22 abr. 2011

Poema a nuestro Señor de un sacerdote palentino

La lanzada y el recibir en los brazos a Jesús ya muerto

La gota última rozó tu mano
y sentiste un mortal escalofrío.
¿Cómo es posible que el tesoro mío
sea la escoria del desierto humano?

El beso último limpió su frente
y tus labios levantaron una espina.
¿Cómo es posible que la Luz divina
pueda apagarse tan tempranamente?

Lo diste vivo y te lo damos muerto.
Lo diste sol y te lo damos sombra,
como premio final a su aventura.

Un desfile de nubes sin concierto.
Una tarde sin luz que al cielo asombra,
y una Madre deshecha de amargura.

Elpidio Ruiz Herrero
Vilanova de Arousa