28 nov. 2017

Conocemos la meta


“Conocemos la meta” – escribía F. Kafka –. “Conocemos la meta, pero no hay ningún camino”. El hombre de hoy se identificaría fácilmente con la segunda parte de esta afirmación. Con respecto a la primera, no estoy seguro de que lo que era verdad todavía al tiempo de la muerte de Kafka en 1924 lo sea igualmente hoy. No es obvio que hoy podamos decir que conocemos la meta. Nuestra cultura está más dislocada, el horizonte es más pobre, el hombre más roto. Para saber que lo que uno echa de menos es el perdón hay que haber sido perdonado alguna vez. Para saber que lo que a uno le falta es amor hace falta haber tenido experiencia de un amor verdadero. “No me buscarías si no me hubieras encontrado”, le hacía decir San Agustín a Dios en las Confesiones. 

Por supuesto, el corazón del ser humano está hecho para el infinito, ayer como hoy. Pero cuando se crece en un ambiente cultural y políticamente tan asfixiante como el nuestro, y desde pequeño tiene uno que aprender a creerse que la felicidad consiste en comprar el último modelo “de lo que sea”, la vida se convierte en un ejercicio permanente en la durísima disciplina de la decepción. La decepción es tal vez la experiencia humana más común en las sociedades post-industriales, pero como todas las identificaciones de la felicidad son para “usar y tirar”, al final la conciencia se vuelve cínica en la madeja sin fin de ídolos hueros ofrecidos a su adoración. “Conocemos la meta” ¿La conocemos realmente? Conocemos mil metas, que se nos han propuesto, que hemos conseguido, y ni sabemos donde estamos, ni a dónde vamos, ni para qué.

Ser cristiano – algo que nunca sucede en función de lo “bueno” que uno es, sino siempre, como decía el antiguo Catecismo, “por la gracia de Dios” – es haberse encontrado en la vida con la meta, con la plenitud regalada y posible, es haber reconocido con gratitud el camino. Pero no el camino que uno ha hecho para llegar hasta Dios (Dios no es nunca un “logro” del hombre, como una licenciatura o una cátedra), sino el camino que Dios ha hecho para encontrarme a mí, infinitesimalmente perdido en el cosmos, y hoy, sin embargo, alegre. Hoy gozoso y agradecido por una Misericordia que ha salido a mi encuentro, en rostros familiares, amigos, que me han acompañado a lo largo de mi vida. En ellos, en la Iglesia, es Cristo quien me acompañaba, es la Virgen quien cuidaba de la vida. Y es la experiencia de ese cuidado lo que arranca la vida de la desesperanza y de la angustia, y lo que suscita el amor agradecido, el gusto por la vida. La vida, ahora, es toda signo. Las cosas siguen sin ser infinitas, pero todas señalan la meta, todas vienen de allí. Todas hablan del amor de Dios.

+ Javier Martínez
Del Blog serpersona.info

25 nov. 2017

El reto de vivir








Evangelio día 26: Domingo XXXIV del tiempo ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25, 31-46):

          En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.” Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»
Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mt 25, 31-46



LO DECISIVO

El relato no es propiamente una parábola, sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el juez, que no es otro que Jesús resucitado, y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.
A lo largo de los siglos, los cristianos han visto en este diálogo fascinante «la mejor recapitulación del Evangelio», «el elogio absoluto del amor solidario» o «la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión». Vamos a señalar las afirmaciones básicas.
Todos los hombres y mujeres, sin excepción, serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.
Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.
El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino no lo ha hecho por motivos religiosos. No ha pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente ha buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como «benditos del Padre».
¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el juez, lo que se hace o se deja hacer a ellos se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento lo estamos haciendo con Dios.
Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si no es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.
En cada persona que sufre, Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos interpela. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

Para Jesús no existe novena mejor que esta (y sólo tiene 9 palabras)

