25 may. 2020

PROGRAMACIONES PARA EL MES DE JUNIO





























Al no tener las acostumbradas actividades litúrgicas en las dos importantes celebraciones litúrgicas en el mes de Junio: Santísimo Sacramento y Sagrado Corazón de Jesús, podríamos realizar los siguientes programas, para que de alguna forma celebremos estas dos solemnidades tan queridas y apreciadas por nuestra comunidad cristiana.


PROGRAMA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

+ TRIDUO: PREPARATORIO
-         Días 11, 12 y 13, hora 20´15  (8 y cuarto)
-         Domingo día 14, hora 12:00  exposición del Santísimo para adoración de los fieles, con una breve reflexión y meditación.
-         Estará la Iglesia abierta para la adoración de todos los fieles al Dios hecho Pan de Vida en la Eucaristía. Se invita a todos los cofrades a participar.
-         Hora 19:30 bendición y reserva.
-         Hora 20:00 Solemne Eucaristía del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Procesión por el interior del templo y bendición a la comunidad desde la puerta del templo.
-         Lunes día 15, hora 21:00 Funeral por los cofrades fallecidos y fieles difuntos.


PROGRAMA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

+TRIDUO PARA PREPARAR LA SOLEMNIDAD.
-         Días 16, 17 y 18, hora 20:15 (8 y cuarto)
-         Día 19, hora 12:00 Celebración de la Palabra, reflexión de la lectura y acto de desagravio. Hora 19:15 rosario y a continuación Eucaristía solemne y consagración al Corazón de Jesús.


Que este cambio obligado para la celebración de estas dos solemnidades, no perjudique para nada una nueva y fortalecida devoción. Hagamos todos el esfuerzo de poder asistir y vivir intensamente los actos litúrgicos arriba programados para la celebración del Santísimo Sacramento y del Corazón de Jesús en este mes de Junio.

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             El domingo día 31 a las 13:00 h.  (1 tarde)
             tendremos la  reunión con todos los padres 
             de los niños de 1ª  Comunión.


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22 may. 2020

Canción: MARÍA MÍRAME (Betsaída)

CATEQUIZIS-13 NUESTRA MADRE DEL CIELO


La madre de Jesús es también nuestra madre del Cielo. Y nos cuida con el amor de las madres buenas. ¡Gracias María! 🥰

Solemnidad a María Auxiliadora


 La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como "Auxiliadora del Pueblo de Dios".

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: "No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia".


Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores  y a través de las diversas obras que llevan entre manos siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.

Evangelio día 24: Domingo VII de Pascua de la Ascensión del Señor

Sube al cielo, y nunca nos deja solos...

Santo evangelio según san Mateo (28,16-20):

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor






EL GRAN SECRETO

Sabed que yo estoy con vosotros.

Jesús no es un difunto. Es alguien vivo que ahora mismo está presente en el corazón de la historia y en nuestras propias vidas.
No hemos de olvidar que ser cristiano no es admirar a un personaje del pasado que con su doctrina puede aportarnos todavía alguna luz sobre el momento presente. Ser cristiano es encontrarse ahora con un Cristo lleno de vida cuyo Espíritu nos hace vivir.
Por eso Mateo no nos ha dejado relato alguno sobre la ascensión de Jesús. Ha preferido que queden grabadas en el corazón de los creyentes estas últimas palabras del resucitado: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Este es el gran secreto que alimenta y sostiene al verdadero creyente: el poder contar con el resucitado como compañero único de existencia.
Día a día, él está con nosotros disipando las angustias de nuestro corazón y recordándonos que Dios es alguien próximo y cercano a cada uno de nosotros.
El está ahí para que no nos dejemos dominar nunca por el mal, la desesperación o la tristeza. El infunde en lo más íntimo de nuestro ser la certeza de que no es la violencia o la crueldad sino el amor, la energía suprema que hace vivir al hombre más allá de la muerte.
El nos contagia la seguridad de que ningún dolor es irrevocable, ningún fracaso es absoluto, ningún pecado imperdonable, ninguna frustración decisiva.
El nos ofrece una esperanza inconmovible en un mundo cuyo horizonte parece cerrarse a todo optimismo ingenuo. El nos descubre el sentido que puede orientar nuestras vidas en medio de una sociedad capaz de ofrecernos medios prodigiosos de vida, sin poder decirnos para qué hemos de vivir.
El nos ayuda a descubrir la verdadera alegría en medio de una civilización que nos proporciona tantas cosas sin poder indicarnos qué es lo que nos puede hacer verdaderamente felices.
En él tenemos la gran seguridad de que el amor triunfará. No nos está permitido el desaliento. No puede haber lugar para la desesperanza. Esta fe no nos dispensa del sufrimiento ni hace que las cosas resulten más fáciles. Pero es el gran secreto que nos hace caminar día a día llenos de vida, de ternura y esperanza. El resucitado está con nosotros.


