28 nov. 2018

100 años después.


De  https://pastoralsj.org

Hoy se conmemoran los 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial. A las 11 horas del día 11 de mes 11. Ese fue el momento acordado para dar por finalizada una de las mayores masacres de la historia de la humanidad. Lo que parecía que iban a ser una guerra corta y sencilla –«nos veremos en casa por Navidad», decían los soldados en verano de 1914– se convirtió en una pesadilla que duró más de cuatro años.


Y fue también a las once de la mañana. A esa hora el coche que transportaba al Archiduque Francisco Fernando y a su mujer se paró en mitad de una brusca maniobra. El chófer no conseguía arrancar el motor. De pronto, en medio de la multitud sonaron dos chasquidos con apenas un segundo de diferencia. Inmediatamente, el caos. Con toda seguridad, ninguno de los habitantes de Sarajevo que presenciaron el asesinato del heredero al trono de Austria-Hungría pudo imaginar que ese atentado desencadenaría un terremoto que arrasaría Europa. Un episodio cuyas consecuencias políticas siguen presentes aún hoy.


Y la guerra estalló, como estallan todas las guerras: sin que nadie fuese verdaderamente consciente de la pesadilla que iba a comenzar. Una amenaza siguió a otra. Una provocación a otra provocación. A un lado Francia, Inglaterra, Rusia, Estados Unidos e Italia. Al otro lado el Imperio Otomano, el Imperio Astrohúngaro y Alemania. Los voluntarios se alistaban en masa. Los centros de reclutamiento estaban saturados. Los soldados principiantes y veteranos marchaban al frente felices. Orgullosos de poder defender a su país. Nadie pensaba que la guerra duraría más de unas pocas semanas. Meses, quizás. Todo era optimismo, patriotismo, iban a hacer historia. Pero lo que prometía ser un paseo militar se convirtió en una carnicería de más de cuatro años con 17 millones de muertos y 20 millones de heridos.


Las consecuencias políticas de aquel conflicto continúan hoy día. La desintegración del Imperio Otomano provocó que territorios como Palestina –junto con el actual Estado de Israel– pasasen a control británico. A su vez, el ejército otomano inició una campaña de genocidio contra los cristianos armenios. Se crearon países artificiales como Checoslovaquia y Yugoslavia y se reconfiguró el espacio colonial africano. Por otra parte, el desastre económico y humano que sufrió por el Imperio Ruso fue uno de los desencadenantes de la Revolución de Octubre.


Pero todavía vendrían consecuencias aún más trágicas. Alemania, una de las grandes perdedoras, sufrió unas imposiciones durísimas –humillantes– por parte de los vencedores. Pronto en el país germano se acuñó la leyenda de la 'puñalada por la espalda': la derrota alemana no había sido culpa del ejército sino de un enemigo interior –burgués, judío, progresista y de izquierdas– que había traicionado a la nación. La frustración y el resentimiento por la derrota y por situación de la postguerra fue terreno abonado para el auge del nacionalsocialismo.


Y lo peor y lo más triste es que la guerra no sirvió para nada. Como ninguna de las guerras anteriores. Como tampoco sirven las que existen hoy día. Se movieron fronteras, se cambiaron himnos y banderas. Millones de muertos, mutilados, dementes. Ciudades arrasadas. Quedó un odio larvado que estallaría apenas veinte años después, en 1939, con la Segunda Guerra Mundial.
Ojalá los homenajes de hoy, las millones de amapolas de papel que serán repartidas, sirvan para recordar que la guerra es y será siempre irracionalmente inútil.


Consejos para ir a misa con niños pequeños.




