24 sept. 2010

Evangelio: domingo XXVI del tiempo ordinario

Lucas 16: 19 - 31
 Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles
al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.
23
 «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y
vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro a su lado.
24
 Lo llamó y le dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y
envía a Lázaro para que moje en agua la punta de su dedo y
refresque mi lengua, pues me torturan estas llamas."
25
 Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste bienes
durante tu vida y Lázaro, al contrario, desgracias; ahora, pues,
él es aquí consolado y tú atormentado.
26
Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran
abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros,
no puedan; ni de ahí puedan pasar hasta nosotros."
27
«Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes
a la casa de mi padre,
28
porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio,
y no vengan también ellos a este lugar de tormentos."
29
Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas;
que los escuchen."
30
 El dijo: "No, padre Abraham; si un muerto los visita
se arrepentirían."
31
Le contestó: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas,
aunque un muerto resucite, tampoco se convencerán."»