José Antonio Pagola

El dedo de Dios



“Dexterae Dei dígitus” (del Himno “Veni Creator”)

Todos hemos tenido la oportunidad de contemplar, aunque sea en alguna reproducción, el fresco de la creación del hombre, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina: Dios Padre estirando su brazo derecho y extendiendo su dedo divino hasta casi tocar el dedo de Adán que está reclinado en el suelo y vuelto hacia él. Por un lado, todo es energía y vida; por el otro, todo es inercia, abandono y espera. Es un modo nuevo de representar, en arte, el momento en que, según la Biblia, Dios «sopló» en Adán un hálito de vida, y él, de simulacro inerte de barro, se convirtió en un ser viviente (cfr. Gn 2,7).
Esta imagen es la mejor representación visual que se pueda dar del título «dedo de la diestra de Dios» atribuido al Espíritu Santo. De la imagen del Espíritu como soplo divino pasamos así a la imagen del Espíritu como toque de Dios. En este capítulo vamos a ver cómo hemos llegado a identificar ese dedo extendido de Dios con la persona del Espíritu Santo, pero sobre todo vamos a descubrir que, si queremos, hoy podemos ser nosotros ese Adán débil y «tumbado en el suelo» que estira su dedo esperando recibir de Dios energía y vida.
Hay una profunda intuición teológica en esta imagen del Espíritu como toque de la diestra de Dios. Quiere decir que el Espíritu Santo es el «lugar» donde Dios encuentra a la criatura, donde la Trinidad se extiende fuera de sí misma (ad extra); donde Dios «se sale» de sí mismo para comunicarse al mundo. El Espíritu Santo es aquel que hace posible un cierto «contacto espiritual» con lo divino. Esta idea alcanzará su dimensión más profunda e interior en los místicos, que utilizarán la imagen táctil y afectiva del «toque beatísimo del Espíritu Santo», para indicar una de las maneras más fuertes con las que Dios se comunica al alma. Pero, también de esta forma, procede de la definición bíblica del Espíritu Santo, como «dedo de Dios». Dice un conocido místico:
«El espíritu humano es elevado a la unión con el Espíritu de nuestro Señor y cada uno de los dos espíritus toca al otro con amor... El toque es obra divina, la fuente desbordante de toda gracia v de todo don, y es el último intermediario entre Dios y la criatura».
R. Cantalamessa

