18 ene. 2020

Evangelio día 19: Domingo II del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,29-34):

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (1,29-34)

LO PRIMERO

Algunos ambientes cristianos del siglo I tuvieron mucho interés en no ser confundidos con los seguidores del Bautista. La diferencia, según ellos, era abismal. Los «bautistas» vivían de un rito externo que no transformaba a las personas: un bautismo de agua. Los «cristianos», por el contrario, se dejaban transformar internamente por el Espíritu de Jesús.
Olvidar esto es mortal para la Iglesia. El movimiento de Jesús no se sostiene con doctrinas, normas o ritos vividos desde el exterior. Es el mismo Jesús quien ha de «bautizar» o empapar a sus seguidores con su Espíritu. Y es este Espíritu el que los ha de animar, impulsar y transformar. Sin este «bautismo del Espíritu» no hay cristianismo.
Con la APPlicación del Bautismo bajas
 de la nube la gracia del Espíritu.
No lo hemos de olvidar. La fe que hay en la Iglesia no está en los documentos del magisterio ni en los libros de los teólogos. La única fe real es la que el Espíritu de Jesús despierta en los corazones y las mentes de sus seguidores. Esos cristianos sencillos y honestos, de intuición evangélica y corazón compasivo, son los que de verdad «reproducen» a Jesús e introducen su Espíritu en el mundo. Ellos son lo mejor que tenemos en la Iglesia.
Desgraciadamente, hay otros muchos que no conocen por experiencia esa fuerza del Espíritu de Jesús. Viven una «religión de segunda mano». No conocen ni aman a Jesús. Sencillamente creen lo que dicen otros. Su fe consiste en creer lo que dice la Iglesia, lo que enseña la jerarquía o lo que escriben los entendidos, aunque ellos no experimenten en su corazón nada de lo que vivió Jesús. Como es natural, con el paso de los años, su adhesión al cristianismo se va disolviendo.
Lo primero que necesitamos hoy los cristianos no son catecismos que definan correctamente la doctrina cristiana ni exhortaciones que precisen con rigor las normas morales. Solo con eso no se transforman las personas. Hay algo previo y más decisivo: narrar en las comunidades la figura de Jesús, ayudar a los creyentes a ponerse en contacto directo con el evangelio, enseñar a conocer y amar a Jesús, aprender juntos a vivir con su estilo de vida y su espíritu. Recuperar el «bautismo del Espíritu», ¿no es esta la primera tarea en la Iglesia?
Dios tiene rostro humano: Jesús.

Qué hermoso es 
poder mirarte a los ojos,
Mi Dios.

Lleno de amor infinito 
me miras,
Y yo te miro.

Mucho, mucho tiempo,
Hasta que nuestras miradas se encuentran
Y sé que estás ahí.

¡Mira en mi corazón!

Aleja todo
Lo que se interpone entre Tú y yo.

Deseo entregarte mi vida,
Dime tú cómo se hace.

Carta a Dios

Querido Dios:
 Otro año se ha ido… parece que cada año pasa más rápido que el anterior ¡y aquí seguimos! Con casi las mismas preguntas, pero la respuesta revelándose poco a poco. Así pues, me contento con compartir qué he aprendido a lo largo de 2019.
En primer lugar, me has enseñado que, precisamente ese poco tiempo y el hecho de que cada vez pase más rápido, es lo que da perspectiva a las preguntas que nos hacemos y el que nos hace querer encontrar nuestros grandes deseos. Poco a poco (no sin dificultades, como bien sabes) he ido viendo que Tú y tu Evangelio sois uno de ellos.
He podido sentir esa llamada que haces a todo aquel que pueda oír a proclamarte y anunciarte desde el día a día, de la manera que mejor sepamos. En mi caso es así, escribiendo sobre Ti, pues para algo nos has dado los talentos: para usarlos. Como bien sabes, a veces no sé sobre qué escribir y no me salen las palabras adecuadas, pero como te encargas de decirme a través de las personas de mi alrededor, no se trata de inventarse nada nuevo, sino de recordar lo ya sabido. «Tú escribe y ya», me dices una y otra vez.
También, Señor, sabes que he aprendido sobre el amor a lo largo de este año. He experimentado que existe una libertad tremenda en escoger amar a una persona, a pesar de los conflictos y los problemas que, seguro, surgirán. Tú nos has dado la clave para eso: el perdón (el de verdad, el que se pide con intención y el que se otorga en forma de reconciliación) limpia las heridas que crean la ofensa o el reproche. La Buena Noticia que me has traído este año es que todo esto es auténtico amor, a Tu Modo.
Empiezo a entender que amar a una persona no es buscar cómo encajarla en tu vida o buscar una lista de cualidades concretas. Eso poco tiene que ver con amar a otro y mucho con buscarse a uno mismo. El amor es una historia que se construye y que se adapta a las siempre cambiantes circunstancias de la vida. Es aprender a acoger las debilidades de otro, sin obviar las propias, recordando los motivos y soñando un futuro donde estáis juntos. Al fin y al cabo, esa es tu historia de amor con nosotros, ¿cómo no ibas a desear que viviéramos lo mismo?
Gracias por darnos la alegría del amor, ése que acoge y sana y encuentra un refugio, un piso franco, donde poder ser más nosotros que nunca, con todas nuestras contradicciones, luces y sombras.
Gracias, Señor, por enseñarme todo esto este año. Son pocas cosas, pero creo que son acertadas. No te desilusiones, alguna más he aprendido, pero estas son las que han pasado por mi cabeza y se han instalado en mi corazón, espero que para siempre. Permíteme en este 2020 aprender un poquito más y seguir compartiéndolo con otros.
Gracias. Con mucho amor,

