5 abr 2014

Evangelio día 6: Domingo V de Cuaresma


Del  evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45):
...Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús: «Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor

Discreción

La palabra "discreción" arrastra un cortejo de virtudes y de distintos valores, como la prudencia, el tacto, la mesura, el respeto, la sensibilidad. La discreción, sobre todo, va del brazo de la reserva, que a su vez tiene por consorte el pudor el sentido más amplio de la palabra. De hecho existe una intimidad personal, que ahora se llama privacidad, pero que es algo más profundo porque abarca historia secreta, interior, exclusiva, vivida por cada uno nosotros. Esta se suele guardar en el hondón del alma para siempre; pero puede ser nada como señal de confidencia absoluta otra persona con la que uno está unido por un vínculo de amor o amistad.  Precisamente por eso, violar semejante confesión es un acto impúdico, una tradición, un sacrilegio respecto a esa realidad sagrada que es precisamente el amor auténtico. Vicente Huerta

4 abr 2014

No, a la expropiación de la Catedral de Córdoba

El reciente ataque contra Monseñor Rouco ha sido uno más de las agresiones que están padeciendo obispos, sacerdotes y seglares.
Y ahora un gobierno de aparentes demócratas dice que una Catedral no es de la Iglesia católica y quiere apropiársela.
Van a robar. A expropiar edificios enteros. A quedarse con los templos. A apropiarse de las catedrales. Se proponen empezar por la catedral de Córdoba. Dicen que no es de la Iglesia:
Año 550 (aprox.): en el lugar en que se encuentra la actual catedral, los cordobeses construyen una basílica visigótica que consagran a San Vicente.
Año 714: el militar musulmán Musa ibn Nusair, que formaba parte del contingente armado que invadió la Península, ordenó que la mitad de la basílica de San Vicente, conquistada por la fuerza de las armas, se dedicara a los ritos islámicos.
Año 786: los invasores musulmanes deciden apropiarse de toda la basílica, suprimen el culto cristiano, destruyen el templo y construyen sobre sus ruinas una mezquita.
Año 1236: el rey Fernando III el Santo reconquista Córdoba y ordena que en la mezquita sea restablecido el culto cristiano. A continuación cede la titularidad de este templo a la Iglesia.
Año 1523: se construye la basílica cristiana en el centro de la mezquita.
Año 2014: la Junta de Andalucía dice que la Iglesia se ha quedado con un bien que no le pertenece.
Desde mediados del siglo VI la Catedral de Córdoba ha pertenecido a la Iglesia y a los creyentes que la conforman. Y tan solo la fuerza de las armas ha cercenado sus derechos sobre el templo.

2 abr 2014

EVANGELII GAUDIUM DEL SANTO PADRE FRANCISCO

El acompañamiento personal de los procesos de crecimiento

169.
En una civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario. En este mundo los ministros ordenados y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada personal.
La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos —sacerdotes, religiosos y laicos— en este « arte del acompañamiento », para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex1343,5).
Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana.

170.
Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe llevar más y más a Dios, en quien podemos alcanzar la verdadera libertad. Algunos se creen libres cuando caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde retornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se convierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte.