28 jul. 2015

Ecología y religión


La encíclica “Laudato si” ha tenido gran repercusión en los medios porque trata un tema de mucho interés social: la cuestión ecológica está presente en múltiples debates públicos. No cabe duda que el texto es especialmente controvertido en EE.UU., donde se inicia un año electoral. Es controvertido en ese país, porque las cuestiones ambientales, y especialmente el cambio climático, siguen estando muy politizadas, prevaleciendo las discusiones ideológicas sobre la abrumadora evidencia científica. No hemos de olvidar además que EE.UU. es el único país industrializado que no ratificó el protocolo de Kioto y que las cuestiones religiosas son una parte sustancial del debate público en EE.UU., y por tanto el posicionamiento de un líder religioso tiene un impacto político de mucho mayor alcance que en Europa.
La encíclica está llena de denuncias de los desvaríos ambientales que estamos cometiendo, en los que hay una especial responsabilidad de los países ricos, por las repercusiones que tienen sobre las poblaciones más vulnerables. El Papa Francisco hace una crítica muy profunda al modelo económico actual, que equipara crecimiento con desarrollo, por ser insostenible y profundamente injusto, al primar en la práctica la creciente acumulación de riqueza en manos de unos pocos, que implica además el despilfarro de unos recursos que deberían servir a todos, también a las generaciones futuras.
Algunos conservadores han criticado esa denuncia del Papa, indicando que se trata de un ataque a la modernidad. Ciertamente, es un ataque a la modernidad nacida del racionalismo ilustrado y de la revolución industrial, que considera a la naturaleza simplemente como un almacén de recursos, y a los seres humanos como instrumentos de producción. A lo largo de la encíclica está muy unida la denuncia de la degradación ambiental y social, porque ambas son fruto de una misma actitud egoísta.