17 nov. 2019

Jornada mundial por los pobres


"El Padrenuestro es una oración que se realiza en plural" 

15 nov. 2019

EVANGELIO día 17: Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario




      Evangelio según San Lucas, 25,5-19

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:

       "De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".

        Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
          Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
        Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".                             Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
       Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo."
        Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
         Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
     Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
     Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
     Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
     Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Palabra del Señor.



PARA TIEMPOS DIFÍCILES

Tendréis ocasión de dar testimonio.

Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.
Llamada al realismo
En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.
No a la ingenuidad
En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Estas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.
Centrarnos en lo esencial
Para colorear
Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»… Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.
La hora del testimonio
Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.
Paciencia
Esta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como «paciencia» o «perseverancia». Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.

José Antonio Pagola

11 nov. 2019

Mensajes de Paula para noviembre



El vídeo del Papa para el mes de noviembre 2019


En Oriente Próximo, como en todo el mundo, es necesario hablar el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo. Aunque a veces no resulte fácil, vale la pena hacerlo. Por eso el Papa Francisco nos anima a que nos convirtamos todos en hombres y mujeres de reconciliación.
“En Oriente Próximo la convivencia y el diálogo entre las tres religiones monoteístas se basa en lazos espirituales e históricos.
De estas tierras nos llegó la buena noticia de Jesús, resucitado por amor.
Recemos para que en el Oriente Próximo. donde los diferentes componentes religiosos comparten el mismo espacio de vida, nazca un espíritu de diálogo, de encuentro y de reconciliación.”
Hoy, muchas comunidades cristianas, junto a otras judías y musulmanas, trabajan aquí por la paz, la reconciliación y el perdón.
El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.

Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) https://www.popesprayer.va/es/


El valor de la señal de la cruz

https://es.aleteia.org/

Si supieras la importancia de esta oración, te garantizo que la pondrías más en práctica

Por la señal de la Santa Cruz
de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro...
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

¿Cuando te despiertas, te haces la “señal de la Cruz”? ¿Y antes de comer? ¿Y cuando te vas a dormir? ¿Al menos una vez al día? Si supieras la importancia de esta oración, te garantizo que la pondrías más en práctica.
Muchas personas, al no entender la importancia de esa oración, la hacen de forma displicente, haciendo apenas el gesto, sin la efectiva invocación a la Santísima Trinidad.

La “señal de la Cruz” no es un gesto ritualista, sino una verdadera y poderosa oración. Es la señal de los cristianos. Por medio de ella muchos santos invocaban la protección del Altísimo, a través de ella pedimos a Dios que, por los méritos de la Santa Cruz de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Él nos libre de nuestros enemigos, y de todas las trampas del mal, que atentan contra nuestra salud física y espiritual.
Pero ¿sabes hacer “la señal de la Cruz”?
De forma solemne, sin prisa, y con la mayor devoción y respeto:
Por la señal de la Santa Cruz (en la cabeza): pedimos a Dios que nos dé buenos pensamientos, nobles y puros. Y que Él aleje de nosotros los pensamientos malos, que sólo nos causan mal.
De nuestros enemigos (sobre la boca): pedimos a Dios que de nuestros labios sólo salgan alabanzas. Que nuestro hablar sea siempre para la edificación del Reino de Dios y para el bienestar del prójimo.
Líbranos Señor, Dios nuestro (sobre el corazón): para que en nuestro corazón sólo reine el amor a la ley del Señor, alejándonos de todos los malos sentimientos, como el odio, la avaricia, la lujuria… Haciéndonos verdaderos adoradores.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén – Es el acto liberador y debe ser realizado con la mayor reverencia, consciencia, fe y amor, pues expresa nuestra fe en el Misterio de la Santísima Trinidad, núcleo de nuestra fe cristiana, Dios en sí mismo. Debe hacerse con la mano derecha, llevándola de la cabeza a la barriga, y del hombro izquierdo al derecho.
Ahora que sabes la importancia de la “señal de la Cruz”, hazla antes de salir de casa, antes de cualquier trabajo, en los momentos difíciles y en los momentos de alegría también.
Hazla sobre ti y, siempre que sea posible, en la cabeza de tu hijo, de tu esposo, de tu esposa, de tu hermano, de tu sobrino,…
Pide a Dios, siempre, que Él te libre y a los tuyos, de todos los males, con el objetivo de hacerlo todo -despertar, comer, estudiar, trabajar, dormir, viajar…- en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.