Consejos de una madre de 5 niños
Anota:
1 – Haz de la misa dominical una rutina completamente previsible, siempre en el mismo horario, siempre en la misma iglesia.
2 – Evita los horarios de sueño y los cercanos a las comidas, pues los niños con hambre y sueño se vuelven más irritables.
3 – Ofrecer palomitas, galletas, caramelos, y permitir juguetes durante la misa proporcionan un mal hábito a los niños, dificultando su entendimiento sobre el valor de la misa y la virtud del orden.
4 – Utilizar el recurso de un único juguete silencioso para los niños menos de 2 años, puede colaborar en situaciones más difíciles, pero debe evitarse. Ver punto 3.
5 – Palomitas, sorbete y caramelos, pueden negociarse tras finalizar la misa, y pueden hasta volverse una rutina deseada por los niños.
6 – Caminar no es hablar, hasta los 2 años y medio aproximadamente algunos niños aún son inquietos, distraerlos con un paseo por el fondo de la iglesia puede ayudar, pero ellos ya son capaces de comprender el silencio.
7 – Tras los 3 años de edad los niños son capaces de mantenerse sentados en su lugar, con pocas excepciones.
8 – Evita sentarte junto a otros niños.
9 – Cuanto más silenciosa es la misa, mejor es la comprensión del niño sobre su silencio, evita las misas con demasiado ruido.
10 – De preferencia la iglesias con adornos y condiciones de reverencia, los niños comprenden donde están si el medio exterior refleja las necesidades interiores. 
11 – Habla con el niño sobre cómo debe ser su comportamiento en la misa. Habla antes de ir a misa, en la puerta de la iglesia y cuando se acomoden en sus lugares. Sé específico y explica cuáles son las etapas, orientaciones vagas como decir “necesito que te comportes” no tienen sentido para ellos. No olvides elogiar su buen comportamiento y también hazlo de forma específica.
Karen Fernandes, madre de 5 niños.

23 nov. 2018

EVANGELIO día 25: Domingo de JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

"Viviré para alabar, hacer reverencia y servir a Jesús mi Rey"


        Lectura del santo evangelio según san Juan (18,33b-37):

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?»
Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (18,33b-37)

LO DECISIVO

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año 30 un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.
El evangelio de Juan relata el diálogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento, Jesús hace esta solemne proclamación: «Yo para esto nací y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».
Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad, y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos.
Por eso Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos, que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios, que la defienden por obligación, aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad, sino testigo.
Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio, sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en «voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz» (Jon Sobrino).
Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los poderes financieros y de la gestación política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.
Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.
Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No podemos acostumbrarnos a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en defensa de los últimos. Quien es de la verdad escucha su voz.

20 nov. 2018

«Las ciudades no son personas. Pero, al igual que las personas, tienen su propia personalidad. Algunas tienen múltiples personalidades. Hay muchos Londres, un montón de Nueva York diferentes.


Una ciudad es una colección de vidas y edificios, y posee una identidad y una personalidad. Las ciudades existen en el espacio y en el tiempo.Hay ciudades buenas, las que te dan la bienvenida, parecen preocuparse por ti, se alegran de que estés en ellas. Hay ciudades indiferentes: a las que, sinceramente, les de igual que estés o no estés en ellas; ciudades que van a lo suyo, que ignoran a la gente. Hay ciudades que se han vuelto malas, y en las ciudades saludables también hay lugares tan podridos e infestados de gusanos como las manzanas que se caen por culpa del viento. Hay incluso ciudades que parecen perdidas, ciudades sin centro que da la sensación de que serían más felices en otro lugar, más pequeño, más fácil de entender.


            Algunas grandes ciudades se propagan como un cáncer, como esos monstruos viscosos de las películas de serie B, y lo devoran todo a su paso, absorben ciudades más pequeñas y pueblos, se zampan vecindarios y aldeas, y se transforman en urbanizaciones sin límites. 

Otras ciudades se contraen, zonas que en otros tiempos fueron prósperas se vacían hasta extinguirse: los edificios se vacían, se clavetean tablones en las ventanas, la gente se marcha y a veces ni siquiera saben decirte por qué.


De vez en cuando, me da por pensar cómo serían las ciudades si fueran personas...

Neil Gaiman, La vida desde las últimas filas

https://pastoralsj.org

¿Qué predicaba Oscar Romero?

La mayor parte de los católicos sabemos que el arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, ahora santo, fue asesinado al concluir la homilía de la Misa que celebraba en una pequeña capilla del hospital de la Divina Providencia, “el Hospitalito”, el 24 de marzo de 1980. ¿Qué predicaba Oscar Romero el día que lo mataron? Nos lo cuenta Aleteia:


El Evangelio de ese día. “Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor”* ( Biblia de América)

El arzobispo, lo primero que hizo en su última homilía, recogida y traducida al inglés por el padre jesuita James R. Brockman, autor de “Romero: una vida”(Orbis Books) quien reexaminó la grabación y la publicó en 1992, fue retomar la figura de doña Sara Pinto, recordando que todo cristiano debe tener una vida intensa.

“Muchos no entienden, y piensan que el cristianismo no debería involucrarse” en la vida social, política, económica de un pueblo. “Pero, por el contrario, ustedes acaban de escuchar el Evangelio de Cristo, que uno no debe amarse a sí mismo tanto como para evitar involucrarse en los riesgos de la vida que la historia nos exige, que aquellos que evitan el peligro perderán su vida, mientras aquellos que por amor a Cristo se entreguen al servicio de los demás vivirán, como el grano de trigo que muere, pero solo aparentemente. Si no muriera, quedaría solo. La cosecha se produce porque muere, se deja sacrificar en la tierra y se destruye”.

