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22 feb 2020

Ayuda a tu hijo adolescente a superar su primera ruptura amorosa

TEENAGER

https://es.aleteia.org/

Lágrimas, angustia, ira… La primera ruptura amorosa del niño deja a los padres angustiados. Equivocadamente, a menudo intentan minimizar el dolor y cometen muchos errores…

El primer desengaño amoroso puede llegar de repente como un tornado difícil de controlar para un adolescente. Al principio, puede sorprenderse por este sentimiento excitante que le abruma y muy rápidamente se convence de que acaba de descubrir el Amor con una A mayúscula.
El día en que el “Amor de su vida” lo deja, es una tragedia. ¿Quién se atreve a decirle que se le pasará? ¿Cómo podemos ayudar a nuestro adolescente a superar este difícil período de su vida?

Los errores a evitar

Por encima de todo, debemos acoger su sufrimiento. Existe, es muy profundo.  Por eso puede ser hasta perjudicial decirle frases como:  “Ya verás. No es nada. Se te pasará.” Al contrario, su herida es muy real.
Tampoco optes por decirle: “Eres demasiado joven para saber lo que es el verdadero amor”; “Te lo dije. Querías ser mayor y te dejó.” Este tipo de comentario solo pueden empeorar la situación.
El papel de los padres en esta situación es, ante todo, dejar que tu hijo exprese su cruel decepción, sus esperanzas frustradas, su disgusto y la falta de confianza en sí mismo de quien no se siente amado sino rechazado.
En lugar de dejarle que se ponga a reflexionar solo, debemos ofrecerle salir, ver películas con él o invitarle a otras distracciones para que cambie de idea, aunque al principio no le importen estas propuestas.
Cuando llegue el momento adecuado y pase la tormenta, tal vez puedas comentarle aspectos que algún día entenderá: “¿Sabes que puedes encontrar un amor todavía más grande que este que acabas de vivir? En algún lugar hay una persona que sabrá cómo amarte y valorarte. Solo porque alguien ya no te quiera no significa que no valgas nada.

Atención al comportamiento depresivo

El adolescente necesita llorar su amor perdido, y mientras viva con la esperanza de recuperarlo, no hay cura. Necesita ayuda para “enterrar” su sueño.
En lugar de intentar volver al camino de la otra persona con la loca esperanza de que vuelva, es mejor pasar la página, tirar las fotos y los recuerdos.
También es muy importante asegurarse de que encuentre a alguien que pueda escucharlo y entenderlo.
¿Y por qué no ofrecerle ayudar a alguien ? Y si se desespera, si habla de suicidio, no hay que despreciar sus palabras. Conviene más bien estar alerta.
Si es necesario, se debe consultar a un psiquiatra del comportamiento. Para ayudar a tu adolescente, hazle entender que es realmente hacer demasiado honor a la persona que no le quiere que muera por ella o él. Morir por alguien que te ama es comprensible, pero morir por alguien que te abandona es casi irrazonable.
En este caso, es importante darse cuenta del poder que le hemos dado a un ser, ya que tiene el poder de destruirnos. Es hora de quitarle ese poder concedido por un momento.

¿Y por qué no haces un balance?

Pero la forma más eficaz de hacerlo es invitar al joven a hacer un balance de lo que acaba de experimentar:
¿Sabes que la experiencia que acabas de tener puede ser extremadamente enriquecedora para ti? Acabas de aprender que el amor puede dar mucha felicidad, pero también mucho sufrimiento, y por lo tanto es importante no jugar con tu propio corazón ni con el de otro, especialmente este momento de tu vida en el que la estabilidad de los sentimientos no está garantizada”.
También puedes preguntarle sobre para ayudarle a decidir en el futuro: “¿Por qué no supe cómo hacerme amar? ¿Fue por posesividad, por ingenuidad (creo demasiado rápidamente que “sucedió”), por una presión moral demasiado fuerte sobre la libertad del otro… (“El amor solo florece en la libertad”)?
También podrías sugerirle elaborar un retrato de la persona ideal que le gustaría algún día amar. Inspirándote en las cualidades que valorabas mucho en la persona de la que te enamoraste. Así que esa pena puede convertirse en una gran oportunidad para la maduración.”
El hecho es que para compensar el vacío emocional que siente el joven, lo más importante siempre será el clima de amor y el ambiente cálido y comprensivo.
Se necesita una ternura delicadamente expresada y un respeto que no obliga a la confidencia, el adolescente descubrirá lo que es el verdadero amor: este amor que, como el amor divino, acepta sufrir por el bien del otro, pero siempre hace lo imposible para no causar nunca sufrimiento.
Denis Sonet

24 oct 2018

Las 7 peores frases que nunca deberías decir a tus hijos.