Mirar el muro

        
         El 9 de noviembre se cumplieron 30 años de la caída del Muro de Berlín. Y de vez en cuando hay que volver a mirar ese muro. Mirar el muro, pero no para decir que has estado en Berlín o para dar vida a Instagram en tiempo de exámenes. Treinta años después, mirar el muro es un ejercicio terapéutico que deberíamos hacer todos los europeos y cualquier ciudadano al que le duela un mundo roto, porque más que un símbolo, es una cicatriz.
         Mirar el muro y descubrir que ha habido miles de personas que se han dejado la juventud e incluso la vida por cruzar fronteras. Mirar el muro es repasar las consecuencias que tiene dar pábulo al odio y al resentimiento. Mirar el muro para aceptar que se puede hacer las cosas de forma pacífica y que el diálogo es la única solución. Mirar el muro para recordar qué pasa cuando la ideología –sea del signo que sea– está por encima de las personas y que cada vez más necesitamos una política sana, honesta y ejemplar. Mirar el muro y ver que en Occidente sigue habiendo muchas heridas que sanar.
         Treinta años después el muro de Berlín se ha convertido en un recuerdo del pasado, sin embargo el viejo continente vuelve a luchar con los mismos fantasmas que le llevaron a blindar fronteras para separar personas. Después de varios siglos y millones de muertos costó mucho llegar al entendimiento y la construcción de una Europa donde poder convivir en paz y en libertad. Ojalá esta generación, y también las que vengan, contribuya a seguir derribando muros y a hacer de este gran lugar un proyecto de entendimiento y solidaridad entre pueblos y personas.

9 nov. 2019

Evangelio día 10: Domingo XXXII del tiempo ordinario

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano . Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (20,27-38

DECISIÓN DE CADA UNO

Jesús no se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.
Solo cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios «no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos son vivos».
Su fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra, pero Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos suyos a los que tanto ama. No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha acogido en su amor insondable.
El rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza. Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.
Estos tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han abandonado y por el que otros siguen preguntando, ¿no será el fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical en la vida? Al final de todos los caminos, en lo profundo de todos nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios como Misterio último de la salvación que andamos buscando?
La fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya en estos tiempos. ¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer. Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una respuesta lúcida y responsable.
Esta respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que no nos ayuda a vivir? ¿Quiero permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que andamos buscando ya desde ahora?

5 nov. 2019

DEL "SAMAÍN" a LA PROMESA DE LA LUZ

En nuestra cultura, el mes de noviembre, es un mes especialmente señalado para tener un poco más presente "ós nosos difuntiños".

Todos conocemos el dicho popular que afirma: "Ditoso o mes que empeza en todolos santos e termina con San Andrés".

La Iglesia Católica, después de celebrar la solemnidad de todos los santos (1 de noviembre), celebra la conmemoración de todos los fieles difuntos al día siguiente (2 de noviembre).

La muerte, triste realidad unida a la existencia humana, provoca en todos nosotros una serie de interrogantes que piden alguna respuesta. A   continuación formulamos unos interrogantes con la sola pretensión de evitar al lector a una reflexión personal:

  • Siendo la muerte un hecho permanente e incuestionable en la sociedad humana ¿Por qué se intenta hacer de la muerte un tabú o reducirla tan solo a un acontecimiento privado, familiar...?

  • ¿Por qué en torno a la conmemoración de los fieles difuntos la sociedad "vanaliza o carnavaliza" la realidad de la muerte manteniendo la idea pagana del Samaín?

