22 mar. 2018

REZAR




Miguel Ángel Robles nos recuerda algunas características de la oración:

Rezar es recordar a los que ya no están con nosotros, es pedir por ellos y también pedirles a ellos por los que estamos aquí. Rezar es regresar a casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia. Rezar es tener memoria.

Rezar es lo que va antes y después del trabajo y lo que nunca lo suplanta, porque como dice el refrán “a Dios rogando y con el mazo dando”. Es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más. Ofrece consuelo al que reza y a aquél por el que se reza. Rezar nunca es inútil, porque siempre conforta.

Rezar es decir: rezaré por ti y,  también, reza por mí. Es, por tanto, lo contrario de la vanidad. Rezar es la aceptación de tus limitaciones. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad. Es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían ser. 

Rezar es optimismo, no dar nada por perdido, luchar y resistir. Rezar es fragilidad y entereza.

Rezar es curar las heridas, restañar los arañazos, superar el daño que te han hecho. Pasar página y empezar de cero. Perdonar las ofensas y también pedir perdón. Y sobre todo tener gratitud. 

Rezar es dar las gracias por vivir y por lo que la vida te ha dado. Es despertarse con las ilusiones renovadas. Aferrarse a la inmaterial; acordarse de lo que de verdad importa y relativizar todo lo demás. Es establecer prioridades, poner orden en tu vida, buscar la trascendencia, pensar a lo grande.

Rezar es mirar para dentro en la sociedad del exhibicionismo. Es relajarse y calamar los nervios, y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. Rezar el razonar, aunque parezca lo más irracional que haya. Es pausa en un mundo excitado. Es calma cuando todo es ansiedad.

Rezar es lo más “punki” que se puede hacer en una tarde de domingo. Es la forma más radical de practicar “mindfulness” tan pasada de moda que cualquier día se volverá extraordinariamente “cool”. 

Rezar es una práctica “antisistema”, sin reconocimiento alguno del “stabilshment”. Tan políticamente incorrecta que la gente oculta que reza como esconde la tripa para la foto.

Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus hijos, en tus padres, en Dios. Rezar es la maestría de niños y abuelos, y es un súper poder que nos predispone al bien.