUIZ-IS CAP. 5



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EVANGELIO día 19: Domingo II de Pascua - Ciclo A


Evangelio por Odres Nuevos


Lectura del santo evangelio según san San Juan (20,19-31):

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (20,19-31)



ALEGRÍA Y PAZ

No les resultaba fácil a los discípulos expresar lo que estaban viviendo. Se les ve acudir a toda clase de recursos narrativos. El núcleo, sin embargo, siempre es el mismo: Jesús vive y está de nuevo con ellos. Esto es lo decisivo. Recuperan a Jesús lleno de vida.
Los discípulos se encuentran con el que los ha llamado y al que han abandonado. Las mujeres abrazan al que ha defendido su dignidad y las ha acogido como amigas. Pedro llora al verlo: ya no sabe si lo quiere más que los demás, solo sabe que lo ama. María de Magdala abre su corazón a quien la ha seducido para siempre. Los pobres, las prostitutas y los indeseables lo sienten de nuevo cerca, como en aquellas inolvidables comidas junto a él.
Ya no será como en Galilea. Tendrán que aprender a vivir de la fe. Deberán llenarse de su Espíritu. Tendrán que recordar sus palabras y actualizar sus gestos. Pero Jesús, el Señor, está con ellos, lleno de vida para siempre.
Todos experimentan lo mismo: una paz honda y una alegría incontenible. Las fuentes evangélicas, tan sobrias siempre para hablar de sentimientos, lo subrayan una y otra vez: el Resucitado despierta en ellos alegría y paz. Es tan central esta experiencia que se puede decir, sin exagerar, que de esta paz y esta alegría nació la fuerza evangelizadora de los seguidores de Jesús.
¿Dónde está hoy esa alegría en una Iglesia a veces tan cansada, tan seria, tan poco dada a la sonrisa, con tan poco humor y humildad para reconocer sin problemas sus errores y limitaciones? ¿Dónde está esa paz en una Iglesia tan llena de miedos, tan obsesionada por sus propios problemas, buscando tantas veces su propia defensa antes que la felicidad de la gente?
¿Hasta cuándo podremos seguir defendiendo nuestras doctrinas de manera tan monótona y aburrida, si, al mismo tiempo, no experimentamos la alegría de «vivir en Cristo»? ¿A quién atraerá nuestra fe si a veces no podemos ya ni aparentar que vivimos de ella?
Y, si no vivimos del Resucitado, ¿quién va a llenar nuestro corazón?, ¿dónde se va a alimentar nuestra alegría? Y, si falta la alegría que brota de él, ¿quién va a comunicar algo «nuevo y bueno» a quienes dudan?, ¿quién va a enseñar a creer de manera más viva?, ¿quién va a contagiar esperanza a los que sufren?
__________________

¿Eres la mejor persona que puedes ser?




https://pastoralsj.org/ser

Hay instantes que cambian el rumbo de nuestra historia, que nos hacen ver el mundo de otra forma y que nos llevan a amar la vida y a vivir de otra forma. Abismos capaces de imaginarnos de distinta manera y de sacar lo mejor de nosotros mismos.
Muchas veces nos dejamos el tiempo y la cabeza en problemas que no merecen la pena, pero también hay momentos para poder cambiar, para darnos otra oportunidad.
Sabiendo que no vas a vivir para siempre, ¿eres la mejor persona que puedes ser?

Y ahora, ¿qué?




Pasó la Cuaresma, pasó la Semana Santa… y un mes después seguimos en este tiempo de aislamiento comenzando a celebrar la Pascua. Durante la Cuaresma la crisis de la COVID nos invitaba a profundizar en el sentido del tiempo de conversión: silencio, aislamiento, prueba, cambio de vida, desierto, tentación... Pero ¿Y ahora?

También vivimos la Pasión con un rostro sufriente fácil de reconocer. No necesitábamos buscar cruces, ni tumbas abiertas, ni madres dolorosas, ni amigos desperados, bastaba mirar las noticias. Pero ¿Y ahora?

¿Dónde está la luz? ¿Dónde la alegría? ¿Dónde la comunidad que celebra la presencia del Resucitado? ¿Dónde la vida venciendo a la muerte? Este tiempo de Pascua que se abre ante nosotros es para muchos nuevo. Muchos hemos vivido siempre la Pascua en un contexto de alegría natural, de vacaciones, de fiesta. Y ahora ¿qué Pascua celebramos?

De nuevo aparece aquí un diálogo fundamental, la conversación entre la realidad y la fe. El diálogo supone que ambas partes se reconocen, se hablan y se escuchan. Los discípulos no experimentaron la Resurrección inmediatamente como una gran fiesta. María no fue capaz de reconocer al Resucitado a primera vista. Las mujeres no salieron del sepulcro colmadas de felicidad, sino con miedo y alegría. A Tomás no le bastó con saber que Jesús había resucitado. Los discípulos seguían encerrados después de saber la noticia. Lo fueron descubriendo al poner en diálogo la realidad de su miedo y sus dudas con la alegría y la esperanza que manaba de su fe.

