
A lo largo de este Adviento el Señor nos quiere regalar unas gracias concretas relacionadas con el tiempo que estamos viviendo, recibirlas o no, depende de nuestra disposición, de nuestras actitudes.
De la misma manera que la Eucaristía no funciona automáticamente, si no que nos pide nuestra plegaria, nuestra participación interior y exterior, nuestra esperanza, nuestro deseo de entrar en comunión con Jesucristo. También el tiempo litúrgico que son momentos de gracia especial exige una implicación por nuestra parte. Recibiremos gracias en función de nuestras disposiciones y nuestra esperanza.
Nuestro objetivo, nuestra esperanza ha de ser crecer. El objetivo no puede ser nunca mantenerse, ir haciendo. Nuestro Padre quiere que crezcamos. Como un padre de la tierra que quiere ver como sus hijos van creciendo.
Comencemos este adviento con un deseo intenso de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros.