28 abr. 2018

Dar ejemplo

Y de eso quería hablarte hoy: del ejemplo

En la sociedad actual –muy mediática- estamos muy acostumbrados a hablar, a escribir; a abrir grandes -y pequeños- debates; a discursear. Pero eso no basta. Me explico:
He subrayado en más de una ocasión cómo es importante pronunciarse en libertad, hablar, dar la cara. Expresar nuestra opinión sin complejos. No la que a otros les guste. Y no necesariamente la que imponga el ambiente dominante.
Deberíamos tener en la mesilla de noche, a modo de recordatorio, las palabras de Mafalda“Me gustan las personas que dicen lo que piensan…”.
Aunque -añado- bien subrayado en fosforito habría de estar lo que la hija de Quino apunta a continuación: “…pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen”. Y punto.
Un discurso no se sostiene sin los cimientos de una actuación consecuente.  Ya sabemos que el papel lo aguanta todo, y que una cosa es predicar y otra dar trigo…
Por eso hay que pasar del dicho al hecho. Y ser coherentes. Conscientes de que como advertía el escritor norteamericano Ralf Waldo Emerson hay ocasiones en que “lo que haces es tan sonoro que no puedo oír lo que dices”.
Si hablamos de ejemplos sonoros, te traigo tres:
Corroboran lo que en su día escribí en Las buenas noticias dependen de ti”. Son hechos sencillos pero elocuentes. No pasarán a los libros de Historia pero podrían compartirse en las aulas. Ahí van:


  1. “Cuando tenía 12 años –dice Andrés, de Albacete– mi padre ahorró dinero durante 3 meses para poder comprarme unas botas. Ahora, cada vez que miro las botas en mi casa, me acuerdo de dónde vengo”. No sé cómo se llama el padre. El hijo se llama Andrés Iniesta y es campeón del mundo con la selección española de fútbol. Gracias a un golazo que puso en pie a España entera. Y…gracias a las botas que un día le regaló su padre. Con esas botas, Andrés sigue pisando suelo.
  2. Una joven en paro y con una hija encuentra una cartera con 800 euros y la devuelve: Teresa Gómez halló la billetera en una cabina de una localidad de Málaga. Los 800 euros eran el sueldo de un mes de Carlos… Su actuación vale oro.
  3. Iván Fernández, un atleta de Vitoria, renunció a serlo de victoria. El joven corredor no quiso ganar un cross en Burlada (Navarra) a un rival extranjero que se había equivocado de meta. Iván lo orientó y “empujó” hacia la línea de llegada. Su gesto es un triunfo en toda regla.
¿Conocías lo del padre de Andrés, lo de Teresa, lo de Iván? ¡Salió en la prensa!

Me traen a la memoria lo que escribe Paulo Coelho: “El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión”. Ninguno de los tres dio un discurso… ¡pero sí una lección!
Por José Iribas
Del Blog dametresminutos