17 may. 2012

La catequesis debe vencer al analfabetismo religioso


Abrir la puerta de la fe

Homilía del cardenal Mauro Piacenza en el Congreso Internacional europeo sobre la Catequesis

Leemos que los Apóstoles “reunieron a la Iglesia y contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos: cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe”.

Abrir la puerta de la fe a los hombres de cada tiempo y lugar es, ante todo, la tarea de Dios mismo. Si perdemos de vista este “primado” de la Obra de Dios, cualquier esfuerzo nuestro estará destinado a no dar los frutos esperados. Es Dios quien abre la puerta de la fe a nuestros hermanos los hombres y lo hace, ante todo, por medio de su Hijo Unigénito. Él es la “puerta de las ovejas”, camino universal y único de salvación para todos los hombres.

Es hermosa la imagen de este Dios que “abre”, y qué lejos está de tantos prejuicios contemporáneos sobre el Señor, sobre su Palabra de salvación y sobre su Iglesia, lugar en el que tal salvación se hace actual y operante por la libertad de los individuos, en la comunión del único Cuerpo.

La imagen de la “puerta” es particularmente eficaz porque se refiere a “entrar” en una nueva dimensión, en una realidad que el hombre no puede darse a sí mismo, sino que es completamente don de Dios. Esta realidad del don que es Dios mismo, requiere poner en movimiento nuestra libertad; requiere que el umbral de la puerta, abierta por Dios, sea cruzado por cada uno de nosotros. En este sentido, la salvación ofrecida universalmente, no puede de ninguna manera ser eficaz sin el concurso de la libertad creada que, sostenida por la gracia, "da el paso” y cruza la “puerta de la fe”.

La catequesis está llamada a sostener la inteligencia de la fe, por medio del conocimiento de la Revelación, tanto en sus aspectos relacionales, como en aquellos más propiamente doctrinales que son su traducción histórica. Una vez que sea cruzada “la puerta de la fe” –lo sabemos bien- el camino no habrá concluido. Solamente una intensa tarea de formación podrá permitir al juicio de conciencia no volver atrás y al comportamiento moral no abandonar la luz encontrada.