14 ene. 2020

ROMERÍA DE SAN MAURO en nuestra parroquia.



Miércoles 15 de Enero, 2020



POR LA MAÑANA:


Horario de Misas:   8 - 9 - 10 - 11 y 


HORA 12´15: EUCARISTíA concelebrada y solemnizada por la comunidad parroquial  participante.


Hora 13´15: Procesión de los romeros y devotos  con la imagen de San Mauro. 



POR LA TARDE:


Horario de Misas:   5 - 6 - 7'30 y

 

Hora 8'30: Concierto festival, ofrecido por el Conjunto Músico-Vocal  "Arosa Bay" en el Templo parroquial.



BREVE BIOGRAFíA DEL ABAD BENEDICTINO
 SAN MAURO

   San Mauro nace en el norte de Italia en un pueblo llamado Subiaco a comienzos del siglo VII.

   Era hijo de un senador romano llamado Eutiquio, por lo tanto de una familia italiana acomodada y con posibilidades de disfrutar placenteramente de la vida. Sin embargo su padre quiso que estudiara en el colegio de los monjes Benedictinos de Subiaco. Esto hizo que surgiera en él unas virtudes cristianas pero especialmente monásticas, llevándolo así a ser un monje más de la comunidad Benedictina.

   Su personalidad y su evidente santidad hizo que San Benito lo nombrara Abad de un monasterio que se inauguraba en la ciudad de Glanfeuil.

   Murió el 15 de Enero de unas fiebres reumáticas, por eso el pueblo cristiano lo tiene como abogoso intercesor ante la misericordia y bondad de Dios, en todo tipo de enfermedades reumáticas.

11 ene. 2020

Evangelio día 12: Domingo de El Bautismo del Señor- Ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,13-17):

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mt (3,13-17)