El camino de la vida

Hemos aprendido a ver la vida con otra perspectiva

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Hace no mucho leí que los niños chinos suelen desarrollar más problemas de miopía que el resto de los mortales. Y no por el uso descontrolado de pantallas como imaginé en un principio, sino por permanecer en espacios cerrados durante mucho tiempo. No sé qué base científica tendría la noticia, pero en mi caso –y creo que en el de la gran mayoría– mi día a día se ha parecido bastante al de los niños mandarines durante estas últimas semanas.
Y es que pienso que una de las cosas que nos ha enseñado este virus es la necesidad de vernos con perspectiva. No solo por higiene mental o para sospechar del vecino como un posible positivo, más bien para percibir nuestra vida de un modo distinto. Recordar el pasado, agradecer el ahora y soñar el mañana. No sé, en ocasiones tengo la impresión de que nuestra mirada cortoplacista nos lleva a sacar conclusiones precipitadas, porque nos quema la impaciencia y las ganas de vivir y nos topamos con nuestros propios muros. Tener una panorámica deformada nos hace alimentar fantasmas y luchar contra gigantes olvidando las batallas que realmente merecen la pena. Quizás ahora, cuando nos pesa tanto paso del tiempo, la sensación de vacío o el echar de menos, todo hace que reajustemos el enfoque de las cosas y veamos que lo importante es simplemente vida, la de otros y la nuestra propia.
Cuántas veces nos habremos asomado a la ventana pensando qué haremos cuando acabe esta pesadilla, esperando un futuro incierto que no acaba de llegar. Puede que este tiempo de reclusión nos haya facilitado separar lo superficial de lo profundo y lo accesorio de lo imprescindible. En un mundo en el que nos pueden las prisas, conviene recordar que nuestra historia es mucho más que el ahora y que la muerte puede llegar en cualquier momento, que lo único urgente son las personas. Ojalá que cuando esta pandemia termine sigamos buscando nuevas perspectivas como quien otea el horizonte, para contemplarnos de principio a fin y descubrir que por momentos –como algunos niños chinos– no somos capaces de visualizar con nitidez nuestra propia realidad.

Artículo de Álvaro Lobo, sj

16 may. 2020

Evangelio día 17: Domingo VI de Pascua - Ciclo A

Quien se subscribe al Hijo, se subscribe al Padre, y Él descargará de la nube su Espíritu.


Lectura del santo evangelio según san Juan (14,15-21):


EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor


EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.
Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?
Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor... que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.
Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.
Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.
Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.
Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad...
¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”?
¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada?
¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola

Día Internacional de la Convivencia en Paz



16 de Mayo Día Internacional de la Convivencia en Paz

La Organización de las Naciones Unidas declaró el 16 de mayo como el Día Internacional de la Convivencia en Paz. Con este día se pretende promover la tolerancia, la solidaridad, el respeto y la paz a nivel mundial.

Vivir tranquilos y en paz

Seguramente todos hemos tenido algún problema con alguien cercano: le gritamos a mamá, peleamos con nuestro hermano, nos molestamos con un amigo, o con un vecino. Lo mismo ocurre entre países y de estos conflictos no resulta nada bueno. Por el contrario, todos salimos perjudicados.
Muchas veces no ganamos nada con ello y deberíamos centrar nuestros esfuerzos en buscar la manera de vivir tranquilos y en paz.
Pero convivir en paz va más allá de lograr resolver los conflictos. Hace falta que aprendamos a aceptar las diferencias, que respetemos, escuchemos y reconozcamos al otro. Es importante lograr resolver nuestros problemas dialogando y de manera pacífica. De esto se trata convivir en paz.

Un día para la paz



La paz es el principal objetivo de las Naciones Unidas que, después de la devastación de la II Guerra Mundial comenzó a trabajar para librar a las generaciones venideras del horror de la guerra. Para ello, la cooperación internacional para resolver problemas de toda índole, es clave en el éxito de este objetivo. Pero aún estamos lejos de una verdadera convivencia en paz.
Queda claro que para cumplir tal aspiración es necesario eliminar la discriminación e intolerancia en todas sus formas, incluyendo las basadas en la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición.
Convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica y unida. Es un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos.