Tras introducir la circunstancia particular, la de doña Sara y su labor por la gente más humilde de El Salvador (junto con el trabajo de su esposo y de su hijo), monseñor Romero lo ligó con el mensaje de la “Gaudium et Spes” y la esperanza que inspira a los cristianos:

“Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, especialmente una que está tan inmersa en la injusticia y en el pecado, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios desea, que Dios exige de nosotros. Y cuando uno encuentra personas generosas, como Sarita, y su pensamiento encarnado en Jorgito (su hijo) y en todos los que trabajan por estos ideales, debe tratar de purificarlos, por supuesto, cristianizarlos, vestirlos con la esperanza de lo que hay más allá. Eso los hace más fuertes, y nos da la seguridad de que todo lo que trabajamos en la tierra, si lo alimentamos con una esperanza cristiana, nunca será un fracaso. Lo encontraremos en una forma más pura en ese reino donde nuestro mérito estará en lo que hemos trabajado aquí en la tierra”.

http://www.serpersona.info

17 nov. 2018

Evangelio día 18: Domingo XXXIII del tiempo ordinario


"Jesús está a la puerta...se abre desde el interior"

Lectura del santo evangelio según san Marcos (13,24-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»
Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc (13,24-32)

NADIE SABE EL DÍA

El mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.
Un día, la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones?
Jesús habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. «Nadie sabe el día o la hora…, solo el Padre». Nada de psicosis ante el final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre.
Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada haya ocurrido?
Jesús recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy iluminan la tierra y hacen posible la vida se apagarán. El mundo quedará a oscuras. ¿Se apagará también la historia de la humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?
Según la versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al «Hijo del hombre», es decir, a Cristo resucitado, que vendrá «con gran poder y gloria». Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.
Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán así? Con una sencillez sorprendente invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.
Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos Dios. Nuestra historia apasionante llegará a su plenitud.

De odresnuevos.info

11 nov. 2018

Leer, conversar, escribir

             

Francis Bacon, filósofo inglés del siglo XVII dijo que “la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso”. Me parece una buena descripción del resultado de estas tres acciones intelectuales: leer, conversar y escribir.


La lectura bien seleccionada, reposada y debidamente asimilada, completa nuestra inteligencia: la hace vasta y profunda.
El diálogo, la conversación nos hace ágiles, nos enseña a escuchar y hablar adecuadamente, ejercitando nuestra capacidad mental.
La escritura nos obliga a precisar al máximo lo que queremos decir. Escritura es precisión y exactitud en la formulación de los conceptos.
Quien sabe leer, conversar y escribir posee una personalidad unificada y una selecta formación.
De serpersona.info

¿Por qué llevas esa cruz?



Si me pidieran una definición sencilla de mí misma, podría decir que tengo 20 años, soy estudiante y me confieso creyente. Sí, soy joven y creyente a la vez, y lo subrayo porque en nuestros días hay quien dice, con total seguridad en su afirmación, que eso es imposible. Que las palabras joven y creyente no casan bien en una misma frase, porque «los jóvenes ya no hacemos eso», porque «ser creyente es ser un carca», porque «la sociedad está cambiando».
Efectivamente, la sociedad está cambiando, pero no por ello la gente deja de apostar por la fe. Y digo apostar porque parece que en nuestros días creer supone arriesgarse a ser tomado en serio o no. Muchas veces, por miedo a perder una reputación, una seguridad o una confianza, preferimos callarnos y guardarnos lo que sentimos para alguien que comparta nuestra fe.
La gente creyente joven (y con joven me refiero a persona en edad universitaria) vive diariamente una serie de situaciones incómodas y sin sentido que hacen reflexionar. Son cosas tan simples como sentir vergüenza al decir que uno va a misa (o directamente ocultarlo) o llevar un signo religioso visible y que la gente le pregunte: «¿Por qué llevas esa cruz?» Pues ahí está la clave del asunto, ¿por qué llevamos esa cruz? ¿Por qué cargamos con el peso de la vergüenza y el incomodo cuando se trata de hablar de nuestra fe? Son muchas las ocasiones en que nos vemos obligados a callarnos o a minimizar nuestras creencias por miedo a lo que puedan pensar. Por miedo a que nos encasillen como ‘antiguos’ o a que, directamente, nos rechacen.
Sin embargo, ¿merece la pena ese miedo frente a la libertad de poder decir en alto lo que uno siente? Yo creo que no. Porque cuando uno ha elegido, o más bien, se ha sentido llamado a seguir este camino, el miedo no es más que un obstáculo que ralentiza la marcha. La duda es inherente a la fe, pero el miedo lo ponemos nosotros. Y toda persona se merece ser feliz siendo una misma. Pero es cada uno quien debe decidir sobre su vida, enfrentarse a sus miedos y pronunciar en alto las palabras que los provocan. Y también debe hacer ver a esa sociedad que no lo entiende que un joven creyente no es una persona antigua o alguien que acuda engañado a seguir las tradiciones de sus padres. Se trata, sencillamente, de alguien que busca respuesta a sus preguntas y que ha descubierto en su vida otra forma de ver el mundo. Alguien que busca más allá.