EXPERIENCIA PERSONAL

El encuentro con Juan Bautista fue para Jesús una experiencia que dio un giro a su vida. Después del bautismo del Jordán, Jesús no vuelve ya a su trabajo de Nazaret; tampoco se adhiere al movimiento del Bautista. Su vida se centra ahora en un único objetivo: gritar a todos la Buena Noticia de un Dios que quiere salvar al ser humano.
Pero lo que transforma la trayectoria de Jesús no son las palabras que escucha de labios del Bautista ni el rito purificador del bautismo. Jesús vive algo más profundo. Se siente inundado por el Espíritu del Padre. Se reconoce a sí mismo como Hijo de Dios. Su vida consistirá en adelante en irradiar y contagiar ese amor insondable de un Dios Padre.
Esta experiencia de Jesús encierra también un significado para nosotros. La fe es un itinerario personal que cada uno hemos de recorrer. Es muy importante, sin duda, lo que hemos escuchado desde niños a nuestros padres y educadores. Es importante lo que oímos a sacerdotes y predicadores. Pero, al final, siempre hemos de hacernos una pregunta: ¿en quién creo yo? ¿Creo en Dios o creo en aquellos que me hablan acerca de él?
No hemos de olvidar que la fe es siempre una experiencia personal que no puede ser reemplazada por la obediencia ciega a lo que nos dicen otros. Desde fuera nos pueden orientar hacia la fe, pero soy yo mismo quien he de abrirme a Dios de manera confiada.
Somos sus hijos amados
Por eso, la fe no consiste tampoco en aceptar, sin más, un determinado conjunto de fórmulas. Ser creyente no depende primordialmente del contenido doctrinal que se recoge en un catecismo. Todo eso es muy importante, sin duda, para configurar nuestra visión cristiana de la existencia. Pero, antes que eso y dando sentido a todo eso está ese dinamismo interior que, desde dentro, nos lleva a amar, confiar y esperar siempre en el Dios revelado en Jesucristo.
La fe no es tampoco un capital que recibimos en el bautismo y del que luego podemos disponer tranquilamente. No es algo adquirido en propiedad para siempre. Ser creyente es vivir permanentemente a la escucha del Dios encarnado en Jesús, aprendiendo a vivir día a día de manera más plena y liberada.
Esta fe no está hecha solo de certezas. A lo largo de la vida, el creyente vive muchas veces en la oscuridad. Como decía aquel gran teólogo que fue Romano Guardini, «fe es tener suficiente luz como para soportar las oscuridades». La fe está hecha, sobre todo, de fidelidad. El verdadero creyente sabe creer en la oscuridad lo que ha visto en momentos de luz. Siempre sigue buscando a ese Dios que está más allá de todas nuestras fórmulas claras u oscuras. El P. de Lubac escribía que «las ideas que nosotros nos hacemos de Dios son como las olas del mar, sobre las cuales el nadador se apoya para superarlas». Lo decisivo es la fidelidad al Dios que se nos va manifestando en su Hijo Jesucristo.

10 ene. 2020

"QUE DIOS OS BENDIGA Y OS CONCEDA SU PAZ"


Descubre cada día a tenrura de Deus: Serás feliz e farás feliz a todos os demais.        


















“Ti es o meu Fillo, o amado;
En ti me comprazo”.
(Lucas 3,22)








La Biblia que es una original biblioteca de libros que constituyen el libro sagrado de los cristianos, recoge en uno de ellos llamado el libro de los números, una especial bendición que “Yavhé”, el Dios de Israel, dio a Moisés para bendecir a los hijos de su pueblo en el valle del Monte Sinaí.
            Con esta bendición también nosotros, desde aquí, queremos pedirle a nuestro Dios, el buen Dios de Jesucristo que bendiga a todos y cada uno de los vilanoveses en el recién estrenado año 2020 y haga que permanezca para siempre esta su dulce bendición en todos sus corazones. Así podamos personal y comunitariamente alabar y bendecir el nombre de Dios y al mismo tiempo lograr que todo nos vaya bien y progresemos material y espiritualmente en nuestras vidas.
            Transcribimos a continuación la bendición de Números capitulo VI, versículos del 24-26:

“El Señor te bendiga y te proteja,
Ilumine su rostro sobre ti
Y te conceda su favor.
El Señor te muestre su rostro
Y te conceda la paz”.


            Pedimos al Señor que esta bendición llegue a todos nuestros niños y niñas, preadolescentes, jóvenes y adultos de nuestra comunidad vilanovesa.  Que haga descender su paz sobre todo corazón de hombre y mujer y sobre todos los hogares de nuestro pueblo. Pero pedimos sobre todo que haga llegar el don de la salud a todos nuestros enfermos y ancianos y conceda a nuestros seres queridos ya fallecidos la paz y la felicidad eternas.


Testimonio

Valentía

No soy muy de series de TV, sin embargo últimamente he visto algunos capítulos de una de las series juveniles de moda. Varias cosas me han llamado la atención, pues percibo cierta tendencia a normalizar situaciones y conflictos que, si bien son reales y no tenemos que ir muy lejos para oír o conocer casos semejantes, no se dan de manera tan cotidiana y frecuente.

