30 ene. 2018

DOS IMPORTANTES SÍMBOLOS

Nuestra Iglesia se manifiesta, se presenta y actúa también a través de signos y símbolos.  Los signos dan lo que significan; Así, los SACRAMENTOS, nos comunican las gracias adquiridas por la redención de Jesucristo, al cumplir la voluntad del Padre en el Espíritu Santo, (por ejemplo: El Bautismo significa VIDA y en verdad, al recibirlo, recibimos la misma VIDA BIENAVENTURADA en Dios).

Los Símbolos nos ayudan a llevarnos a lo que realmente simbolizan. Dos grandes e importantes símbolos de la FE CRISTIANA son LA LUZ y EL PAN. Jesucristo dijo “YO soy LA LUZ del MUNDO; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8, 12), por ello para sentir a Cristo en nosotros mismos y para pedirle que nos ayude a ser con Él, LUZ en la sociedad se usa mucho el CIRIO, las velas, velones, lámparas etc.

La gran fiesta litúrgica, días antes de interrumpir el Tiempo Ordinario y dar paso al Tiempo Litúrgico extraordinario de LA CUARESMA–PASCUA, es la fiesta de la PRESENTACIÓN de Jesús en el templo “COMO LUZ DE TODOS LOS HOMBRES”  (Candelaria); que nosotros celebraremos el día 2 de febrero, viernes, a las 18´15 con Exposición del Santísimo Sacramento (1º viernes de mes); rezo especial del Rosario con breve procesión de las candelas, después de bendecirlas y Solemne Eucaristía de la  Presentación de Cristo y purificación de la Virgen María.

El otro gran símbolo litúrgico es el PAN:

El pan es el alimento simbólico, base y presente de múltiples formas en todas las culturas de los pueblos, por ello Jesucristo lo eligió como signo para que a través del pan con el vino se presente y se nos de cómo “PAN de VIDA y BEBIDA de SALVACIÓN” (1º Corintios 11, 27) a todos los que creemos en Él y lo seguimos.



Como fiesta de acción de gracias por el pan de nuestras mesas familiares y sociales, aprovechamos la memoria del sábado 3 de febrero en honor de San Blas, para bendecir y dar gracias por tan importante alimento del hombre en la tierra, (en la misa de las 19´00 horas) quien el mismo Cristo nos enseñó a pedirlo al Padre en la oración del Padre Nuestro: Danos hoy el pan nuestro de cada día.