Nunca debes decir estas palabras a tus hijos. Los efectos de estas palabras pueden ir más allá de lo que crees y lo que tus hijos pueden controlar

 autor: Aleteia

rostro de un nino llorando lagrima por su mejilla


La rabia, el cansancio y la frustración que vienen con los problemas cotidianos pueden exasperarnos y hacernos decir cosas que realmente no sentimos.
Estas son algunas de las peores combinaciones de palabras que podemos decir a un hijo, independientemente de su edad, pero especialmente a los niños pequeños.
Los efectos de esas palabras pueden ir más allá de lo que crees y de lo que tu y tus hijos pueden controlar.
Lea con atención y piénsalo muchas veces antes de decir frases como esas.

1.- "Nunca haces nada bien".

A nadie le gustaría oír eso, menos aún de un adulto. Imagina la sensación desagradable cuando tu hija inocente te oye decir palabras como esas.
Si tu hija cometió un error, rompió algo, arruinó la masa del pastel, respira hondo y piensa en qué es más importante.
La respuesta siempre será la misma: tus hijos son más importantes que cualquier otra cosa.

2.- "Me gustaría que te parecieras más a tu hermano".

No ganamos nada comparando a nuestros hijos, pero podemos crear resentimientos entre los miembros de la familia.
Asegúrate de las comparaciones no existen en tu casa. Somos todos diferentes y únicos, y somos todos especiales a nuestra manera.

3.- "Eres gordo/feo/burro".

Nuestros hijos creen en todo lo que decimos. Somos su fuente más fiable de información y también la mayor fuente de amor.
No perjudiques la autoestima de tus hijos con adjetivos negativos. Es mejor reconocer sus puntos fuertes en vez de enfatizar lo negativo.

4.- "Me avergüenzo de ti".

Si tu hijo tiene tendencia a llamar la atención en público, como gritar, jugar, correr y cantar para que todos le oigan, quizás sólo necesita más atención. No digas cosas como esa delante de tus amigos y ni en privado .
¿Por que no planear un espectáculo en casa donde él sea la estrella principal? Tal vez descubras su lado artístico al hacer eso y divertirse en familia.

5.- "Quisiera que nunca hubieras nacido".

No logro pensar en algo peor que alguien pudiera decir a un niño. Nunca, en ninguna circunstancia, digas eso a tus hijos, ni siquiera de broma.
Todos necesitamos saber que somos deseados y queridos, independientemente de los errores que cometemos.

6.- "Ya me he cansado, ya no te quiero".

A veces, sin darnos cuenta, caemos en los juegos de palabras de nuestros hijos. Tu hija de tres años está frustrada porque no puede comer otro helado. Después de explicarle varias veces porque no, ella se enfada, llora y dice que no te quiere.
La respuesta más fácil seria pagar con la misma moneda, pero eso solo le hace daño.
La reacción correcta sería explicar nuevamente porque no puede comer más helado y recuérdale que siempre la vas a querer, aunque se enfade contigo. Ella aprenderá mucho más de lo que imaginas con esta lección.

7.- "No llores, no es nada serio".

"¿Cómo de grandes pueden ser los problemas de los niños? Son sólo niños, no tienen preocupaciones, tristezas, decepciones ni miedos" Este es un error que como adultos cometemos con mucha frecuencia. Los niños tienen la misma o más capacidad emocional que un adulto.
La diferencia es que ellos no pueden expresarse y calmarse a sí mismos como nosotros. Entonces, de alguna forma, ¿sus problemas no serán aún mayores?

Nunca menosprecies un miedo, un arañazo, una duda, un conflicto por el que tu pequeño está pasando. Ayúdale a superar el problema y a reaccionar de forma sana.
Con pequeños ajustes y siempre considerando los sentimientos y bienestar de nuestros hijos, podemos evitar estas frases tan perjudiciales y tener una relación de amor, protección y bienestar en el hogar.

11 sept 2018

Las diez maneras de mostrar a nuestros hijos que les amamos

¿Cómo expresar tu amor por tus hijos de manera que los ayudes a crecer felices, amados y equilibrados?

