8 dic. 2019

La fe es la certeza del alma





   "He tardado mucho en comprender qué es la fe. Y sin embargo, la he tenido siempre. También he dudado, pero las dudas eran de la mente, eran de mi pequeña inteligencia humana  empeñada en medirse con la de Dios. Mi corazón nunca dudó, y eso es la fe".


           "...No se trata de creer en algo, de creer en dogmas o en ritos, en historias, leyendas, tradiciones, mandamientos, en creer en lo que nos dicen que hay que creer. La fe es otra cosa. Es la certeza del alma. Como una alegría en el corazón, un palpitar de amor que impregna el mundo de luz."


      "...Yo creo que esa fe Dios la pone muy hondo en el corazón de cada hijo suyo. Y que siempre está ahí, aunque la tapemos con argumentos absurdos, aunque la acallemos con nuestra indiferencia, con el ruido de nuestros pensamientos mundanos, con el lodo de la duda. La fe siempre está ahí, siempre pura, sagrada, luminosa, esperando, esperando que agucemos el oído y escuchemos como late en nosotros, con el ritmo de las olas y de las estrellas, vertiginosa de silencio, tan grande y verdadera, tan infinitamente desbordante de amor, repitiendo siempre los ecos de la eternidad."

Del libro de Helena Cosano "TERESA LA MUJER" Confesiones de Teresa de Ávila a las puertas de la muerte.  www.esferalibros.com

7 dic. 2019

Evangelio día 8: Domingo II de Adviento - ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos


"Hágase en mí según tu palabra"
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38):
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor




Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (1.26-38)

LA ALEGRÍA POSIBLE


La primera palabra de parte de Dios a sus hijos, cuando el Salvador se acerca al mundo, es una invitación a la alegría. Es lo que escucha María: «Alégrate».
Jürgen Moltmann, el gran teólogo de la esperanza, lo ha expresado así: «La palabra última y primera de la gran liberación que viene de Dios no es odio, sino alegría; no es condena, sino absolución. Cristo nace de la alegría de Dios, y muere y resucita para traer su alegría a este mundo contradictorio y absurdo».
Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede forzar a que esté alegre; no se le puede imponer la alegría desde fuera. El verdadero gozo ha de nacer en lo más hondo de nosotros mismos. De lo contrario será risa exterior, carcajada vacía, euforia pasajera, pero la alegría quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón.
La alegría es un regalo hermoso, pero también vulnerable. Un don que hemos de cuidar con humildad y generosidad en el fondo del alma. El novelista alemán Hermann Hesse dice que los rostros atormentados, nerviosos y tristes de tantos hombres y mujeres se deben a que «la felicidad solo puede sentirla el alma, no la razón, ni el vientre, ni la cabeza, ni la bolsa».
Pero hay algo más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos sobre la tierra? ¿Cómo se puede reír cuando aún no están secas todas las lágrimas y brotan diariamente otras nuevas? ¿Cómo gozar cuando dos terceras partes de la humanidad se encuentran hundidas en el hambre, la miseria o la guerra?
La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos. La alegría verdadera solo es posible en el corazón del que anhela y busca justicia, libertad y fraternidad para todos. María se alegra en Dios, porque viene a consumar la esperanza de los abandonados.
Solo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran. Solo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados. Solo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a los demás. Solo puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre nuevo entre nosotros.

6 dic. 2019

Querido Dios:


Dicen que rezar es hablar contigo. Pues hoy vamos a hacerlo en un formato peculiar. No va a ser oral, ni solo mental. Va a ser por escrito. Y digital. Al menos, por mi parte. No sé cómo me contestarás -¿desde la nube? ;-). Pero no dudo de que lo harás. Y ya desde ahora te lo agradezco.

Estaríamos atónitos.

Si de verdad creyéramos, con todas las consecuencias, que eres Dios Creador, nos maravillaríamos cada día.
Deberíamos estar permanentemente admirando cómo todo lo creado tiene un orden, una armonía y un sentido.
Por empezar por nosotros mismos, sin ir más lejos: a veces, parecemos no dar importancia -por ejemplo- a cómo funciona nuestro propio cuerpo. Incluso a cómo se desarrolla en esos nueve primeros meses de vida que en ocasiones olvidamos: ¡con más precisión que el mejor reloj suizo que haya inventado un ser humano!
Por fuera, te deberíamos percibir boquiabiertos en la belleza de un amanecer, o en la de cuando se pone el sol; en la del bosque frondoso; en la de arroyos y cascadas; en la luna y las estrellas; en el azul del cielo, en las olas del mar, en la tormenta y la suave brisa… en la diversidad de todas las creaturas.
Pero no sé si te vemos ahí todo lo que deberíamos. Si siquiera te adivinamos.
Creo que hemos perdido mucha capacidad de asombro y ya no miramos. No saboreamos suficientemente la armonía, la belleza de lo creado.
Nos falta capacidad de admiración. Muchas veces, damos por descontado lo que hay, o lo que somos, o lo que sucede. Y no posamos la mirada. Ni el corazón: ¡Vivimos y estamos rodeados de vida! ¿Agradecemos ese regalo, lo disfrutamos, lo valoramos siquiera en una mínima medida?

