14 oct. 2017

Escuchar mejor

Oír no es lo mismo que escuchar. La buena escucharequiere sintonizar, hacerse cargo del estado del otro, no solo de lo que dice, sino también de qué le pasa y por qué dice estas cosas y calla otras, cuál es su intención, qué siente, qué necesita; comprender la entonación, la energía o el desaliento con que habla. Escuchar bien reclama nuestro ser entero, olvidarse de lo demás y ser todo para el otro que habla. Solo de esta forma será posible responder bien y, sobre todo, llegar a un encuentro verdadero entre persona y persona. Un padre cuando escucha a su hijo de trece años es todo para él; no es un tercio para el niño, y dos tercios para oír las noticias…

No podemos concebir a Jesús distraído y pensando en otras cosas cuando uno de los discípulos, o alguien que se le acerca, le dice o pregunta algo. Jesús entra de lleno en el tema que le presentan y atiende a la persona: así ocurre con Nicodemo, con la samaritana, con el joven rico, con Bartimeo, el ciego de nacimiento, y con todos. Cada uno podría contar después que el Señor le atendió con un interés especial, único. Toda la atención de Jesús estaba por entero en quien le hablaba.


Escuchar requiere no interrumpir el discurso del que habla. A veces, conviene preguntar para aclarar un detalle; otras veces, decir algo para manifestar que se comprende o que se está de acuerdo. Este silencio atento favorece la escucha… Cuando nos piden un consejo conviene escuchar bien los detalles significativos del problema. No deja de sorprender la rapidez con que algunas personas suelen responder a cualquier consulta que se les haga, sobre los temas más variados. Algunas veces habrá que decir con toda sencillez que no tenemos respuesta para el problema consultado, que necesitamos un tiempo para reflexionar; conviene ser honrados y por respeto a la persona no improvisar el consejo, sino decir sencillamente que queremos pensarlo mejor.