23 ene. 2011

CONTEMPLAMOS A MARÍA DE NAZARET

LA MUJER DEL ESPÍRITU A FLOR DE PIEL

Mi boca no permaneció muda. Antes de dar mi consentimiento quise poner mis objeciones y mi desconcierto, después dije: “sí, aquí estoy, consiento en que tu Palabra se haga verdad en mí”.
Con el corazón lleno de alegría por la noticia de haber sido elegida para ser la madre del Mesías fui a compartirla con mi buena prima Isabel y a echarle una mano, pues ella, anciana y considerada estéril, estaba embarazada, al encontrarme con ella, mi boca se soltó como poseída por una fuerza profética y en mi canto al Dios de los pobres, de los humillados y de los vencidos resonaron los cantos de muchas mujeres de mi pueblo que, como yo, habían experimentado a Dios en el debajo de la historia. De un modo especial recordé la oración de Judith: eres Dios de los humildes, socorro de los pequeños, protector de los débiles, defensa de los desanimados, salvador de los desesperados”.
Y sentí que la boca alcanzada por el Espíritu se hace necesariamente boca solidaria de las necesidades de los demás.Cuántas veces, a lo largo de los años que viví con Jesús, de muchas maneras le fui mostrando la realidad en la que vivíamos y le decía: “mira, hijo, nuestra gente no tiene pan, ni salud, ni compañía, ni seguridad frente a la violencia, ni atención médica, ni posibilidades económicas”. Pronto me dí cuenta de que él, siempre que podía, intentaba echar una mano. Esta experiencia me animó a hablar en unas bodas: “no tienen vino”. Estaba segura de que Jesús haría algo, como así fue.
En otros momentos de mi vida mi boca aprendió a saber callar cuando las circunstancias me desbordaban. ¿Cómo explicar la pasión de Dios por el debajo de la historia y su irrupción en nuestras vidas?

Saber callar y saber hablar es una difícil sabiduría del amor…
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Teresa Couso Carballude (Dorotea), nos sugiere esta reflexión extraida
de "Cuerpo Espiritual" de Emma Martínez Ocaña, Ed. Narcea 2009