24 ene. 2013

Orar en lo cotidiano

No resulta fácil en el ritmo diario dedicar tiempo a la oración. Encontrar el espacio y el momento para ponerme delante de Dios. Las tareas urgentes y las cotidianas van ocupando mi día y parece que nunca tengo un tiempo tranquilo para escuchar a Dios en medio de mi vida. Y cuando lo encuentro, a menudo acaba invadido de distracciones y tareas que he dejado pendientes. Otras veces la dificultad viene de mis dudas sobre cómo acercarme a Ti, cómo hablar contigo, cómo rezar, cómo saber cuándo me estás hablando...
Pero el deseo siempre es más fuerte que todas esas dificultades y aquí estoy de nuevo ante Ti. Para continuar juntos este camino de la vida. Para hacer consciente que siempre estás junto a mí. Cuando te siento cerca y también cuando me pasas más desapercibido.

Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos. Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo. (Lc 24, 13-16)


SENTÍ A DIOS TAN CERCA…

Sentí a Dios tan cerca
en sus milagros
que me arrastró violentamente
detrás de sí.
y lo ví tan cerca de los que sufren,
de los que lloran,
de los que naufragan,
en esta vida de desamparo,
que se encendió en mí
el deseo ardiente de imitarle
en esta voluntaria proximidad
a los desechos del mundo,
que la sociedad desprecia,
porque ni siquiera sospecha
que hay un alma vibrando
     bajo tanto dolor.               P. Arrupe