  • O también, ¿se debe hablar de la muerte y educar de un modo pedagógico adecuado, progresivo, claro... para que todos se capaciten de cara a afrontar esta realidad de la muerte de un modo sereno y esperanzador?

  • Pero sobre todo, ¿Hay alguna respuesta para el más allá de la muerte?
       Los cristianos tenemos una respuesta clara y contundente a este misterioso interrogante:  Es la persona de Cristo "que muere, pero resucita de entre los muertos" para que también nosotros pasando por su muerte un día podamos participar de la vida del resucitado.

        Así surge de todo esto un nuevo e importante que formulamos a continuación: ¿Que reflexión harías al mensaje de Jesucristo que dice "quien guarde mi palabra tendrá vida eterna..." (Jn. 8, 51)?

              Concluimos, pues, que la muerte que nos acompaña constantemente y que tristemente nos visita todos los días, debe ser una realidad para verla con serenidad y esperanza.
              

De la muerte
a
 la vida

3 nov. 2019

Conozcamos los artículos de LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

 Artículo 30

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.


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El video del Papa para octubre de 2019




El Papa Francisco ha convocado un Mes Misionero Extraordinario con el que quiere recordarnos que vivimos en estado permanente de misión.
Todo bautizado y bautizada es una misión. Una Misión que no es hacer proselitismo, sino ofrecer la salvación cristiana respetando la libertad de cada uno.
“Hoy, es necesario un nuevo impulso en la actividad misionera de la Iglesia para afrontar el desafío de anunciar a Jesús muerto y resucitado.
Y recordar que el corazón de la misión de la Iglesia es la oración.
Llegar a las periferias, a los ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio: en esto consiste lo que llamamos "missio ad gentes".

El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.
Este Mes Misionero Extraordinario recemos para que el Espíritu Santo suscite una nueva primavera misionera para todos los bautizados y enviados por la Iglesia de Cristo.”

Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) https://www.popesprayer.va/es/

Si quieres ver más videos sobre las intenciones del Papa los encontrarás en http://www.elvideodelpapa.org/

Para toda la vida




Puede que a ti también te pase, pero cuando voy a una boda y oigo la expresión para toda la vida me recorre un ligero escalofrío. Algo parecido me pasa cuando pienso que mis votos de jesuita -pobreza, castidad y obediencia- también son para toda la vida. Y es que en el mundo que vivimos el concepto “para siempre” se reduce a un rato, y el “toda la vida” puede durar tan solo un instante.


“Toda la vida” agobia porque no sabemos si seremos capaces de sacar siempre el lado bueno de las cosas, si las personas -y nosotros mismos- cambiaremos con los años, si el amor es pasajero, si la suerte durará o lo que hoy parece sólido en un tiempo no lo será. El futuro es incierto y nosotros no sabemos cómo será el mañana. Decir que el compromiso asusta se queda corto.



¿Pero por qué no dar la vuelta a todo esto? Es cierto que la vida conlleva una parte de fracaso seguro, pero también mucho de esperanza y plenitud. La pasión por cambiar el mundo puede durar “toda la vida”. La felicidad que uno siente al darse a los demás en una experiencia de verano puede reencontrarse una y otra vez -incluso cada día-. El sentido de la vida y una promesa de amor también pueden ser para siempre. Qué decir de los amigos, los sueños compartidos y el deseo de sacar nuestra mejor versión. Y sobre todo, la amistad de un Jesús que nos invita a seguirle y a apostarlo todo por él.



Comprometerse en serio da miedo, pensar que algo es para siempre impresiona -y mucho- y el “toda la vida” puede parecer un lema de otro tiempo, pero pensar solo en el futuro inmediato, creer que nuestra vida solo puede ser de una manera o no arriesgar por miedo a perder puede convertirse en un laberinto sin salida donde ninguna opción nos ayuda a avanzar. En medio de este agobio la solución no es tirar de testosterona, ni de darse golpes contra la pared calculando cada milímetro, tampoco de renunciar al compromiso por miedo a fracasar. Hay una alternativa, la de dar las llaves de nuestro vida a Dios y Jesús, que es bueno, hará de nuestro futuro algo grande. Eso sí, “para toda la vida”.