Descubre el poder del acto de abandono

Pido a Dios todo lo que necesito. Mucho. A veces, parece que esto es constante, y que vivo diciendo de la mañana a la noche: “Señor, por favor, dame eso” o “necesito eso”. A menudo, mis necesidades también se extienden a las conversaciones con mis amigos. Siempre pido que oren por mí por varias intenciones.
Aunque intente no dejar que mis necesidades estén en el centro de mi oración, eso es casi inevitable. Tanto que a veces me pregunto si no está siento muy pobre.
Y llego a la siguiente conclusión: todos somos pobres; esto forma parte de la condición humana. Sin embargo, aunque nuestra necesidad nos vuelva un poco vulnerables, Dios lo ve de forma diferente. Él conoce nuestras necesidades. Y ellas le glorifican, dándole la oportunidad de respondernos con su bondad y piedad.
Dolindo Ruotolo, un fraile capuchino que vivió de 1882 a 1970, comprendió profundamente la relación entre nuestra necesidad y la bondad de Dios.
Ordenado a los 23 años, Dolindo pasó la vida en oración, sacrificio y servicio. Él escuchó confesiones, dio orientación espiritual y cuidó a los necesitados. Por un tiempo, sirvió como director espiritual de Padre Pío. Incluso, cuando algunos peregrinos de Nápoles, donde residía Dolindo, iban a Pietrelcina, Padre Pío acostumbraba a decir: “¿Por qué vienen aquí teniendo a  Dolindo en Nápoles? ¡Vayan a él, es un santo!”
El fraile se dio a conocer por su espiritualidad de rendición. Muy consciente de la flaqueza y de la necesidad humanas, Dolindo vio esto como una forma de promover una unión continua con Dios.
Al invitarnos a llevar continuamente nuestras preocupaciones y preocupaciones al Señor, él nos enseña que el foco de nuestras oraciones no debe permanecer en nuestras necesidades. Nos anima a llevar nuestras necesidades a Dios, dejándole libre para cuidar de nosotros con su sabiduría. Dolindo nos dice que el Senhor prometió asumir plenamente todas las necesidades que le confiamos. En las palabras de Jesús a Dolindo:
“¿Por qué te confundes con tu preocupación? Déjame a mí el cuidado de tus asuntos y todo estará en paz. Te digo, en verdad, que todos los actos de entrega verdadera, ciega y completa producen el efecto que deseas y resuelven todas las situaciones difíciles. (…)
Mil oraciones no son iguales a un acto de abandono; nunca olvides esto. No hay mejor novena que esta: ¡oh! Jesús, me abandono a ti. Jesús, asume el control.”
Muchas personas han atestiguado curaciones y gracias después de seguir los consejos de Dolindo sobre la constante realización del acto de abandono a la Divina Providencia. La oración de rendición también puede ser hecha en su totalidad o en nueve segmentos más cortos, como una novena diaria.
Yo hice la novena sugerida por fray Duolindo hce casi un año, y creo que no sólo es un recuerdo de la importancia de traer mis necesidades y preocupaciones al Señor, sino también una fuente de gran consuelo y aliento.
Dolindo Ruotolo es actualmente Siervo de Dios; su causa de beatificación está abierta.

Acto de abandono a la Divina Providencia

“Mi Dios, no sé lo que va a pasar en este día. Sé, sin embargo que todo lo que me suceda Tu lo has dispuesto, previsto para mi mayor bien. Me basta saberlo, oh mi Dios, para sosiego y tranquilidad de mi corazón.
Sé que todo estará conforme con tu voluntad, y que el Amor infinito que me consagras con el Padre, el más amable y amigo, el más fiel. Soy como un niño frágil, que nada puedo ni en el orden de la naturaleza, ni de la gracia, y ni siquiera puedo tener un buen pensamiento en Ti.
Me entrego totalmente a tu amor paternal, sabiendo que, así como la madre lleva sólo para el bien al hijo que tiene en brazos, así Tu y mejor que ella, sólo puedes darme lo mejor para mi felicidad, santificación y salvación. Me abandono enteramente a tus santos, impenetrables y eternos designios, y a ellos me someto de todo corazón.
Quiero todo, acepto todo, te ofrezco todo uniéndome al sacrificio de Tu querido Hijo Unigénito y mi Salvador. En nombre de Jesucristo, por su Santísimo Corazón y por sus merecimientos infinitos, te pido la paciencia en el sufrimiento y la perfecta conformidad con Tu voluntad por todo lo que Tu quieras y permitas.
Amém”.
es.aleteia.org

Ironía sobre la política




















Con la ironía que le caracterizaba Groucho Marx decía:“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”. Lógicamente muchos pensamos que debe ser justo lo contrario, por lo que sería bueno darle la vuelta por completo: dar con los problemas reales de la gente, hacer un diagnóstico acertado y poner remedios eficaces.

