11 may. 2018

Descubrirte en el silencio


De  / 


Visitaba un afamado empresario un monasterio cuando, en su huerta, se topó con un monje que sacaba agua de un pozo.
– ¿Qué aprende usted en su vida de silencio?preguntó el ejecutivo.
El monje le respondió: – Mire al fondo del pozo, ¿qué ve?
El hombre se asomó al brocal. – No veo nada.
El monje se quedó inmóvil, en silencio, como pensativo. Al rato, señaló al visitante: – ¡Mire ahora! ¿Qué ve? 
– Ahora me veo a mí mismo, en el reflejo del agua.
– Ya ve, explicó el religioso. Cuando ando con el cubo en el pozo, agito el agua y nos impide ver. Sin embargo, con el agua en calma, el hombre se descubre a sí mismo.
Esa es la experiencia del silencio: ¡El hombre se descubre a sí mismo!


Pasa el tiempo; y seguimos sobrados de ruidos; de cháchara, de palabrería hueca, de bulla, de estridencias, de estímulos. Y, a veces, hasta de caos y de estrés, pegados como estamos a cosas superficiales que invaden nuestra intimidad y nos quitan un tiempo sustancial, vital.

Es un ruido que nos satura y nos aleja de la escucha auténtica y de la reflexión profunda.Y no siempre es un ruido no buscado. Conectamos casi automáticamente la radio, nada más subir al coche; o encendemos la tele, al llegar al salón; o nos enredamos a lo largo del día, entre emails y whatsapps, con sus avisos y vibraciones, casi, mecánicamente.

Y vamos moviendo el dial del receptor, zapeando con el mando, enviando mensajes… removiendo el agua… como si nos diera miedo asomarnos al pozo y… que nos refleje. ¿Cuántos minutos pasamos, de entre los 1.440 que tiene cada día, en silencio? ¿Apenas los que dormimos? ¡Algunos ni eso!

Pero, en serio: ¿buscamos buscarnos? Porque solamente así nos encontraremos…Tenemos que saber escapar del jaleo (el ruido interior incluido), que nos perturba, que nos distrae de lo importante. Parar el tiempo y encontrar ese espacio de calma y tranquilidad que cada uno tiene en su interior.
¡Porque no nos atendemos… y no nos entendemos!


Un diálogo interior


El silencio, como el agua del pozo, te permite verte con claridad… si dejas que te refleje: la calma te ayuda a mirarte; te facilita meditar; pararte. Pararte a pensar.


El silencio, dice F. J. Bartunek, es para nuestra vida interior como el espacio que hay en la caja de un violín: lo que permite que la música resuene. Y allí donde no hay ese espacio -digo yo-, no hay música que valga.