2 nov. 2019

Evangelio día 3: Domingo XXXI del tiempo ordinario

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (19,1-10
)

PARA JESÚS NO HAY CASOS PERDIDOS

Jesús alerta con frecuencia sobre el riesgo de quedar atrapados por la atracción irresistible del dinero. El deseo insaciable de bienestar material puede echar a perder la vida de una persona. No hace falta ser muy rico. Quien vive esclavo del dinero termina encerrado en sí mismo. Los demás no cuentan. Según Jesús, «donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón».
Esta visión del peligro deshumanizador del dinero no es un recurso del Profeta indignado de Galilea. Diferentes estudios analizan el poder del dinero como una fuerza ligada a pulsiones profundas de autoprotección, búsqueda de seguridad y miedo a la caducidad de nuestra existencia.
Para Jesús, la atracción del dinero no es una especie de enfermedad incurable. Es posible liberarse de su esclavitud y empezar una vida más sana. El rico no es «un caso perdido». Es muy esclarecedor el relato de Lucas sobre el encuentro de Jesús con un hombre rico de Jericó.
Al atravesar la ciudad, Jesús se encuentra con una escena curiosa. Un hombre de pequeña estatura ha subido a una higuera para poder verlo de cerca. No es un desconocido. Se trata de un rico, poderoso jefe de recaudadores. Para la gente de Jericó, un ser despreciable, un recaudador corrupto y sin escrúpulos. Para los sectores religiosos, «un pecador» sin conversión posible, excluido de toda salvación.
Sin embargo, Jesús le hace una propuesta sorprendente: «Zaqueo, baja en seguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Jesús quiere ser acogido en su casa de pecador, en el mundo de dinero y de poder de este hombre despreciado por todos. Zaqueo bajó enseguida y lo recibió con alegría. No tiene miedo de dejar entrar en su vida al defensor de los pobres.
Lucas no explica lo que sucedió en aquella casa. Solo dice que el contacto con Jesús transforma radicalmente al rico Zaqueo. Su compromiso es firme. En adelante pensará en los pobres: compartirá con ellos sus bienes. Recordará también a las víctimas de las que ha abusado: les devolverá con creces lo robado. Jesús ha introducido en su vida justicia y amor solidario.
El relato concluye con unas palabras admirables de Jesús: «Hoy ha entrado la salvación en esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». También los ricos se pueden convertir. Con Jesús todo es posible. No lo hemos de olvidar nadie. Él ha venido para buscar y salvar lo que nosotros podemos estar echando a perder. Para Jesús no hay casos perdidos.

RECORDANDO A NUESTROS DIFUNTOS



         El jueves 31 de Octubre hemos comenzado el solemne novenario (9 días de intensa oración), por nuestros fieles difuntos, con la participación de toda la comunidad parroquial respondiendo y cantando en la liturgia, con la presidencia y predicación en las Eucaristías del padre Elpidio Ruíz Herrero, sacerdote de Palencia y miembro de un equipo de poetas palentinos...

             Después del rezo del Rosario para pedir por ellos al Señor, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, CELEBRAMOS LA EUCARISTÍA o SANTA MISA para avivar nuestra comunión con todos los fieles difuntos y pedir para todos ellos la paz y el descanso eterno.

               El  sábado día 9 a las 16:30 horas, tendremos el ACTO DE ÁNIMAS por los difuntos de la parroquia y a continuación la procesión "silencio-oración" al cementerio parroquial para hacer las oraciones recomendadas por la Iglesia para estos casos.

Conmemoración de los Fieles Difuntos



Para el mes de los difuntos

No se retiran de mi pensamiento
los que fueron razón de mi existencia.
Ni se fueron carentes de la esencia
del amor, que me dieron de alimento.

