6 abr. 2017

Tres explicaciones del mundo

Tres modelos de explicación del universo


Como nuestra imagen científica moderna del universo se ha hecho tan unitaria, se han reducido mucho las explicaciones posibles: quedan muy pocas cosmovisiones posibles, muy pocas visiones globales del mundo. De entrada, caben tres:

El mundo viene “de abajo”: no hay Dios y el mundo se ha hecho solo a sí mismo, por el surgimiento casual de leyes internas que han dirigido el crecimiento. Es la tesis materialista, que es defendida por mucha gente, incluido expertos científicos, aunque, generalmente, sin llegar a sus últimas consecuencias.

El mundo viene “de arriba”: lo ha hecho un ser inteligente, Dios. Por tanto, la explicación de su orden interno, del surgimiento de estructuras y de sus mismas leyes, es que ha sido pensado por un ser inteligente. Galileo dijo que la naturaleza tiene entraña matemática, pero ese orden maravilloso merece una explicación.

El mundo mismo es Dios o, por lo menos divino. Es la tercera posibilidad. Aunque, de entrada, puede parecer sorprendente, por inusual, esta postura está bastante extendida. La defienden algunos panteísmos antiguos y algunos importantes científicos modernos, como el premio Nobel de física Schrödinger o el gran divulgador que fue Karl Sagan.

Tres modelos distintos de hombre


Las tres explicaciones globales dan lugar a tres modelos de ser humano:

−Si el mundo es una casualidad sin sentido, el ser humano es también una casualidad sin sentido. Y no vale más que el resto. Esto tiene consecuencias prácticas insostenibles. Nuestra cultura occidental y nuestras instituciones democráticas están basadas en la idea de que todo hombre tiene una especial dignidad que debe ser respetada. Pero si es  un poco de materia acumulada por casualidad no se ve por qué hay que respetarla especialmente.

Si el mundo lo ha hecho Dios, el ser humano puede ser, como defiende el mensaje bíblico, “imagen de Dios”. Es persona a imagen de las personas divinas. Un ser inteligente y libre, capaz de bien y de amor, y que se realiza amando, a imagen de las personas divinas. La explicación radical de la singularidad de la conciencia humana vendría de Dios.

Si el mundo mismo es Dios o una especie de todo divino, todo es parte de lo mismo. Todo es divino o emanación unida a lo divino. Entonces, el ser humano sólo puede ser un chispazo transitorio del todo, una parte que se ha separado temporalmente y que manifiesta temporalmente una conciencia personal, pero que está llamada a unirse y fundirse en el Todo, como defienden los panteísmos orientales (se aprecia en la tradición budista o hinduista). No puede haber una identidad personal fuerte, sino transitoria. Por eso, es frecuente encontrarse en estas posturas con la creencia en la reencarnación o transmigración de las “almas”.

Juan Luis Lorda