2 feb. 2018

Amor de amistad

“El que no ama, no conoce a Dios –dice San Juan– porqueDios es amor” (1 Jn 4,8). Esta es una de las afirmaciones más sustanciosas de la Biblia. Dios se revela como Amor y se nos muestra en la Sagrada Escritura bajo las distintas formas de amor: como amigo, como padre, como hermano, como esposo... Depende de nosotros sacar las últimas consecuencias de este planteamiento: el cristianismo es una constante invitación a amar, también con la amistad. La persona humana, está llamada a ser amada y a amar con un amor de benevolencia que caracteriza a las buenas amistades, es decir, desinteresadamente, buscando la felicidad del otro. Ya lo dijo Aristóteles: “la más sublime forma de amistad es la que se parece al amor que uno siente por uno mismo”. Este amor puro y perfecto sirve para realizar a la persona, tanto si da como si recibe. Este es el mensaje cristiano.

La amistad nace por lo general como un fenómeno afectivo espontáneo, fundado en la simpatía, es decir, en la semejanza temperamental y afectiva que lleva a una coincidencia de intereses y afanes, que es vivida con otra persona. Pero esta fase está llamada ser trascendida para pasar a esa donación mutua que conocemos como “amor de benevolencia”. Esto exige la intervención de la voluntad, pues supone capacidad de sacrificio y abnegación. Finalmente, también en la amistad se da el paso de una unión afectiva a una unión más sosegada y profunda. De la unión afectiva pasamos a la unión efectiva, siempre difícil e inalcanzable plenamente, como señala Salinas:

“¿Regalo, don, entrega?
 Símbolo puro, signo
      de que me quiero dar(...) 
cómo quisiera ser eso que te doy
y no quien te lo da (...)”. 

Del Blog serpersona.info