1 nov. 2014

SEMILLAS


Si se muere la flor, nos queda la semilla,
siempre a punto de dar en tierra
lo que  lleva la muerte hasta el silencio.

Si se mueren los sueños, queda el amanecer
dispuesto a darle al día
la luz serena y la ilusión creada.

La vida se nos dio
para el reparto de las obras buenas
y el tiempo es la cadencia del amor
con que se mide el peso de los atardeceres,
la resonancia viva  de lo que es natural
en manos libres y en miradas limpias.

Mueren los astros y nos dejan luz.
Muere la espiga desgranada en panes.
Mueren las olas y en la paz descansan
los sudores del viento,
las espumas de los acantilados
y el hombre encuentra  la sonrisa larga
en el fondo del mar donde se mira.

La muerte está en el centro de lo vivo
para poner en alto la esperanza,
para dejar entre la tierra el poso
del dolor y el mandato del silencio.

Si el hombre muere, queda la semilla
del amor siempre a punto de dar

espiga y fruto en el jardín del Reino.


Elpidio Ruiz Herrero
Villanueva de Arousa

30 de Octubre de 2012