28 feb. 2019

El reto de acoger


Los flujos migratorios actuales constituyen posiblemente el movimiento de personas y pueblos más amplio de todos los tiempo. Esto plantea un gran reto para los países desarrollados; para la comunidad política, para la sociedad civil y para la Iglesia. Las respuestas cristianas giran en torno a cuatro verbos:

1. Acoger. Hay un tipo de rechazo que induce a no mirar al prójimo como a un hermano al que acoger, sino a dejarlo al margen del horizonte personal de vida.

2. Proteger. La experiencia migratoria suele hacer a las personas más vulnerables a la explotación, al abuso y a la violencia. Defender sus derechos y respetar su dignidad es tarea de todos.

3. Promover. No basta con proteger, sino que hay que promover el desarrollo humano integral de los migrantes, desplazados y refugiados.

4. Integrar. Que no es asimilación ni incorporación, es un proceso fundado en el mutuo reconocimiento de la riqueza cultural del otro.

No olvidemos las palabras de Pablo VI: "El planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad, y el mero hecho de haber nacido en un lugar con menos recursos no justifica que algunas personas vivan con menos dignidad"

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