14 abr. 2016

EXPERIENCIAS QUE NO SE BORRAN

Siempre que vengo a Villanueva de Arosa y el aroma de la Ría me acoge con la suavidad de la caricia cercana, entra en mi la satisfacción del acierto, y el sosiego del mar serena mi nerviosismo originado por el viaje largo, hasta aquí, desde mi Palencia del alma, tan lejos y tan a mano, cuando se trata de buscar amigos. Yo no los busco. Ya los tengo aquí.
          Villanueva de Arosa es un lugar donde se respira calma y se bebe mar hasta que los ojos abarcan la totalidad del paisaje hermoso. Es un rincón de las Rías Bajas donde se acurruca la paz y se expande el corazón con vuelo de gaviotas entrenadas. Es el abrigo de las brisas dulces y las olas nuevas, que avanzan por la arena hasta la altura de las frentes sudorosas. Porque en Villanueva de Arosa el trabajo enternece la piel de las bateas; endurece la arcilla de las manos creadoras; sube la pasión de los sueños ondulados, y pasan por las calles del silencio las nubes grises y las sombras envueltas en llovizna remansada.
          Aquí se vive en compañía del misterio con la naturalidad de las formas comunes: aires limpios; lluvia intermitente; olor a mar a rachas de brisas estrelladas; horizontes cayendo sobre la Ría y los pinares; gentes bulliciosas y entregadas al mar para el provecho de las horas largas.
          Pero también vengo a Villanueva de Arosa a vivir aquella fe que  sembraron en mi cuando el bautismo regó mi piel y plantó semilla nueva. Y aquí, en la Parroquia de San Cipriano de Villanueva de Arosa se vive de otra manera el misterio de la fe. Y yo vengo como el que va a la fuente lleno de sed y encuentra el agua fresca. Vengo a llenarme de Vida celebrando en esta Parroquia los momentos claves de la Historia de la Salvación.


          Por ejemplo, este año, todo gravita sobre el eje de la ternura y misericordia de Dios Padre. Don Antonio es el Párroco. Sabe de Catequesis más que el hombre de mar sabe de las noches batiéndose con las olas y sus ventajas. Y, claro, nos ha metido en el surco del amor y del perdón, como quien deja con mimo la semilla en el surco o saca lentamente la barca del torbellino de la tormenta.  Este año, he compartido con vosotros la dicha de hablar y pensar sobre temas que trascienden lo humano y nos llevan a las puertas mismas del amor de Dios hecho hombre por nosotros, y de la ternura de una Madre que se une al Hijo para salvarnos del mal. Y esto, que no es nuevo en nuestro lenguaje, sí lo es en la nueva manera de presentarlo ante nuestra consideración de la mano del Papa Francisco
          ¡Qué suerte tengo de contar con amigos así! De verdad que no me siento extraño. También es verdad que en la casa de Dios cabemos todos. Pero lo que vivo aquí, son experiencias que no se borran de mi mente y me las llevo como el mejor regalo y la mejor memoria de una tierra hermosa, que huele a mar,  a sosiego y a gentes buenas que luchan cada día por recrear cuanto Dios ha puesto en sus riberas.


          Elpidio Ruiz Herrero. Vilanova de Arousa. Primavera de 2016