31 oct. 2015

LA CASA DEL DUELO

Más vale ir a una casa donde hay duelo que asistir a un banquete, porque ese es el fin de todo hombre y allí reflexionan los vivientes.      

Eclesiastés 7,2.


La casa del duelo del Señor, es morada donde habita la enfermedad, el dolor del final, la incertidumbre, el miedo, los sentimientos más desbocados, las lágrimas, y también la paz, el derroche del amor, la generosidad, el cuidado, la empatía, el silencio, el abrazo final donde se funde la vida vertida con generosidad, con cariño, con entrega indecible.
La casa del duelo, Señor, donde murió una hija tuya, amiga nuestra, en sus últimas semanas unida a tu cruz de buen pastor, me conduces hacia fuentes tranquilas, reparas mis fuerzas.
La casa del duelo, donde habitan los que la quisieron tanto, los que la siguen queriendo. De esta casa brotan estos versos, que hoy, en un silencio compartido, te recito, Señor, resucitado:

“Pero es grande el amor que se aprende en esta escuela,
donde el silencio previo a la muerte pesa,
la casa del duelo, allí, el delirio se mira con ternura,
los vivos se transforman en lo que creían imposible,
y los héroes descansan junto a las tazas vacías”
D.  Aguiar.

Luís Fernando Crespo