“Unidos en el amor”. Esta breve frase de Colosenses 2,2 resume el sentido de la familia. Aunque pueda parecer obvio que amamos a nuestros hijos, es mejor dejarles sin ninguna duda en cuanto a esto. Decir “te quiero” es necesario, pero no suficiente; “los actos hablan más alto que las palabras”, como dicen.
Los niños necesitan sentirse amados por sus padres si quieren desarrollar una personalidad sana, y esa experiencia debe empezar lo antes posible – en cierta forma, desde el momento de la concepción. Experimentar el amor y el cariño de los padres dará confianza, autoestima y sensación de seguridad a los niños, y les enseñará a amar a los demás.
Aquí 10 sugerencias sobre cómo expresar tu amor por tus hijos de manera que les ayude a crecer felices, amados y equilibrados.
  1. Dales abrazos y besos
Cuando nos comunicamos con alguien, más del 60% del mensaje que estamos transmitiendo puede expresarse mediante el lenguaje corporal. Una manera de mostrar nuestro cariño por nuestros hijos es besándolos y abrazándolos. También podemos sencillamente añadir un toque de ternura a la forma como nos expresamos y ser amables en nuestros movimientos y gestos; eso les ayudará a darse cuenta de lo importantes que son.
  1. Estate presente
Un aspecto importante de expresar nuestro amor es estar presente – simplemente estar ahí. Necesitamos pasar un tiempo de calidad con ellos, participando de sus vidas diarias siempre que sea posible. Es solo cuestión de dejar de lado nuestras tareas (o nuestro celular) por un momento para dedicárselo a ellos, jugar con ellos, mostrar interés en lo que están haciendo o pedir su opinión. El tiempo individual puede ser particularmente valioso.
  1. Escucha
La presencia física es solo parte de lo necesario; debemos mostrar que estamos mentalmente presentes para nuestros hijos también. Si están tristes, debemos consolarlos; y si están tristes por una buena razón, debemos compartir ese sentimiento – y que ellos sepan que lo hacemos. Debemos prestar atención a sus ideas y sus preocupaciones, e intentar responder a todas sus preguntas, aunque no tengamos todas las respuestas. No hay nada de equivocado en decir que no conocemos la respuesta; es mejor que ignorar la pregunta.
  1. Confía en ellos
Otra manera como podemos mostrar a nuestros hijos que les amamos es confiar en ellos. Al darles libertad, probamos que creemos en ellos. A pesar de las preocupaciones que podamos tener, muchas veces en base a una experiencia personal, no podemos olvidar que los niños son personas diferentes a nosotros, y pueden tener éxito donde nosotros fallamos. Si tenemos confianza en ellos, ellos también confiarán en sí mismos. Las advertencias son sanas – tenemos que proteger a nuestros hijos –, pero es importante animarles y retarles a crecer, a hacer cosas nuevas y volverse más independientes. La confianza es un gran regalo de amor.
  1. Respétalos
El respeto es una de las bases de cualquier relación, y debe ser correspondido. Una de las demostraciones más bonitas de amor es saber cómo respetar a nuestros hijos. Eso no significa tratar a nuestros hijos como iguales antes de llegar a la edad adulta, sino prudentemente respetar sus sueños, ideas, preferencias y decisiones cada vez más a medida que maduran, aunque no estemos de acuerdo con ellos.
  1. Incentívalos
Cuando animamos a nuestros hijos, incluso cando se equivocan, ellos no solo ganan confianza, sino que también se sentirán amados. Debemos mostrar nuestro orgullo, no sólo por sus conquistas, sino también por su trabajo, sus ideas, sus esfuerzos y su perseverancia. Además, debemos reconocer lo que hacen por nosotros o por los demás; además de ser una cuestión de justicia, la gratitud puede ser muy motivadora.
  1. Protégeles (pero no demasiado)
Si protegemos a nuestros hijos, ellos sabrán que son importantes para nosotros. Sin embargo, ¡debemos tener cuidado de no ahogarlos! Contra lo que estamos intentando alcanzar, la protección excesiva es peligrosa: creerán que les consideramos incapaces de cuidar de si mismos. En consecuencia, probablemente acaben dándonos la razón y devolviéndonos sentimientos de inferioridad e inseguridad, o rebelándose contra nuestra protección. Debemos encontrar el equilibrio correcto para que nuestros hijos se sientan seguros sin sentirse limitados, como dice el refrán: darles raíces para que crezcan y alas para volar.
  1. Define límites
Desde el nacimiento, los niños aprenden cada minuto, todos los días. Este proceso de aprendizaje requiere una estructura y límites. Es papel de los padres saber cómo establecer límites y crear reglas. Nuestros hijos inevitablemente empujarán y pondrán a prueba los límites, pero también aprenderán a apreciarlos, especialmente si estamos preparados para dar fundamento a las normas (con explicaciones adecuadas a la edad del niño). De vez en cuando, muéstrale los malos resultados de no respetar los límites (en sus propias vidas o en las de sus amigos) para que aprecien plenamente la disciplina. Y, como en el punto anterior, necesitamos mantener un equilibrio sano, no limitando demasiado ni dándoles demasiada libertad.
  1. Dales libertad para ser ellos mismos
También es importante dar a nuestros hijos la oportunidad de ser quienes son y no quienes queremos que sean. No debemos cargarles con nuestras expectativas. Amarles significa tener la fuerza de dejarles ser autónomos y permitir que ya no necesiten de nosotros – cuando llegue el momento. Aunque sea difícil ver que nuestros hijos se apartan y se vuelven más independientes, el amor exige que les dejemos abrir las alas y volar.
  1. Sé sincero
Finalmente, no debemos mentir a nuestros hijos. Ellos nos aman y confían en nosotros, y si descubren que mentimos, acabarán sintiéndose traicionados. Podrían pensar que estamos mintiendo porque no les amamos – o pueden concluir que mentir a las personas que amas es correcto, y ninguno de los dos casos es bueno. Cuando hacemos una promesa, debemos mantenerla. Cuando parece difícil explicar algo a un niño, debemos mantener la verdad, aunque haya que simplificar las cosas o explicarlas usando imágenes y metáforas hasta que nuestros hijos tengan edad suficiente para entender. La honradez es un signo de confianza y respeto, y es necesaria en una relación amorosa.