Más: ¿Lo cuidamos? ¿Cómo vamos de respeto a la ecología (empezando por la humana)?

¿Se puede ser realmente creyente y no practicante?
Si Tú eres el Rey de quienes decimos creer, si estás aquí, ¿por qué, pudiendo hacerlo, no aprovechamos más para conversar contigo, para acercarnos a ti, para tenerte más presente? ¿Por qué –principalmente- nos acordamos de ti… cuando presagiamos tormenta? ¿Por qué -me incluyo, ya me conoces- nos dirigimos a ti fundamentalmente para pedir? Como diría aquel…: -Y de lo mío, ¿qué?
Nos falta acción de gracias. Alabanza. Adoración. Nos falta contemplación. Gozo en tu presencia.
¿Por qué no entramos mucho más en las iglesias a visitarte, a acompañarte y dejamos tan solo a Quien quiso quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos?
Si supiéramos que un personaje notable, prestigioso, nos esperaba con las puertas, los brazos -y el corazón- abiertos, ¿no accederíamos a su encuentro, espontáneamente, gozosos?
¿Tú imaginas a Messi -no me atrevo a hablarte de políticos, de monarcas o príncipes mundanos-, imaginas, digo, a Messi solo y sin visitas, ninguneado, si se le pudiera ver, si se pudiera hablar con él… gratis et amore? ¡Habría colas! Y eso que solo le da -eso sí, muy bien y no es poco si lo haces con maestría- patadas a un balón. Bueno… y quizás algo más… que no se me enfade el santo padre, que es de su tierra…

El vídeo del Papa para el mes de diciembre de 2019


Los niños son los primeros en sufrir las guerras, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales. Esto hace que sus derechos, desde el derecho a jugar o estudiar hasta el de ser escuchados, deban ser especialmente protegidos.

“Cada niño marginado, cada niño abusado, cada niño abandonado, cada niño sin escuela, sin atenciones médicas, es un grito que se eleva a Dios.

Recemos para que todos los países decidan tomar medidas necesarias para hacer que el futuro de los niños sea una prioridad, especialmente de aquellos que están sufriendo.”

En cada uno de ellos es Cristo, que vino a nuestro mundo como un niño indefenso, es Cristo quien nos está mirando en cada uno de esos niños.

El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.
Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) https://www.popesprayer.va/es/

30 nov. 2019

LA LLENA DE GRACIA

La Bienaventurada Virgen María a la que Dios eligió de entre todas las mujeres, como madre del Dios hecho hombre Jesucristo, fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio divino. La “Llena de gracia” nos inunda con esa inmensa e infinita gracia de la SALVACIÓN:



































         Siendo del Cielo la Reina,

de la creación maravilla,
María es la más discreta,
la más humilde y sencilla.

Si contemplas en silencio
como transcurre su vida,
iras descubriendo atento
de su entrega la medida

Siempre callada y dispuesta,
siempre amable y servicial,
mientras vivía en su aldea,
era como las demás;

Más si te asomas por dentro,
al admirar su interior,
descubrirás los secretos
que guarda su corazón:

Concebida sin pecado,
de siempre por Dios amada,
por la gracia que le ha dado,
es María INMACULADA.

                                                                                                                         J. García.

Evangelio día 1: Domingo I de Adviento - ciclo A

Evangelio por Odres Nuevos

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,37-44):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola

Mt (24,37-44)