Pero cuidado, porque en una democracia se supone que a los políticos los elegimos nosotros, por lo tanto no nos precipitemos a la hora de buscar culpables. El voto no puede ser superficial o ligero, ni excesivamente ideologizado e inamovible. Debe ser precedido siempre de una reflexión profunda guiada por preguntas fundamentales:

¿Quién nos puede representar mejor? Muchos ciudadanos nos sentimos escasamente representados por los parlamentarios.

¿Quién puede gestionar mejor los recursos públicos? Es intolerable ver cómo se despilfarra en ocasiones el dinero público.

¿Quién servirá el bien común con más dedicación? A veces uno se pregunta si los políticos tienen una noción mínimamente clara del“bien común” (aquello de lo que se benefician todos los ciudadanos).

¿Quién será más capaz de ser inmune a la corrupción y al enriquecimiento personal? Vemos con frecuencia demasiada tolerancia hacia los corruptos, siendo no pocas veces atenuadas sus penas cuando no indultados por el gobierno.

Del Blog serpersona.info

18 nov. 2017

Evangelio día 19: Domingo XXXIII del tiempo ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25, 14-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.” Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.” Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.” El señor le respondió: “Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”»
Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mt 25, 14-30




BÚSQUEDA CREATIVA

A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Es sorprendente ver que el tercer criado es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en no hacer nada: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.
El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.
El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar la gracia; conservar la vocación…
Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa, asegurar la pertenencia a la Iglesia… Todo puede ser explicable, pero, ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el Evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?
Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo «repetir» de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?
Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman «prudencia», «fidelidad al pasado», «resignación»… Llevan más bien otro nombre: «búsqueda creativa», «audacia», «capacidad de riesgo», «escucha del Espíritu», que todo lo hace nuevo.
Lo más grave puede ser que, lo mismo que el tercer criado de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando en realidad estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

POR UNA RENOVACIÓN PASTORAL PARROQUIAL

El Sínodo de nuestra diócesis de Santiago de Compostela, recientemente concluido, pretende como un objetivo primordial realizar desde las parroquias UNA RENOVACIÓN PASTORAL en orden a conseguir UNA IGLESIA de MISIÓN que transforme la sociedad de hoy.

La primera gran propuesta es la de FORMAR Y ACTIVAR los agentes de pastoral de la EVANGELIZACIÓN Y CATEQUESIS, los de la CARIDAD PARROQUIAL y los de LA LITURGIA en las parroquias.
La Diócesis, nuestra diócesis compostelana, programó 16 encuentros en el centro de los SALESIANOS DE CASTRELO, para llevar a cabo esta formación y actualización de los AGENTES DE LA MISIÓN PASTORAL en cada parroquia.
Para este curso 2017 -2018 los dieciséis temas están agrupados en tres grandes bloques:

-  Primer bloque el de la FE CREÍDA = Será la reflexión del CREDO APOSTÓLICO desde las Sagradas Escrituras, Teología y Catequesis.
-         El segundo bloque es el de LA FE VIVIDA  Y TESTIMONIADA:  Un estudio reflexivo y espiritual de las Bienaventuranzas y Mandamientos; también desde las Sagradas Escrituras, Teología y Catequesis, para formar la Comunidad Cristiana en la caridad y testimoniarla a través de la Cáritas parroquial.
-         Y un tercer bloque va a ser el de LA FE CELEBRADA: Reflexionar en torno a LOS  SACRAMENTOS, sobre todo el de la Eucaristía o Santa Misa también desde las Sagradas Escrituras, la teología y la Catequesis.
-         Nosotros haremos en la parroquia (de un modo asequible, básico y concreto), lo que se realice en estos encuentros diocesanos. En el Boletín parroquial se informará  la comunidad y en las reuniones que ya tenemos programadas en la parroquia, con los  equipos de Misión de la Catequesis y la Cáritas, profundizaremos un poco más en estos temas para así alcanzar la debida formación y actualización de nuestros agentes de Pastoral.