La oración Subtuum praesidium



La Santísima Virgen María: Oración más antigua a María año 250


























La oración Subtuum praesidium

 Lobel
, experto en papirología de la Universidad de Oxford,  dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto. Como es conocido, el clima extremadamente seco de la mayor parte de Egipto ha hecho que se conserven multitud de fragmentos de papiros antiquísimos, con textos de hace milenios, en griego y en copto. Muchos de estos textos se habían perdido. En otros casos, los papiros sirven para confirmar la antigüedad de textos que sí que se habían conservado a través de sucesivas copias o traducciones.

Uno de estos papiros, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia de Oxirrinco, contenía una oración a la Virgen. Y no cualquier oración, sino una plegaria que continuamos rezando hoy en día, la oración Sub tuum praesidium. La versión latina es:
Sub tuum praesidium
 confugimus,
 Sancta Dei Genitrix.
 Nostras deprecationes ne despicias
 in necessitatibus nostris,
 sed a periculis cunctis
 libera nos semper,
 Virgo gloriosa et benedicta.
La versión castellana, es muy conocida:
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios; 
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
 ¡ Virgen, gloriosa y bendita!

15 may. 2020

14 de mayo 2020:Todos los creyentes oramos unidos


Será un día de oración y ayuno en el que todos los creyentes del mundo, independientemente de su religión, se unirán para pedir a Dios Creador que proteja a la humanidad afectada por la pandemia del coronavirus. Se trata de una iniciativa promovida por el Alto Comité para la Hermandad Humana y a la que se une el Papa Francisco.

Europa. ¿Ahora, qué?

Y el eterno culebrón se acabó, y con él tantos años de hartazgo y de empecinamiento que nos traen cierta sensación de alivio. Además de la necesidad de pasar página se abre un periodo de reflexión sobre qué significa ser europeo. Pese a que a muchos nos convenza la idea de Europa, el Brexit no es solo consecuencia de la incompetencia política o de la superficialidad cultural, es el fracaso de un proyecto que para algunos es un pacto de mínimos o un tratado puramente económico.
Europa no es solo el Euro, la Champions League, el espacio Schengen y el erasmus para todos. Detrás de esta bandera y de un lenguaje artístico y cultural común se defienden valores como la libertad, la igualdad, la solidaridad y la democracia, algo que en otras partes del mundo es casi una utopía. Aunque imperfecta, mejorable y contradictoria en algunos aspectos, es el fruto de una cosmovisión y de unas raíces cristianas -esto es opinión puramente personal- que apuestan por la bondad del ser humano y por una sociedad justa y sostenible. Pero sobre todo la Unión Europea es el aprendizaje de dos guerras terribles que mostraron al mundo hasta qué punto puede llegar la crueldad del ser humano. Ya sea con 28 o con 27 países, se convierte así es una etapa dorada de la historia donde políticos y ciudadanos encontraron en el diálogo y el entendimiento la p.uerta para el progreso de las naciones, aparcando así siglos de guerras, muerte y destrucción.
Decía Alfredo Di Stéfano, uno de esos iconos del deporte rey que pululaban en el viejo continente de los años cincuenta que ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Puede que esta idea -tan simple como difícil de aplicar- es la que conviene recordarnos ahora que los egos laten en forma de nacionalismos y populismos de ambos sentidos y que ponen en cuestión un sistema que nos ha hecho vivir mejor, porque Europa nunca ha sido tan pacífica como cuando ha estado unida, y si no, miremos nuestro propio pasado.
Álvaro Lobo, sj

10 may. 2020

Evangelio día 10: Domingo V de Pascua - Ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».
Palabra del Señor





Evangelio Comentado por:  José Antonio Pagola
Jn (14,1-12)

NO OS QUEDÉIS SIN JESÚS

Al final de la última cena, Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte lo arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?
Jesús los ve abatidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe, enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.
Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!
A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿no es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, solo le hace una pregunta: ¿cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?
La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. Él nos puede descubrir el secreto último de la existencia. Él nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.
Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Tal vez han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».
Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No confundáis su evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.
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