18 abr. 2018

La cruz es el distintivo que manifiesta quiénes somos


         La cruz es el distintivo que manifiesta quiénes somos: nuestro hablar, pensar, mirar, hacer… está bajo la señal de la cruz, o sea bajo la señal del amor de Jesús hasta el fin. Los niños son signados en la frente. Los catecúmenos adultos son signados también en los sentidos, con estas palabras: «Recibid la señal de la cruz en los oídos para escuchar la voz del Señor»; «en los ojos para ver el esplendor del rostro de Dios»; «en la boca, para responder a la palabra de Dios»; «en el pecho, para que Cristo habite por medio de la fe en vuestros corazones»; «en los hombros, para sostener el yugo suave de Cristo» (Rito de la iniciación cristiana de adultos, n. 85). 

     Nos hacemos cristianos en la medida en que la cruz se imprime en nosotros como una marca “pascual” (cfr. Ap 14,1; 22,4), haciendo visible, también exteriormente, el modo cristiano de afrontar la vida. Hacer la señal de la cruz cuando nos despertamos, antes de comer, ante un peligro, como defensa contra el mal, por la noche antes de dormir, significa decirnos a nosotros mismos y a los demás a quién pertenecemos, quién queremos ser. 

        Por eso es tan importante enseñar a los niños a hacer bien la señal de la cruz. Y, como lo hacemos al entrar en la iglesia, podemos hacerlo también en casa, conservando en un pequeño vaso adecuado un poco de agua bendita. Algunas familias lo hacen: así, cada vez que entran o salen, haciendo la señal de la cruz con esa agua recordamos que estamos bautizados. No olvidarlo, repito: enseñar a los niños a hacer la señal de la cruz.