30 jul. 2010

Evangelio: domingo XVIII del tiempo ordinario

Lc 12, 13-21
«Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»
Le respondió: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»
Y les dijo: «¡Atención, guardaos de cualquier codicia, que,
la vida no depende de los bienes!.»
Y les propuso una parábola:
«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.”
Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores,
y meteré allí mi trigo y mis posesiones.
Y entonces me diré a mí mismo:
hombre, tienes bienes acumulados para muchos años;
descansa, come, bebe y disfruta.”
Pero Dios le dijo:
“¡Necio, esta noche te reclamarán la vida.
Lo que has acumulado, ¿para quién será?!”
Pues lo mismo es el que acumula riquezas para sí y
no es rico para Dios.»