17 jun. 2016

Ser amable es imitar a Cristo

El Señor ha dicho: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra». Por eso ser amable y cortés es imitar a Cristo.

Ser amable y cortes el algo que cuesta poco y rinde mucho. Es como el aceite sin el cual el poderoso engranaje de la sociedad se minaría pronto. Además de proporcionar muchas horas gratas en la vida social, nos llena de un amor que otras virtudes, dones o cualidades no son capaces de obtenernos.
En el transcurso de los siglos solo ha existido una persona capaz de encarnar todas las características de un perfecto caballero: Jesucristo. En el transcurso de su vida, no se le conoció gestos antipáticos. La dulzura de su sonrisa, el brillo de su mirada, la comprensión que emanaba de su rostro cuando daba consuelo, confortaba o animaba a quien necesitaba aliento: todo en él traslucía una amabilidad y un afecto auténticos por los hombres. Incluso cuando corregía a los hipócritas lo hacía movido por el amor hacia los oprimidos por ellos.
La gentileza, el respeto por los sentimientos de los demás y la consideración hacia sus circunstancias son las principales cualidades de un caballero o una dama cristianos. Propósito para el Año de la Misericordia: esforzarme por ser más amable y cortes, para imitar así mejor a Jesucristo en su trato con los demás.
Fuente: “El poder oculto de la amabilidad” de Lovasik L.G.