REORIENTAR NUESTRA VIDA

No siempre es fácil poner nombre a ese malestar profundo y persistente que podemos sentir en algún momento de la vida. Así me lo han confesado en más de una ocasión personas que, por otra parte, buscaban «algo diferente», una luz nueva, tal vez una experiencia capaz de dar color nuevo a su vivir diario.
Lo podemos llamar «vacío interior», insatisfacción, incapacidad de encontrar algo sólido que llene el deseo de vivir intensamente. Tal vez sería mejor llamarlo «aburrimiento», cansancio de vivir siempre lo mismo, sensación de no acertar con el secreto de la vida: nos estamos equivocando en algo esencial y no sabemos exactamente en qué.
A veces, la crisis adquiere un tono religioso. ¿Podemos hablar de «pérdida de fe»? No sabemos ya en qué creer, nada logra iluminarnos por dentro, hemos abandonado la religión ingenua de otros tiempos, pero no la hemos sustituido por nada mejor. Puede crecer entonces en nosotros una sensación extraña: nos hemos quedado sin clave alguna para orientar nuestra vida. ¿Qué podemos hacer?
Lo primero es no ceder a la tristeza ni a la crispación: todo nos está llamando a vivir. Dentro de ese malestar tan persistente hay algo muy saludable: nuestro deseo de vivir algo más positivo y menos postizo, algo más digno y menos artificial. Lo que necesitamos es reorientar nuestra vida. No se trata de corregir un aspecto concreto de nuestra persona. Eso vendrá tal vez después. Ahora lo importante es ir a lo esencial, encontrar una fuente de vida y de salvación.
¿Por qué no nos detenemos a oír esa llamada urgente de Jesús a despertar? ¿No necesitamos escuchar sus palabras?: «Estad en vela», «daos cuenta del momento que vivís», «es hora de despertar». Todos hemos de preguntarnos qué es lo que estamos descuidando en nuestra vida, qué es lo que hemos de cambiar y a qué hemos de dedicar más atención y más tiempo.
Las palabras de Jesús están dirigidas a todos y a cada uno: «Vigilad». Hemos de reaccionar. Si lo hacemos, viviremos uno de esos raros momentos en que nos sentimos «despiertos» desde lo más hondo de nuestro ser.

EL REINO DE DIOS


Se abren las puertas al ciclo litúrgico “A”.


Un ciclo litúrgico abarca el tiempo de todo un curso que va desde el mes de Diciembre hasta Diciembre del año siguiente. A lo largo de todo este curso se van sucediendo unos tiempos especiales que nos invitan a los fieles creyentes, a vivir, reflexionar y celebrar los misterios de nuestra salvación acaecidos en la persona de Jesucristo.


        EL ADVIENTO, con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, es un tiempo de cuatro semanas,  de espera y de preparación para la navidad en la que vivimos y celebramos de nuevo el nacimiento del Dios hecho hombre nacido de la mujer inmaculada.
Luego llega el tiempo de la cuaresma,  cuarenta días de penitencia oración y ayuno de profunda preparación para celebrar durante cincuenta días la Pascua Cristiana o la pasión, muerte y resurrección de Cristo salvador del mundo.
Con las solemnidades de la Ascensión, Corpus Cristi, Pentecostés y la Santísima Trinidad, se concluyen esos tiempos especiales del ciclo para dar paso y volver de nuevo al Tiempo Ordinario.

       La liturgia del ciclo “A”, nos pone como base el evangelio de San Mateo, que junto con los evangelios de San Marcos y San Lucas llamados sipnóticos, pues tienen una estructura similar a diferencia del de San Juan, nos ofrecen como tema fundamental “el Reino de Dios o Reino de los Cielos”.

        El reino de los cielos en la predicación de Jesucristo es la instauración de la soberanía divina mediante el reconocimiento del Dios que envía a su Hijo para salvar al mundo. Por eso se le llama a este evangelio de San Mateo, el evangelio del reino que ha trazado en el sermón de la montaña, con las Bienaventuranzas, el programa del camino cristiano (Mt. 5,1-12).

        Asimismo, el Espíritu del reino nos implicará en hacer las obras de justicia (limosna, oración y ayuno) mirando solo al Padre celestial. A este propósito el evangelio trae la oración “el Padre nuestro” (Mt.6, 9-13) como modelo de oración del cristiano.

    El ciclo “A”, pues, además de capacitarnos en la fe en el Señor, de conformarnos en una comunidad cristiana, nos capacita, sobre todo, para vivir en la esperanza de que las promesas que Cristo ha hecho con nosotros, se cumplirán.

Te daré las llaves del reino de los cielos, lo que ates en la tierra queda atado en los cielos, y lo desates en la tierra quedara desatado en los cielos. (Mt 16, 19)


24 nov. 2019

Discurso del Papa Francisco en el Memorial de la Paz Hiroshima

El Papa Francisco presidió el Encuentro por la Paz en la ciudad de Hiroshima, junto al Memorial de la Paz que rinde homenaje a las víctimas de la bomba atómica lanzada sobre esta ciudad y sobre la de Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial.
A su llegada, y tras firmar en el libro de honor del Memorial, el Pontífice pronunció un discurso en el que reiteró que “el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral. Seremos juzgados por esto”.
A continuación, algunas reseñas del discurso del Papa Francisco:

«Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo» (Sal 122,8).