Los difuntos son grano duro y lento
para el diente dolido de la ciencia.
Pero blando a la luz de la conciencia
de aquellos que quedamos con el viento.

Los difuntos esperan cada día
la mano silenciosa del recuerdo
y el espacio pulido entre las olas.

Los difuntos esperan la osadía
y la sabia virtud del lado izquierdo,
donde tienen lugar las amapolas.

Elpidio Ruíz Herrero
Noviembre 2019

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31 oct. 2019

Solemnidad de TODOS LOS SANTOS



Creo, mi Dios, que estás en tres Personas
distintas y a la vez cauce divino,
por donde el Sol encuentra su destino
y pone en sus laureles las coronas.

Creo, Señor que Tú nos rescataste.
Que el único bautismo está en tu senda.
Que te haces, para el Padre, limpia ofrenda.
Que la Iglesia Católica fundaste.

Que a todos los que marca tu bautismo
eliges como herencia y santificas, 
para que tengan sitio en tu morada.

Peregrinamos juntos por el mismo
sendero que en amor Tú nos indicas,
guiados por la luz de tu mirada.

Elpídio Ruíz Herrero.

26 oct. 2019

Evangelio día 27: Domingo XXX del tiempo ordinario

Evangelio por Odres Nuevos


"El Dios que desciende y se hace pequeño, solo es encontrado por los humildes".

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (18,9-14
)

¿QUIÉN SOY YO PARA JUZGAR?

La parábola del fariseo y el publicano suele despertar en no pocos cristianos un rechazo grande hacia el fariseo que se presenta ante Dios arrogante y seguro de sí mismo, y una simpatía espontánea hacia el publicano que reconoce humildemente su pecado. Paradójicamente, el relato puede despertar en nosotros este sentimiento: «Te doy gracias, Dios mío, porque no soy como este fariseo».
Para escuchar correctamente el mensaje de la parábola, hemos de tener en cuenta que Jesús no la cuenta para criticar a los sectores fariseos, sino para sacudir la conciencia de «algunos que presumían de ser hombres de bien y despreciaban a los demás». Entre estos nos encontramos, ciertamente, no pocos católicos de nuestros días.
La oración del fariseo nos revela su actitud interior: «¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás». ¿Qué clase de oración es esta de creerse mejor que los demás? Hasta un fariseo, fiel cumplidor de la Ley, puede vivir en una actitud pervertida. Este hombre se siente justo ante Dios y, precisamente por eso, se convierte en juez que desprecia y condena a los que no son como él.
El publicano, por el contrario, solo acierta a decir: «¡Oh Dios! Ten compasión de este pecador». Este hombre reconoce humildemente su pecado. No se puede gloriar de su vida. Se encomienda a la compasión de Dios. No se compara con nadie. No juzga a los demás. Vive en verdad ante sí mismo y ante Dios.
La parábola es una penetrante crítica que desenmascara una actitud religiosa engañosa, que nos permite vivir seguros de nuestra inocencia, mientras condenamos desde nuestra supuesta superioridad moral a todo el que no piensa o actúa como nosotros.
Circunstancias históricas y corrientes triunfalistas alejadas del evangelio nos han hecho a los católicos especialmente proclives a esa tentación. Por eso, hemos de leer la parábola cada uno en actitud autocrítica: ¿Por qué nos creemos mejores que los agnósticos? ¿Por qué nos sentimos más cerca de Dios que los no practicantes? ¿Qué hay en el fondo de ciertas oraciones por la conversión de los pecadores? ¿Qué es reparar los pecados de los demás sin vivir convirtiéndonos a Dios?
En cierta ocasión, ante la pregunta de un periodista, el papa Francisco hizo esta afirmación: «¿Quién soy yo para juzgar a un gay?». Sus palabras han sorprendido a casi todos. Al parecer, nadie se esperaba una respuesta tan sencilla y evangélica de un papa católico. Sin embargo, esa es la actitud de quien vive en verdad ante Dios.