Tal vez nos habíamos acostumbrado con demasiada facilidad a que el contexto facilitaba la experiencia personal, y ahora es tiempo de descubrir que, aunque estén cerradas las puertas, Jesús se vuelve a poner en medio. Él nos vuelve a salir al encuentro, vuelve a caminar con nosotros, pero nosotros debemos querer reconocerlo. Hoy debemos poner en diálogo la oscuridad de la realidad que nos envuelve y la luz de la fe en el Resucitado. Y lo debemos hacer cada uno personalmente, porque el encuentro con Cristo es personal.

Quizás esa sea la invitación de este tiempo, redescubrir que nos dice Jesús Resucitado en nuestra realidad concreta. Discernir que supone anunciar la Vida eterna en este tiempo de vidas truncadas. La Resurrección de Jesús toma la realidad humana para revestirla de gloria, también esta realidad que nos envuelve ahora, atrevámonos a hacer este camino.
Javier Prieto

15 abr. 2020

POEMA de D. Elpidio a nuestro párroco en su cumpleaños

A mi buen amigo Don Antonio Sineiro Padín. 
Párroco de San Cipriano de Villanueva de Arosa. Hoy cumple años. ¡FELICIDADES!

(Extensivo, con mucho cariño desde toda la parroquia, deseándole una rápida recuperación.  ¡Ánimo Tucho!) 



Es dulce el corazón del que camina
por la vereda del Amor sin miedo.
El pié que pisa firme en el robledo
Y el afán de los aires de la encina.

Es dulce la palabra con espina.
El vino que se saca del viñedo.
Las olas que se rompen con el dedo
y los sudores de la voz marina.

Blanca es la luz del mensajero sabio
que endulza, con amor, la sal de agravio
en la arena silente del camino.

Porque, Tucho es la alfombra de colores,
donde pone la gente los sudores,
paladeando las pisadas del destino.


Elpidio Ruíz Herrero
Los Olmillos, (Villamuriel de Cerrato)
13 de Abril de 2020


FELICIDADES DE PARTE DE MI HERMANO Y RECUERDOS A MUNDO

12 abr. 2020

CATE-QUIZ-IS CAP. 4

padrenuestro fano bn - Buscar con Google

¡¡FELIZ PASCUA de RESURRECCIÓN!!




Resucitar,


no es una piel envejecida
que se estira en el quirófano,
sino una presencia que ilumina
cada arruga con su historia,

no es un golpe en el alma

que se anestesia con drogas,
sino una caricia que sana
la memoria y la carne,

no es un desencuentro entablillado

para salvar apariencias,
sino un abrazo infinito
que teje las diferencias,

no es un robo a los pobres

legalizado con indultos,
sino un fuego que separa
la justicia de la escoria,

no es el oasis final

para olvidar pesadillas,
sino un vino añejado
en las bodegas del camino.

Porque todo lo que nos golpea

a ti también te hiere,
y al abrirse en ti a la vida
también en nosotros resucita.


(Benjamín González Buelta, sj)

