22 mar. 2019

Evangelio día 24: Domingo III de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9):

"Jesús, el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido"
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”.»
Palabra del Señor





Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (13,1-9)

ANTES DE QUE SEA TARDE

Había pasado ya bastante tiempo desde que Jesús se había presentado en su pueblo de Nazaret como Profeta, enviado por el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.
Pero es realista. Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: «Convertíos y creed en esta Buena Noticia». Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.
Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al «Reino de Dios». Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.
En alguna ocasión cuenta una pequeña parábola. El propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla.
Para colorear
Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no quiere verla morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, para ver si dar fruto.
El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, «el que ha venido buscar y salvar lo que estaba perdido».
Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, promover el «aggiornamento» o cuidar la adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversación en un nivel más profundo, un «corazón nuevo», una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.
Hemos de reaccionar antes de que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de nuestras comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.
Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta ahora consolidar en la Iglesia.

Morir de polución

  Por Álvaro Lobo, sj
Según un estudio reciente la contaminación causa más de 800.000 muertes al año en Europa. Un dato que no significa que sean muertes directas como los accidentes de tráfico, la violencia o los suicidios, sino que la polución ambiental se convierte en un factor agravante que precipita determinadas enfermedades que en entornos más limpios no tendrían tanto impacto. Males como el cáncer, las afecciones cardiovasculares o los patologías respiratorias entre otras se ven agravadas por este problema que empieza a manchar los atardeceres de nuestras ciudades y a colapsar nuestros hospitales.
Resulta curioso cómo a pesar de la gran incidencia social, las evidencias científicas y los costes que suponen nos cuesta mucho reconocer. Las medidas que se toman son siempre controvertidas y tienen más de parches que de soluciones eficaces. Sin embargo, para leer ciertos datos se requiere un poco de audacia. Una investigación científica es buena no solo por el rigor, sino por relacionar datos aparentemente alejados. Algo parecido pasa en la política, pues los que marcan la diferencia muchas veces son los que tienen grandes horizontes y no se quedan en una mirada cortoplacista. Somos extremadamente precisos para escudriñar ciertos datos, pero nos volvemos miopes a la hora de mirar con perspectiva y hacernos conscientes de lo que supone ignorar este asunto.
La urgencia del medio ambiente no es una manía de la izquierda ni de los ecologistas de turno, tampoco es una cabezonería del papa –ojo, desgraciadamente hay mucha gente que lo piensa– ni una moda de los jóvenes europeos para no ir a clase. El cuidado del planeta es uno de los grandes retos del siglo XXI y basta con observar los termómetros para darse cuenta. Los problemas de salud comunitaria no son más que el enésimo indicador de que algo va mal. Podemos curar dolencias y poner parches ecológicos, pero hasta que no vayamos a las causas nunca curaremos las enfermedades personales y medioambientales. Ojalá como sociedad tengamos la audacia para tomar medidas reales y la valentía para cuestionarnos las veces que haga falta cómo estamos viviendo.

https://pastoralsj.org

21 mar. 2019

Cariño infinito a su hermana con síndrome de Down

DOWN

Por Dolors Massot 

El vídeo de una familia española emociona en Youtube.

La sencillez a veces puede ser como un rayo que atraviesa el corazón. Así es como se sienten muchos al ver y escuchar a Ana, una niña de 7 años con síndrome de Down.
En 5 minutos Ana nos ha presentado a sus hermanos y se muestra como es: una “mujercita” (con su estampado Liberty y su chaquetita corta) que crece arropada por el cariño de todos. La autoestima no le falta: “Soy inteligente, divertida y feliz”.
Ana sorprende porque domina el español y el inglés, y hace sus pinitos con el francés. Pertenece a la familia española Pereda Rodríguez, hoy afincada en el Reino Unido.

El amor, en el centro de la familia

Pero, por encima de todo, el vídeo es una muestra de por qué lo niños con síndrome de Down son tan queridos. Sus hermanos lo explican: Ana les da amor. En las familias, a nadie se ama por los idiomas que sabe o por los másters que ha conseguido: se le ama porque es hermano, sin esperar nada más, y se le ama como es: bajito, alto, gordete, patoso, superdotado o Down. Nadie es mejor que nadie.
Se nota que todos se vuelcan en esta hermana, seguramente porque es la que más lo necesita. Pero, sin que nadie se lo haya pedido, Ana da mucho y contribuye a que el clima familiar sea extraordinario.
El próximo día 21 de marzo es el Día Mundial del Síndrome de Down. Es un día especialmente indicado para impulsar las iniciativas en favor de la inclusión de estas personas. Educación, oportunidades de trabajo, derechos, salud… En cada país hay asociaciones que promueven acciones legislativas y todo es poco para apoyarlas. Dar visibilidad a esta situación compartiendo un vídeo tan sencillo como este ya es abrir puertas a un futuro mejor. Para ellos y para todos.



AÑO de ACCIÓN de GRACIAS dedicado a PAULA FRASSINETTI



 Hace 210 años nació Paula en Génova y con tal motivo la Congregación ha declarado 2019 como un año de Acción de Gracias.
Para celebrarlo, Paula nos visitará haciéndose presente a través de uno de sus pensamientos.


http://doroteas.es/

15 mar. 2019

Amor “asimétrico”

Tienen los cristianos a menudo una idea de Dios que no es la que Jesús vivió y propuso con entusiasmo. En realidad muchos piensan todavía en un Dios “simétrico” a ellos, o sea, en un Dios que ama a quien es bueno y detesta a quien es malo, o que excluye de su amor a quien le ofende. Todavía no han superado cierta fase de la revelación del rostro de Dios, una fase que Jesús superó ampliamente. Para El Dios –su Padre y nuestro Padre- es el “Dios bueno con los desagradecidos y los perversos”,“que hace salir su sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos”. 

El amor verdadero es un amor “asimétrico”, que quiere siempre y de una manera incondicionada el bien de la persona amada. En esto consiste la misericordia.