Con todo ello, lo que más me ha llamado la atención es la falta de valentía de los personajes: para decir la verdad, para ser responsable de los propios actos, para ser uno mismo aunque no «encaje» dentro del grupo al que quiero pertenecer, para ser fiel, para cumplir una promesa, para conversar de lo que se vive con los padres, etc.
Me lleva a pensar si no será que la propia ficción es reflejo de la sociedad en la que vivimos y de cómo tantas veces se nos escapa que amar exige valentía. ¡¡¡Claro!!! Si el amor es un mero sentimiento, si no es más que el enamoramiento o las mariposas en el estómago que me nacen al descubrir algo o a alguien, entonces necesariamente este amor no necesita de valentía para nada. Pero si entendemos que el que no es capaz de apostar y de arriesgar por aquello que ama es que no lo ama en absoluto, inevitablemente el ejercicio de amar pide valentía. Y no me refiero a ningún gesto heroico adolescente que busca dramáticamente llamar la atención. Ya decía santo Tomás que la valentía está entre la temeridad y la cobardía. Me refiero a que para hacer lo correcto o para buscar el bien del otro suele hacer falta un acto de valentía frente a lo fácil o conveniente.
El amor da sentido a la vida, pero sabemos que aquello en lo que se encarna el amor –todo lo que nos dignifica, toda vocación, toda pasión…– está cuesta arriba y supone dificultades. Por eso todo acto de amor conlleva un riesgo, un apostar por algo sin seguridades y sabiendo que uno se expone al fracaso. Ahora que lo pienso… ¡¡¡No, no es verdad que esa serie sea reflejo de nuestro mundo!!! Porque me vienen ahora a la mente muchos momentos de gran valentía de personas que se atreven a amar la vida, o que siguen adelante en sus tareas cuando las probabilidades están en su contra, o que hacen lo correcto moralmente aunque tienen las de perder…
Me nace una sonrisa y me recarga de coraje el pensar en actos de valentía de conocidos y amigos: como esas dos religiosas que hace unos meses hacían sus votos perpetuos a pesar de no saber ni a qué se dedicarían ni en dónde; como aquella amiga que tras un terrible accidente y a pesar de los dolores diarios sigue remando para vivir en plenitud; como esos deportistas que cada día van a entrenar en el frío de la noche después de trabajar todo el día; como aquella niña que apostó por no abortar a pesar del poco apoyo familiar que tenía; como esos amigos que siguen unidos y animando fiestas con su música sin miedo a que les llamen mediocres; como tantos jóvenes que se atreven a decir en la universidad que sí que son creyentes y que para ellos Jesús es importante; como aquella artista que por amor a la literatura sigue escribiendo poesías sin que nadie las lea; como aquella pareja que se casó con un «sí» consciente de que se acercarían tormentas que tendrían que afrontar juntos; como tantos migrantes que dejan su tierra y hogar en busca de una vida sin violencias y más digna; como tantos misioneros que se sientan a la mesa de los más pobres para dejarse evangelizar…
Gracias a tantos y tantas que vencéis los miedos porque, sin duda, la valentía de vuestro amor es la gasolina que mueve el mundo.

3 ene. 2020

Evangelio día 5: Domingo II de Navidad - Ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos


"Jesús es la palabra de Dios"

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (1,1-18)

EL ROSTRO HUMANO DE DIOS

El cuarto evangelio comienza con un prólogo muy especial. Es una especie de himno que, desde los primeros siglos, ayudó decisivamente a los cristianos a ahondar en el misterio encerrado en Jesús. Si lo escuchamos con fe sencilla, también hoy nos puede ayudar a creer en Jesús de manera más profunda. Solo nos detenemos en algunas afirmaciones centrales.
«La Palabra de Dios se ha hecho carne». Dios no es mudo. No ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios se nos ha querido comunicar. Ha querido hablarnos, decirnos su amor, explicarnos su proyecto. Jesús es sencillamente el Proyecto de Dios hecho carne.
Pero Dios no se nos ha comunicado por medio de conceptos y doctrinas sublimes que solo pueden entender los doctos. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.
Esta Palabra de Dios «ha acampado entre nosotros». Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho «carne». Habita entre nosotros. Para encontrarnos con él no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús. Para conocerlo no hay que estudiar teología, sino sintonizar con Jesús, comulgar con él.
"JESÚS, ES LA PALABRA DE DIOS"
Para colorear
«A Dios nadie lo ha visto jamás». Los profetas, los sacerdotes, los maestros de la ley hablaban mucho de Dios, pero ninguno había visto su rostro. Lo mismo sucede hoy entre nosotros: en la Iglesia hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Solo Jesús, «el Hijo de Dios, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».
No lo hemos de olvidar. Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo él es la fuente para acercarnos a su Misterio. Cuántas ideas raquíticas y poco humanas de Dios hemos de desaprender para dejarnos atraer y seducir por ese Dios que se nos revela en Jesús.
Cómo cambia todo cuando captamos por fin que Jesús es el rostro humano de Dios. Todo se hace más sencillo y más claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. En él se nos revela «la gracia y la verdad» de Dios.

