17 feb. 2011

CONTEMPLAMOS A MARÍA DE NAZARET

LA MUJER DEL ESPÍRITU A FLOR DE PIEL


También mi cabeza fue alcanzada por la palabra. Tuve que ir confrontando mis ideas, creencia y mensajes para ir adaptándolos a la realidad, al proceso de transformación personal, a los criterios que Jesús proponía. Y eso no era tarea fácil.
 

Pensé, pregunté, interpreté y respondí en libertad acogiendo la llamada de Dios.

Abrí mi inteligencia para hacerme cada vez más consciente de la realidad y ver dónde alguien necesitaba mi ayuda. En mi vida, muchas veces no entendí lo que pasaba, los acontecimientos me desbordaban, no encontraba explicación; y aprendí a aceptar, guardando en mi corazón y rumiando las realidades que me desbordaban.


Dios me regaló una cabeza lúcida y despierta, abierta y flexible. Todo ello me ayudó a saber vivir con sabiduría,, prudencia y audacia. El camino que hice fue un largo proceso en el que tuve que aprender a romper expectativas, a revalorizar criterios, a relativizar unas creencias y abandonar otras, a superar desconfianzas sobre mi persona y; sobre todo, a rumiar en mi cabeza y en mi corazón las palabras y actitudes de Jesús, mi hijo.

Uno de los momentos más hondos de la comprensión más profunda de Jesús y su Reino lo viví con la primera comunidad después de su muerte. Ya sabíamos, experiencialmente, que Jesús vivía, que la muerte no tenía la última palabra, que necesitábamos profundizar en sus enseñanzas, ahondar en los misterios del Reino.
Y un día, su Espíritu nos inundó con su presencia impetuosa. Nuestras cabezas y nuestros corazones quedaron trastocados para siempre por la misma pasión que alteró la vida de Jesús: proclamar con hechos y palabras , con nuestras manos y pies, con nuestras bocas y nuestros oídos, aquella certeza que nos ardía en las entrañas: que Dios está en medio de nosotros y nos llama a construir su Reino aquí y ahora.

Te animo a dejar que tu manera de ser sea alterada por el Espíritu de Jesús;
entonces él te llevará a la verdad, porque serás portadora de su mensaje
“ a flor de piel”
Teresa Couso Carballude (Dorotea), nos sugiere esta reflexión extraida
de "Cuerpo Espiritual" de Emma Martínez Ocaña, Ed. Narcea 2009
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