Nota: En todos los bloques se celebrará un día de oración y de retiro.

La corona de adviento

Ya se acerca la Navidad y el primer paso para esta fiesta tan colorida llena de significados es preparar la corona de Adviento

La  corona es una costumbre originaria de los países germánicos y extendida a América del Norte. Durante el frío y la oscuridad del final del otoño, los pueblos germánicos pre-cristianos recolectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida del sol naciente y de la primavera. Con el tiempo esta costumbre fue convertida en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos, parroquias y comunidades.
¿De qué esta hecha? Generalmente de ramas o follaje verde, cuatro velas y algún adorno sobre ellas como manzanas rojas y  listón rojo. Pero para hacer una en casa puedes usar cualquier material que tengas a tu alcance, aquí entra en juego la creatividad y el sano entretenimiento en familia.

Manos Unidas

11 nov. 2017

El video del Papa Noviembre 2017

Evangelio día 12: Domingo XXXII del tiempo ordinario

Quien espera la llamada de Jesús que no olvide el cargador

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25, 1-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.” Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.” Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos.” Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco.” Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola
Mt 25, 1-13

ENCENDER UNA FE GASTADA

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.
No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.
Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus lámparas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue el novio a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo, donde se celebrará el banquete nupcial.
Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para alimentar sus lámparas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite, con el riesgo de que se les apaguen las lámparas.
Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus lámparas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las lámparas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.
Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del aceite. ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Jesús?
¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?
Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

Necesitamos de los demás

Leemos en Aceprensa:


La obesidad es un factor de riesgo importante para la salud de la persona. Lo interesante, sin embargo, es que la soledad puede ser aun más perjudicial que llevar en sí mismo unos kilos de más, y lo demuestran las estadísticas: las personas aisladas tienen un 50% más de probabilidades de morir antes de los 70 años, en comparación con aquellas que mantienen una buena conexión social. Para los obesos, el riesgo es “solo” un 30% mayor respecto a los no obesos.


Los números parten de un informe elaborado por un equipo de expertos de varias universidades estadounidenses y publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (AAP). Los psicólogos Julianne Holt-Lunstad, Theodore Robles y David A. Sbarra examinaron los resultados de más de 210 investigaciones con una muestra total de casi 4 millones de personas –la gran mayoría de EE.UU., pero también de Europa, Asia y Australia–, y constataron la diferencia entre los índices de mortalidad de las personas que tienen conexiones sociales y las que no.

Los autores califican el aislamiento social sin medias tintas: es una “amenaza a la salud pública”: según explican, la cuarta parte de los estadounidenses viven solos, y entre los mayores de 60, el sentimiento de soledad intensa o frecuente afecta a una proporción aun mayor, hasta del 43%, según un estudio.

Entre las causas del fenómeno, citan que el tamaño de los hogares ha decrecido desde 1985, a la vez que han subido un 10% los formados por solo una persona. La tendencia descendente en el número de personas casadas y de hijos, junto con el envejecimiento de la población, reduce las posibilidades de apoyo familiar en la tercera edad.


Imaginar la sombra



Imaginar la sombra
simplemente
de un sueño que no fue,
o el eco de una luz
que vino
para abolir la noche.

Nunca fueron los hados
tan propicios,
ni las aves volaron
tan cercanas
como el día en que el cielo
se cerró
por exceso de santos.