25 ago 2018

Contemplar a un niño

G. K. Chesterton en "El amor o la fuerza del sino" (Rialp, Madrid 1993).

La rectitud esencial de nuestra actitud hacia los niños se encuentra en el hecho de que sentimos que tanto ellos como su modo de comportarse son sobrenaturales… La misma pequeñez de los niños hace posible que los miremos como si fueran prodigios maravillosos; nos da la impresión de que estamos tratando con una raza nueva que solo se puede ver con microscopio… 


Al contemplar vidas tan humanas y, sin embargo, tan pequeñas, sentimos como si nosotros mismos nos hubiéramos inflado hasta alcanzar dimensiones vergonzosas. Sentimos el mismo tipo de obligación hacia esas criaturas que podría sentir una divinidad si hubiera creado algo que no podía entender. Tal vez el aspecto chistoso de los niños es el vínculo más cariñoso y atractivo de todos los vínculos que mantienen junto al universo. La pesada dignidad de sus voluminosas cabezas es más enternecedora que cualquier medida de humildad; su solemnidad nos ofrece más esperanza por todas las cosas que mil carnavales de optimismo; sus ojos grandes y brillantes parecen contener en su admiración a todas las estrellas; la ausencia fascinadora de la nariz parece darnos la insinuación más perfecta del humor que nos espera en el reino de los cielos.

