14 jun. 2014

“Imagen de Dios”

El ser humano está constituido por dos tipos de elementos: unos materiales o corporales (visibles) y otros inmateriales (invisibles). Sin esta dualidad sería imposible entendernos. San Agustín compara al ser humano con un árbol que, por una parte crece dando ramas, hojas y frutos visibles, y por otro tiene una parte que no se ve:  hunde sus raíces penetrando en la tierra. Sin esas raíces el árbol ni tendría vida ni podría sostenerse. También afirma que cuando se construye un gran edificio se excavan primero los cimientos, y después ya habrá tiempo de levantar, las paredes.


Dice la Biblia que el hombre, todo él -cuerpo y alma-, es creado como “imagen de Dios”. Al ser Dios puro Espíritu, esa imagen no debe buscarse en la materia sino en el espíritu, en el alma, que vivifica (anima) el cuerpo. Por eso la verdadera sabiduría está en priorizar los bienes espirituales a los materiales, ahí está la grandeza que nos humaniza. "Aunque seas el último mendigo de la sociedad, -dice San Basilio- aunque vistas con harapos, no olvides que eres imagen del Creador".