28 oct. 2017

Valores sólidos en tiempos líquidos

Tu le hablas a alguien de la importancia de los valores y te mira con un gesto de aprensión, como si tuvieras el tifus: eso es cosa de “carcas”, de gente anticuada o reaccionaria. Entonces le dices que no te ha entendido bien, que querías decir “valores bursátiles”, y entonces sí, se le suaviza el gesto con alivio y te sonríe con complicidad…




Hablar de valores es un camino al borde de muchos precipicios. Los valores de uno pueden no ser los de los demás. Incluso hay valores defendidos a capa y espada que, precisamente por su exceso de espada, acaban causando degollinas. Pero el valor como concepto de buscar en el interior algo más esencial y profundo de lo que brilla engañosamente es un activo que no debería formar parte del pasivo, como sucede de manera sistemática.

Idolatrar el pasado es bastante zopenco, pero no se puede negar que hablar de valores hoy día no se lleva, no es “cool”. Hay un consenso general de que lo importante no es el valor de las cosas sino su precio. “Todo necio confunde valor y precio” afirma Antonio Machado.

Para la cultura, la confusión entre valor y precio es una mala urdimbre de estos tiempos absolutamente líquidos, donde lo que importa es la liquidez (financiera, se entiende). Pasa como con la popularidad: antes lo importante era ser célebre, pero ahora la gente lo que quiere es ser famosa. Si eres célebre te ponen cuatro líneas en una enciclopedia, pero si eres famoso te hacen programas en la tele.

Antonio G. Iturbe. Escritor.