Mensaje Pascual - Bendición Urbi et Orbi


Alocución del Papa con ocasión de la bendición Urbi et Orbi

¡Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua! Hoy el anuncio de la Iglesia resuena en todo el mundo: “¡Jesucristo ha resucitado!”. “¡Realmente ha resucitado!”.
Como una nueva llama, esta Buena Nueva se encendió en la noche: la noche de un mundo que ya está lidiando con grandes desafíos y ahora oprimido por la pandemia, que pone a dura prueba a nuestra gran familia humana. En esta noche, la voz de la Iglesia resonó: “¡Cristo, mi esperanza, ha resucitado!” (Secuencia Pascual).
Es otro “contagio” que se transmite de corazón a corazón, porque cada corazón humano espera esta Buena Nueva. Es el contagio de la esperanza: “¡Cristo, mi esperanza, ha resucitado!”. No es una fórmula mágica, que haga desaparecer los problemas. No, la resurrección de Cristo no es eso. Es, en cambio, la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no se “salta” el sufrimiento y la muerte, sino que los atraviesa abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien: marca exclusiva del poder de Dios.
El Resucitado es el Crucifijo, no otro. En su cuerpo glorioso lleva llagas indelebles: heridas que se han convertido en resquicios de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad afligida.
Mis pensamientos de hoy van sobre todo a los que han sido afectados directamente por el coronavirus: a los enfermos, a los que han muerto y a los miembros de la familia que lloran la desaparición de sus seres queridos, a quienes a veces no han podido dar ni siquiera la última despedida. Que el Señor de la vida acoja a los muertos con Él en su reino y brinde consuelo y esperanza a los que aún están en la prueba, especialmente a los ancianos y a los que están solos. Que no falte su consuelo y ayuda necesaria a los que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad particular, como los que trabajan en residencias de ancianos o viven en barracones y cárceles. Para muchos es una Pascua de soledad, vivida entre el luto y los muchos desastres que está causando la pandemia, desde el sufrimiento físico a los problemas económicos.
Esta enfermedad no solo nos ha privado de los afectos, sino también de la posibilidad de acudir personalmente al consuelo que fluye de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación. En muchos países no ha sido posible acercarse a ellos, ¡pero el Señor no nos ha dejado solos! Al permanecer unidos en la oración, estamos seguros de que Él ha puesto su mano sobre nosotros (cfr. Sal 138,5), repitiéndonos con fuerza: no temáis, “¡he resucitado y siempre estoy contigo”! (cfr. Misal Romano).
Jesús, nuestra Pascua, dé fuerza y esperanza a los médicos y enfermeras, que en todas partes dan testimonio de cuidado y amor por los demás hasta el agotamiento y no con poca frecuencia el sacrificio de su propia salud. Nuestro pensamiento cariñoso y nuestra gratitud se dirige a ellos, así como a los que trabajan asiduamente para garantizar los servicios esenciales necesarios para la convivencia civil, la policía y los militares que en muchos países han ayudado a aliviar las dificultades y el sufrimiento de la población.
En estas semanas, la vida de millones de personas ha cambiado repentinamente. Para muchos, quedarse en casa ha sido una oportunidad para reflexionar, para detener el ritmo frenético de la vida, estar con sus seres queridos y disfrutar de su compañía. Para otros, sin embargo, también es tiempo de preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que comporta la actual crisis. Animo a todas las personas con responsabilidades políticas a trabajar activamente por el bien común de los ciudadanos, proporcionando los medios y las herramientas necesarias para que todos puedan llevar una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las normales actividades diarias.
Este no es el momento de la indiferencia, porque todo el mundo está sufriendo y debe encontrarse unido para enfrentar la pandemia. Jesús resucitado dé esperanza a todos los pobres, a los que viven en las periferias, a los refugiados y a los sin techo. No dejemos solos a esos hermanos y hermanas más débiles, que pueblan ciudades y suburbios de todo el mundo. Que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de encontrar ahora que tantas actividades están cerradas, así como medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una atención sanitaria adecuada. Teniendo en cuenta las circunstancias, que se relajen también las sanciones internacionales que inhiben la posibilidad de que los países que las tienen den apoyo adecuado a sus ciudadanos y se dispongan a que todos los Estados puedan hacer frente a las principales necesidades del momento, reduciendo, si no perdonando, la deuda que pesa en los presupuestos de los más pobres.
Este no es el momento para el egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace diferencia de personas. Entre las muchas áreas del mundo afectadas por el coronavirus, dirijo un pensamiento especial a Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, este continente pudo crecer gracias a un espíritu concreto de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado. Es más urgente que nunca, especialmente en las circunstancias actuales, que esas rivalidades no retomen vigor, sino que todas se reconozcan como parte de una sola familia y se apoyen mutuamente. Hoy la Unión Europea se enfrenta a un desafío inmenso, del que dependerá no solo su futuro, sino el del mundo entero. No perdamos la oportunidad de dar más muestras de solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras. La alternativa es solo el egoísmo de intereses particulares y la tentación de volver al pasado, con el riesgo de poner a prueba severamente la convivencia pacífica y el desarrollo de las próximas generaciones.
Este no es el momento para las divisiones. Cristo nuestra paz ilumine a quienes tienen responsabilidad en los conflictos, para que tengan el coraje de unirse al llamamiento de un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo. Este no es el momento de continuar fabricando y traficando armas, gastando enormes cantidades de capital que deberían usarse para curar a las personas y salvar vidas. En cambio, es el momento de terminar finalmente con la larga guerra que ha ensangrentado a la amada Siria, el conflicto en Yemen y las tensiones en Irak, así como en el Líbano. Que este sea el momento en que israelíes y palestinos reanuden el diálogo, para encontrar una solución estable y duradera que permita a ambos vivir en paz. Que cese el sufrimiento de la población que vive en las regiones orientales de Ucrania. Se ponga fin a los ataques terroristas perpetrados contra muchas personas inocentes en diferentes países de África.
Este no es el momento del olvido. Que la crisis que enfrentamos no nos haga olvidar tantas otras emergencias que comportan sufrimientos a muchas personas. Que el Señor de la vida se muestre cercano a las poblaciones de Asia y África que están experimentando graves crisis humanitarias, como en la región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. Que caliente los corazones de muchos refugiados y personas desplazadas debido a guerras, sequías y hambrunas. Que brinde protección a los muchos inmigrantes y refugiados, muchos de los cuales son niños, que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía. Y no quiero olvidar la isla de Lesbos. Que permitir a Venezuela alcanzar soluciones concretas e inmediatas, destinadas a permitir la ayuda internacional a la población que sufre la grave situación política, socioeconómica y sanitaria.
Queridos hermanos y hermanas, indiferencia, egoísmo, división, olvido no son realmente las palabras que queremos escuchar en este momento. ¡Queremos prohibirlas de todos los tiempos! Parecen prevalecer cuando el miedo y la muerte nos abruman, es decir, cuando no dejamos vencer al Señor Jesús en nuestros corazones y en nuestras vidas. Él, que ya ha derrotado a la muerte abriendo el camino a la salvación eterna, disipe la oscuridad de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su glorioso día que no conoce ocaso.
Con estas reflexiones, me gustaría desearos a todos una feliz Pascua.
Traducción de Luis Montoya.