27 sept. 2017

Visión trascendente de la sexualidad

Reflexión de Luz Ivonne Ream

Para muchos la sexualidad es solo un asunto de “sentir”, de desahogo y, erróneamente, creen que es una necesidad. Sabemos que esto es una gran mentira. Necesidad fisiológica es comer, dormir…  que si no se satisface a corto plazo perdemos la vida. ¿O cuándo hemos visto a alguien en la sala de emergencias de un hospital muriéndose por falta de actividad sexual? Para otros tantos es una búsqueda desenfrenada de placer -genitalidad pura-, diversión, dale a tu cuerpo lo que pida y cómo lo pida. Sin embargo, para los que más, la sexualidad es un acto de amor. Una expresión del amor, una consecuencia de él.

El fruto de la intimidad conyugal que se vive en el amor es el placer, mismo que jamás será el fin y, dependiendo del sentido que tú y yo le demos a esa unión será el placer que alcancemos. La comprensión de la sexualidad dependerá mucho de la comprensión que tengamos de la vida. La visión trascendente de la persona implica, entre otros estos aspectos:

                La sexualidad está al servicio del amor.
                La persona es vista en toda su integralidad: mente, cuerpo y espíritu           orientados al amor y que se alimentan entre sí.
                La persona humana siempre es valiosa.
                Se entrega el cuerpo, como un regalo de sí mismo al otro.
                La sexualidad no es genitalidad. Es la expresión de la totalidad de la persona que va mucho más allá de sensaciones.
                El placer es fruto de la intimidad sexual y no es el fin.
                La sexualidad humana es un apetito, un instinto, una expresión del amor que no puede ser reducido a mera biología.
                La sexualidad es el conjunto de aspectos que abarcan a toda la persona humana y que la configuran como hombre o mujer.
                La sexualidad tiene doble finalidad: unitiva y procreativa.
                En la relación íntima se involucra todo el ser: la inteligencia, la voluntad, los afectos y el amor.
                La relación íntima sirve para demostrar el amor y, como fruto, obtiene placer.
                Tiene claro que su cuerpo es vehículo de expresión del alma.
                Se cree en un Creador, en Dios que es dueño y generador de mí, de quien soy, de toda vida y de todo lo que hay en el universo.
                La vida no termina aquí y hay que vivir en clave de eternidad. Es decir, en este mundo solo estamos de paso para luego trascender a lo eterno.
                Hace uso de sus facultades superiores para saber esperar en abstinencia, viviendo la castidad y tiene autodominio de los instintos. Es decir, tiene claro que la sexualidad es un apetito que se puede dominar para ponerlo al servicio del amor.
                Cree en la unidad, en la fidelidad y en la exclusividad para vivir la plenitud del amor.

Del Blog serpersona.info