29 nov. 2012

Novena a María Inmaculada

La mirada hacia María

La experiencia sublime de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de María se expresa en el canto del Magnificat en términos de mirada:

"El Señor ha mirado la pequeñez de su esclava" (Lc 1, 48).

María estaba acostumbrada a verse a sí misma en los ojos de los vecinos y vecinas de su pueblo, Nazaret. Le devolvían una imagen de muchacha joven, pobre, campesina, de pequeña importancia en una sociedad patriarcal. Viéndose en esos ojos, había crecido.

Ante el anuncio del ángel, María se dio cuenta de que Dios la miraba de otra manera. El Señor la encontraba maravillosa, llena de gracia, bienaventurada, única y destinada a una misión que desbordaba no sólo la visión que tenía de sí misma, sino también sus posibilidades. "¿Cómo era eso posible? " (Lc 1,34).

Pero la mirada de Dios ve lo posible donde nosotros solo vemos lo imposible, porque el mirar de Dios es amar, es crear posibilidades insospechadas. María, al hacerse humilde servidora de lo posible, cultivaba el misterio de lo imposible.
(Ver o perecer de Benjamín González Buelta, SJ)