2 ene. 2016

¿Renovar la Iglesia?: Sínodo Diocesano y Año Jubilar


Para este año 2016 se nos ofrecen dos acontecimientos religiosos importantes muy relacionados entre si.
Uno de estos acontecimientos que se produce a nivel de Iglesia Universal, es decir, en todas las partes del orbe católico es el Año Jubilar de la Ternura y de la Misericordia de Dios, promulgado por el Papa Francisco.

El otro promulgado por nuestros obispos el titular Don Julian Barrio y el auxiliar Don Jesús Fernández, es nuestro Sínodo Diocesano con ya casi tres años de trabajo y reflexión cristiana y pastoral, en no muchas parroquias de la diócesis.

Tanto el Año Jubilar como el Sínodo Diocesano insisten en algo fundamental para la Iglesia, para nuestra Iglesia, en estos momentos: Una Regeneración y una Renovación profunda se hace urgentemente necesaria e imprescindible… y esta regeneración y renovación deberá hacerse desde las bases mismas de la Iglesia que son los fieles en sus comunidades, instituciones, parroquias… Por lo tanto aún comprendiendo y aceptando que esta renovación y regeneración se hace pastoralmente difícil y muy complicado, me permito señalar, con humildad y gran esperanza, que los caminos a recorrer hacia una Renovación de la Iglesia, pasan primero por un cambio profundo de MENTALIDAD en las parroquias.

La parroquia, en palabras del Papa Francisco, no es una estructura caduca, puesto que tiene una gran plasticidad, sin embargo, es necesario renovarla para que produzca frutos de cercanía a la gente, de comunión, de participación y de misión  (confrontar Ev. G. nº 28).
Para renovar la parroquia no hay que hacer cosas especiales ni esperar a las propuestas sinodales, sino recuperar en lo que ya estamos haciendo de un modo creativo sus rasgos fundamentales como son:

·         LA COMUNIÓN- desde una permanente educación y acción parroquial desde la fe, la esperanza y el amor.

·         LA LITURGIA – desde unas celebraciones dignas bien preparadas y atractivas…

·         EL TESTIMONIO – Los hombres y mujeres por la resurrección de Cristo Jesús.

·         Y EL SERVICIO – haciendo ya sínodo con un cambio profundo de mentalidad en los sacerdotes, religiosos, religiosas, institutos y laicos… una Iglesia “petrificada”, estancada, inmovilizada… en una pastoral de cristiandad no puede, o por lo menos le será muy difícil renovarse y regenerarse en la comunión, en la liturgia, en el testimonio y en el servicio misionero.


 Todos los agentes de pastoral dirigidos y animados por un pastor, sacerdote, misionero y evangelizador en las parroquias de la diócesis, tratarán de cambiar poco a poco, pero decididamente, esa mentalidad de una Iglesia que huele demasiado a “cera”, a moho, a boetas arcaicas y a tediosas celebraciones de Iglesia de cristiandad. Me duele mucho decir esto, pero a ver si así reaccionamos y cambiamos a una mentalidad de Iglesia evangelizadora, misionera y más atractiva por el mensaje resucitado y resucitador de Cristo Jesús, el Señor.