¿Por qué sufrimos?

2 ene. 2020

Video del Papa- Enero 2020- La paz en el mundo


EN EL MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 53 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ QUE SE CELEBRÓ ESTE 1 DE ENERO DE 2020, NOS LANZA EL RETO A SER HOMBRES Y MUJERES DE PAZ:

 “LA PAZ COMO CAMINO DE ESPERANZA:
 DIÁLOGO, RECONCILIACIÓN Y 
CONVERSIÓN ECOLÓGICA”

 El papa Francisco nos dice La paz, camino de esperanza ante los obstáculos y las pruebas… La paz, camino de escucha basado en la memoria, en la solidaridad y en la fraternidad… La paz, camino de reconciliación en la comunión fraterna… La paz, camino de conversión ecológica…
 Se alcanza tanto cuanto se espera.



Ninguna religión incita a la guerra, ni al odio o la violencia. Al contrario, nos invitan a defender los valores de la paz y de la fraternidad humana. En cambio, el diálogo y la comprensión entre los seres humanos sí forman parte esencial de sus enseñanzas. Sigámoslas. “En un mundo dividido y fragmentado, quiero invitar a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes y también entre todas las personas de buena voluntad. Nuestra fe nos lleva a difundir los valores de la paz, de la convivencia, del bien común. Recemos para que los cristianos, los que siguen otras religiones y las personas de buena voluntad promuevan juntamente la paz y la justicia en el mundo. Gracias.” El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

Si quieres ver más videos sobre las intenciones del Papa los encontrarás en https://www.elvideodelpapa.org/ Con la colaboración de Vatican Media: https://www.vaticannews.va/es.html

Pregúntale a tu cuerpo cómo fue el año





Las conversaciones de este tiempo muchas veces nos traen la pregunta: ¿y qué tal tu año? Y sí, siempre que llega el cierre del año tendemos interiormente a hacer balances. En principio, podríamos decir que es natural porque los ciclos, al terminar, nos dicen cosas importantes. Pero también es cierto que, mientras más conscientes nos hagamos de lo que vivimos, más podremos percibir por dónde ha ido nuestro crecimiento y, sobre todo, qué es lo que más tenemos que agradecerle a la vida.

Intuyo que nuestro cuerpo puede ser un símbolo oportuno para hacernos algunas preguntas que ayuden a recoger los frutos de lo vivido.

Te invito a tomarte unos minutos en un lugar silencioso, respirar profundo, sentirte cerca de tu interioridad y repasar tu cuerpo de abajo hacia arriba acompasando estas preguntas…


Mira tus pies: ¿qué caminos he recorrido? ¿Por dónde anduvieron? ¿Qué les ha tocado transitar? ¿A quién siguieron mis pasos? ¿Qué otros pies han caminado con ellos y me gustaría agradecerles su compañía?


Toca tus rodillas: ¿ante qué misterio se han hincado? ¿qué situaciones de este año me han hecho rezar, pedir a Dios, acercarme más a mi pequeñez? ¿Cuáles han sido mis ruegos? ¿Qué personas de mi vida agradezco?


Percibe tu genitalidad: ¿qué se ha hecho fecundo este año? ¿Dónde he percibido más vida? ¿Con qué me he apasionado?


Siente tu columna vertebral: ¿qué me ha sostenido en pie este año?


Pon tu mano en tu estómago: ¿qué me ha nutrido? ¿Qué he tenido que digerir?


Toca el movimiento de tu corazón
: ¿por quiénes ha latido incansable? ¿A quiénes amó o por quiénes se dejó amar?


Reconoce tus manos: ¿qué dieron y qué recibieron este año? ¿Cuándo fueron mano tendida o puño cerrado? ¿Cómo trabajaron?


Piensa en tus sentidos: ¿qué descubrieron mis ojos? ¿Qué palabras oportunas escuché? ¿Qué ha sido lo más gustoso de este año? ¿Qué ha perfumando mi vida? ¿Cuál ha sido la textura de mi año?


Toca tu cabeza y piensa: !¿No es maravilloso tener vida?!

Por último, utiliza tu voz para dar gracias a la Vida, a ti, a Dios y a quienes sientas que han sido parte fundamental de este año.