Elpídio Ruíz Herrero


9 nov. 2017

No más tabaco en el Vaticano, palabra de papa Francisco

En la Ciudad del Vaticano se vendía tabaco a buen precio: se acabó el negocio

El papa Francisco ha ordenado la prohibición de vender tabaco en la Ciudad del Vaticano al considerar que ningún beneficio puede ser legítimo si la gente puede morir por su consumo.
“El Santo Padre ha decidido que el Vaticano dejará de vender cigarrillos a sus empleados a partir de 2018”, dijo Greg Burke, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede este jueves 9 de noviembre de 2017.
“El motivo es muy simple: la Santa Sede no puede cooperar con una práctica que perjudica claramente la salud de las personas. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año el tabaco es la causa de más de siete millones de muertes en todo el mundo”, constató Burke.
“A pesar de que los cigarrillos vendidos, a precio descontado, a los empleados y pensionistas del Vaticano sean una fuente de ingresos para la Santa Sede, ningún beneficio puede ser legítimo si pone en peligro la vida de las personas”, añadió.

4 nov. 2017

Aunque todos, yo no


La pluralidad de opiniones es consecuencia de nuestra libertad personal y de la gran diversidad de la experiencia humana. No solo las sucesivas generaciones perciben la realidad de manera distinta, sino que incluso cada uno a lo largo de su vida va evolucionando en sus opiniones. 

Esta defensa del pluralismo no implica una renuncia a la verdad o su subordinación a un perspectivismo culturalista. Al contrario, el pluralismo estriba no solo en afirmar que hay diversas maneras de pensar acerca de las cosas, sino además en sostener que entre ellas hay —en expresión de Stanley Cavellmaneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el diálogo racional los seres humanos somos capaces de reconocer la superioridad de un parecer sobre otro.

      Me parece que en el conflicto catalán nos encontramos ante un gravísimo desacuerdo tóxico en el que los políticos y los medios de comunicación hacen todo lo posible para no entenderse, para no comprender la parte de verdad que se encierra en las posiciones contendientes. Los políticos alimentan los votos que les apoyan favoreciendo la fractura, polarizando la sociedad en una perversa dialéctica amigo-enemigo, mientras que creen perder votos si buscan el consenso y el pacto. Cuando pasa eso —tal como enseña la historia— quienes perdemos somos siempre los ciudadanos de a pie que preferiríamos que se escucharan unos a otros, reconsideraran sus posiciones y buscaran soluciones intermedias. En todo caso, me parece que mi anciano padre tenía razón: no podemos pagar nosotros los intereses partidistas de todos los políticos de Barcelona, Madrid y Bruselas.

No elegimos a unos representantes en los diversos organismos que constituyen nuestra sociedad democrática para que se peleen entre sí, sino para que representándonos se pongan de acuerdo, lleguen a pactos transaccionales, a arreglos que hagan posible la convivencia social, tal como hacemos todos a nivel familiar o con los vecinos de nuestra escalera cuando hay intereses o voluntades contrapuestas. Por eso, resulta tan importante aprender a estar en desacuerdo y aprender a dialogar —si es posible, en torno a una mesa sabrosa o con unas buenas cervezas— con aquellos con los que estemos en desacuerdo para llegar a una solución consensuada.


La expresión “Aunque todos, yo no” que abre este texto procede del evangelio (etiamsi omnes, ego non) cuando el apóstol Pedro dice a Jesús que aunque todos los abandonen, él no lo abandonará. Fue utilizado por Joachim Fest “Ich nicht” [“Yo no“] como título de su libro de memorias en el que evocaba su radical oposición al nazismo en Alemania desde el primer momento, cuando Hitler y su ideología recibieron el apoyo de la sociedad alemana en general y de los profesores universitarios en particular. Personalmente, pienso que un profesor en activo no debe tomar partido, sino que precisamente ha de defender el papel de la razón y de la buena voluntad para llegar a acuerdos, a soluciones pactadas, que favorezcan la concordia porque no humillen a ninguno de los discrepantes.

Evangelio día 5: Domingo XXXI del tiempo ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23, 1-12):


En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mt 23, 1-12



NO HACEN LO QUE DICEN

Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.
¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.
«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.
«Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas». Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.
«Todo lo hacen para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.
«Les gusta el primer puesto y los primeros asientos […] y que les saluden por la calle y los llamen maestros». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?
«No os dejéis llamar maestro […] ni preceptor […] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?
«No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo». Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?