5 oct. 2019

CARTA A LOS SACERDOTES

A mis hermanos presbíteros.


(…) quiero escribirles esta carta, no sólo a los párrocos sino también a todos ustedes hermanos presbíteros que sin hacer ruido “lo dejan todo” para estar empeñados en el día a día

(…) expuestos a un sinfín de situaciones, “dan la cara” cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado. Me dirijo a cada uno de ustedes que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente

(…) Como ustedes saben estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse.

(…) Estoy convencido de que, en la medida en que seamos fieles a la voluntad de Dios, los tiempos de purificación eclesial que vivimos nos harán más alegres y sencillos y serán, en un futuro no lejano, muy fecundos.

(…) La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor. Es bueno volver una y otra vez sobre esos pasajes evangélicos donde vemos a Jesús rezar, elegir y llamar «para que estén con Él y para enviarlos a predicar» (Mc 3, 14).

(…) El agradecimiento siempre es un “arma poderosa”. Sólo si somos capaces de contemplar y agradecer (…) dejaremos al Espíritu regalarnos ese aire fresco capaz de renovar (y no emparchar) nuestra vida y misión

(…) Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas (…) Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con vuestro obispo, sosteniéndose mutuamente, cuidando al que está enfermo, buscando al que se aísla, animando y aprendiendo la sabiduría del anciano, compartiendo los bienes, sabiendo reír y llorar juntos, ¡cuán necesarios son estos espacios!

(…) No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas. Esto, en el fondo, asfixia y envenena el alma (…) “estar en salida” nos lleva a caminar «a veces delante, a veces en medio y a veces detrás (…) porque el pueblo tiene “olfato”. Tiene olfato en encontrar nuevas sendas para el camino, tiene el “sensus fidei” (cf. LG 12).

(…) contemplar a María. Ella, mujer de corazón traspasado (cf. Lc 2, 35), nos enseña la alabanza capaz de abrir la mirada al futuro y devolver la esperanza al presente. Toda su vida quedó condensada en su canto de alabanza (cf. Lc 1, 46-55) que también somos invitados a entonar como promesa de plenitud.

Mirar a María es volver «a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes»

(…) miremos a María para que limpie nuestra mirada de toda “pelusa” que puede estar impidiéndonos ser atentos y despiertos para contemplar y celebrar a Cristo que vive en medio de su Pueblo.

(…) La historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la “piedra viva” (cf. 1P 2, 4): 
Jesús resucitado. Nosotros, como Iglesia, estamos fundados en Él…

Fraternalmente, Francisco
Roma, junto a San Juan de Letrán, 4 de agosto de 2019.

Memoria litúrgica del santo Cura de Ars.