De www.serpersona.info

13 abr 2018

El amor de un padre






Cuento de Semana Santa

Sí, son las tres de la mañana. Mientras ojeo elmundo.es, caigo -por azar- en una entrevista no a Sabina sino a Coque Malla. Coque es el líder del grupo de rock Los Ronaldos. El titular digital pone en su boca: ‘A veces quiero rezar y no tengo a nadie’. Y yo pienso en Zacarías, un viejo amigo con una fe recia.
Ya repetía mi madre: ‘hijos criaos, trabajos doblaos’.
Zacarías enviudó joven. Y con cuatro críos. Ahora los tiene “ya mozos”Sus hijos son su vida. Siempre se ha empeñado -muchas veces haciendo de tripas corazón- en que el suyo sea un hogar alegre.
En esta última etapa, en casa de Zacarías hay epidemia de adolescencia rebelde. “Este no se calla ni debajo del agua”, me decía de uno. A veces, en momentos impensables, saltan chispas. Y algún chaval coge la puerta y se va. Zacarías sufre. Se encomienda a todos los santos para que vuelva sano y salvo. Y tiene siempre presente lo del hijo pródigo: lo del perdón, el abrazo y la fiesta, con cabrito y hasta con becerro. “Estos van a dar con el rebaño entero”, me comentaba con cierto humor.
Cuando los problemas se le “apoderan”, Zacarías lamenta más, si cabe, su viudedad. En alguno de esos momentos se me desahoga: -Ya repetía mi madre, hijos criaos, trabajos doblaos. José, que son demasiadas cuerdas pa un violín; que me traen loco…
Pero en seguida me subraya, aludiendo a sus chavales: -En el fondo, buenos… son muy buenos. Entonces pienso yo: ¡qué carajo, el que eres bueno eres tú!  Aunque no se lo digo.
Julio, el menor, pese a su gran corazón lleva a su padre por la calle de la amargura
“El benjamín me va a ahorrar muchos días de purgatorio”, me confesaba un día mi amigo.
Con Julio, debe de llevar una de cabritos o de becerros cebados… Sin embargo –o quizás por esto- es la niña de sus ojos. Lo tiene engatusado.
A Zacarías le ha tocado ser su padre y… su madre. Si Julio se retrasa un poco en nacer, nace póstumo”, comentaba al recordar cómo su mujer falleció cuando el pequeño era un bebé. Y si le indico, diccionario en mano, que “los póstumos son hijos de viuda”… me responde: “De todo puede haber, que hay madres que han muerto en los partos…”.
Cuando hablamos de Julio, Zacarías comparte conmigo –sé bien su porqué-: Aún hay un sufrimiento mayor que el propio: el que uno tiene al ver sufrir a un hijo. El hijo sufre, sí, pero ¡a un padre se le desgarra el corazón!. Y a veces se pone filósofo o, por mejor decir, ‘teólogo’.
La pasada Semana Santa, sin ir más lejos, me decía: “Me viene a la cabeza Dios, como padre. En muestra de su amor no solo quiso morir por ti, por mí: el crucificado fue la persona de su Hijo. Así que el sacrificio fue al límite“.  Zacarías no es Santo Tomás de Aquino y, aunque solo ha pasado por la universidad de la vida, ¡cuántas veces me hace pensar!
Un post que suena a cuento. Pero… ¿y si no?
Me dirás: “Esto suena a historieta… ¡Qué post más raro te ha salido hoy!”.
te cuento: ¡Bastante he hecho! Estoy escribiendo de madrugada; desde la tablet; se me está acabando la batería y… te escribo sobre Zacarías -intentando distraer mis nervios- desde una sala de espera del hospital.
Comparto este habitáculo con sus hijos, que han tenido a bien avisarme. A mi buen amigo le ha dado un infarto de caballo. Estamos con el corazón en un vilo, inquietos pero en silencio. Un silencio que, de vez en cuando, queda roto por los llantos de Julio, el benjamín. ¡Cómo llora, el cabrito! La niña de sus ojos, que es un tiarrón.
Y yo… vuelvo a pensar en Coque Malla cuando en su entrevista declara: “Hay veces que tienes tantas ganas de rezar y pedir algo poderoso que cambie las cosas… Yo siempre había sido un ateo convencido, pero llega un momento en que no creer en nada es una patada“. Disculpa la errata. Es una patada, sí.
Tranquilo, Coque. Seguro que ya están preparándonos un becerro. Y bien cebado.
Nota.- Este post es un cuento de Semana Santa. Pero… ¿y si no?


11 sept 2016

Cenen con sus hijos

Una discreta maestra de Texas ha encendido un sonoro debate en los medios de comunicación americanos con una sencilla carta enviada a los padres de sus nuevos alumnos. Televisiones y medios de comunicación la han entrevistado de costa a costa del país, y su misiva ha sido comentada por psicólogos, pedagogos y profesores. Samantha Gallagher, una madre de segundo de primaria del colegio de Godley (Texas), del que la mencionada maestra, Brandy Young, es tutora, colgó la carta en Facebook y en pocas horas había sido leída por 70.000 personas.

Young tiene el acierto de escribir de forma llana un mensaje de un par de párrafos que da en la diana en dos aspectos candentes en la crianza norteamericana (y de cualquier país del mundo, incluida España): los deberes y la vida fa­miliar.
No habrá deberes este año, anuncia la profesora a las familias de sus alumnos de 7 y 8 años. “Pero a ustedes les pido que pasen las tardes haciendo cosas con ellos porque eso sí que está demostrado que mejora el éxito escolar”, indica Young. Y añade: “Cenen como una familia, lean juntos, jueguen al aire libre y acuéstenlos pronto”, aconseja.