        "Desde ese abismo de silencio, todavía hoy se sigue escuchando fuerte el grito de los que ya no están. Venían de diferentes lugares, tenían nombres distintos, algunos de ellos hablaban lenguas diversas. Todos quedaron unidos por un mismo destino, en una hora tremenda que marcó para siempre, no sólo la historia de este país sino el rostro de la humanidad.
          Hago memoria aquí de todas las víctimas y me inclino ante la fuerza y la dignidad de aquellos que, habiendo sobrevivido a esos primeros momentos, han soportado en sus cuerpos durante muchos años los sufrimientos más agudos y, en sus mentes, los gérmenes de la muerte que seguían consumiendo su energía vital."
          "Quisiera humildemente ser la voz de aquellos cuya voz no es escuchada, y que miran con inquietud y angustia las crecientes tensiones que atraviesan nuestro tiempo, las inaceptables desigualdades e injusticias que amenazan la convivencia humana, la grave incapacidad de cuidar nuestra casa común, el recurso continuo y espasmódico de las armas, como si estas pudieran garantizar un futuro de paz.
          Con convicción, deseo reiterar que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral. Seremos juzgados por esto."
         "Las nuevas generaciones se levantarán como jueces de nuestra derrota si hemos hablado de la paz, pero no la hemos realizado con nuestras acciones entre los pueblos de la tierra. ¿Cómo podemos hablar de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos hablar de paz mientras justificamos determinadas acciones espurias con discursos de discriminación y de odio?
         "Estoy convencido de que la paz no es más que un “sonido de palabras” si no se funda en la verdad, si no se construye de acuerdo con la justicia, si no está vivificada y completada por la caridad, y si no se realiza en la libertad (cf. S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 37).
El Papa Francisco pronuncia su discurso. Foto: Captura Youtube
         La construcción de la paz en la verdad y en la justicia significa reconocer que «son muchas y muy grandes las diferencias entre los hombres en ciencia, virtud, inteligencia y bienes materiales» (ibíd., 87), lo cual jamás puede justificar el propósito de imponer a los demás los propios intereses particulares. Por el contrario, todo esto constituye una fuente de mayor responsabilidad y respeto. Asimismo, las comunidades políticas, que legítimamente pueden diferir entre sí en términos de cultura o desarrollo económico, están llamadas a comprometerse a trabajar «por el progreso común», por el bien de todos (ibíd., 88).
De hecho, si realmente queremos construir una sociedad más justa y segura, debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos: «No es posible amar con armas ofensivas en las manos» (S. Pablo VI, Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965, 10). Cuando nos entregamos a la lógica de las armas y nos alejamos del ejercicio del diálogo, nos olvidamos trágicamente de que las armas, antes incluso de causar víctimas y ruinas, tienen la capacidad de provocar pesadillas, «exigen enormes gastos, detienen los proyectos de solidaridad y de trabajo útil, alteran la psicología de los pueblos» (ibíd.).
¿Cómo podemos proponer la paz si frecuentamos la intimidación bélica nuclear como recurso legítimo para la resolución de los conflictos? Que este abismo de dolor evoque los límites que jamás se pueden atravesar. La verdadera paz sólo puede ser una paz desarmada. Además, «la paz no es la mera ausencia de la guerra […]; sino un perpetuo quehacer» (Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 78). Es fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia.
Recordar, caminar juntos, proteger. Estos son tres imperativos morales que, precisamente aquí en Hiroshima, adquieren un significado aún más fuerte y universal, y tienen la capacidad de abrir un auténtico camino de paz.
Por lo tanto, no podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno; recuerdo expansivo capaz de despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres, especialmente de aquellos que hoy desempeñan un papel especial en el destino de las naciones; memoria viva que nos ayude a decir de generación en generación: ¡nunca más!
Precisamente por eso estamos llamados a caminar juntos, con una mirada de comprensión y perdón, abriendo el horizonte a la esperanza y trayendo un rayo de luz en medio de las numerosas nubes que hoy ensombrecen el cielo. Abrámonos a la esperanza, convirtiéndonos en instrumentos de reconciliación y de paz. Esto será siempre posible si somos capaces de protegernos y sabernos hermanados en un destino común.
Nuestro mundo, interconectado no sólo por la globalización sino desde siempre por una tierra común, reclama más que en otras épocas la postergación de intereses exclusivos de determinados grupos o sectores, para alcanzar la grandeza de aquellos que luchan corresponsablemente para garantizar un futuro común.
En una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en nombre de todas las víctimas de los bombardeos y experimentos atómicos, y de todos los conflictos, elevemos conjuntamente un grito: ¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! Que venga la paz en nuestros días, en este mundo nuestro. Oh Dios, tú nos lo has prometido: «La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo» (Sal 84,11-12).
Ven, Señor, que es tarde y donde sobreabundó la destrucción que también pueda hoy sobreabundar la esperanza de que es posible escribir y realizar una historia diferente. ¡Ven, Señor, Príncipe de la paz, haznos instrumentos y ecos de tu paz!