7 feb. 2016

¿Oración espontánea?


¿Oración espontánea o “fórmulas”? nos explica el Padre Faus

¿Nunca has oído decir a alguien: “No me gusta recitar fórmulas, prefiero rezar con los pensamientos y sentimientos que salen espontáneamente del corazón”? Hay muchos que dicen eso. Pero, por desgracia, olvidan una cosa. De nuestro corazón sale lo que hay realmente dentro de él (no lo que no hay), y en él no están presentes todas las riquezas de la fe, de la esperanza y del amor. Puede incluso ser un corazón muy “pobre”, vacío y lleno de egoísmo helado. Y entonces, ¿qué va a salir de ahí?
Ahora bien, las oraciones vocales enriquecen, porque “ofrecen”, “colocan” dentro del corazón tesoros de pensamientos, de verdades, de sentimientos y deseos, que el corazón solo no posee ni podría crear. Bien rezadas, enriquecen mucho al alma.
San Agustín, por ejemplo, recibió el último “empujón” para su conversión en el día en que se emocionó hasta derramar lágrimas, al participar en la basílica de Milán – donde era obispo San Ambrosio -, del canto de los Salmos y de himnos litúrgicos compuestos por ese santo obispo, que todo el pueblo sabía de memoria.
Las “oraciones vocales” llenaron su alma – el alma de un hombre extraordinariamente culto e inteligente – de luces espirituales, despertaron en ella, con la ayuda de Dios, sentimientos, perspectivas, alegrías y esperanzas que él, por sí solo, no habría sido capaz de conseguir.

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