De pastoralsj.org

10 nov. 2018

Evangelio día 11: Domingo XXXII del tiempo ordinario


Lo poco con Amor es mucho

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
Palabra del Señor




Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc (12,38-44)

LO MEJOR DE LA IGLESIA

El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos: «¡Cuidado con los maestros de la Ley!», su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.
Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.
La religión les sirve para alimentar su fatuidad. Hacen «largos rezos» para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por encima de todos. En el fondo solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose de las personas débiles, a las que deberían servir.
Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.
En la segunda escena, Jesús está sentado frente al arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.
Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, «ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir». Mientras los maestros viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende por los demás, confiando totalmente en Dios.

De odresnuevos.info
Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los futuros dirigentes de su Iglesia.
También hoy tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros ni pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el Evangelio de Jesús. De ellos hemos de aprender los presbíteros y los obispos.

7 nov. 2018

La Basílica de Guadalupe y Ciudad de México abrazan las caravanas de migrantes

En los últimos días han llegado más de 5.000 migrantes a México

dE Jaime Septién
ALETEIA.ORG
Ya no es una, son varias.  Ya no son 3.000 personas.  Pueden llegar a la Ciudad de México 6.000 migrantes en las próximas horas.  Ya no vienen solo de Honduras, otras caravanas vienen El Salvador, Guatemala…

Unos van a regresar, otros se van a quedar en México.  
Son las caravanas que han puesto en jaque al sistema migratorio internacional (no nada más a Estados Unidos o México) y dejado al descubierto el rostro de la corrupción y la violencia que aqueja a nuestra región y a otras regiones del planeta.



Lejos de lo que ocurre normalmente al paso anual de –aproximadamente— 400.000 migrantes provenientes de América Central, del Caribe y de muchos otros puntos geográficos del planeta (por ejemplo, de África), en esta ocasión y por la cobertura mediática, las caravanas han encontrado un México que los cuida, los acoge, vela por su bienestar y mantiene alejadas a las mafias de “polleros”, agentes migratorios, tratantes de personas, extorsionadores y narcotraficantes.
Un país con que actúa con los migrantes de manera similar a la labor que, durante años, ha estado haciendo con ellos la Iglesia católica y otras denominaciones religiosas.

“Nos sentimos protegidos. Hay personas de derechos humanos, monjas, la Iglesia Católica, la Cruz Roja”, dijo Edwin Paz, un mecánico de 41 años que salió de Honduras el 12 de octubre con su esposa, embarazada de dos meses y medio, y un hijo adolescente.
Las parroquias del sur de México han alimentado a los migrantes y han recolectado ropa y zapatos para ellos. Algunos mexicanos de medios humildes han ofrecido lo que pueden: platos de frijoles, arroz y tortillas; bolsas de plástico llenas de agua y ropa de uso suave. También cobijas, chamarras, suéteres, porque el frío arrecia en el centro del país en este mes de noviembre.
En múltiples templos se han habilitado los salones parroquiales para darles cabida.  Y en este momento, en la capital de la República, la Basílica de Guadalupe, entre otros refugios como el centro deportivo de la “Magdalena Mixchuca”, está recibiendo a las caravanas con toda la solidaridad cristiana y humana con la que México solía acoger al refugiado.
Entre martes y miércoles han llegado a la capital del país 5.500 migrantes: 70 por ciento son varones, 20 por ciento mujeres y 10 por ciento son niños de acuerdo con los informes del Gobierno de la Ciudad de México y del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR),  La mayor parte de ellos se encuentra en el Estadio Jesús Martínez, a un costado del Autódromo “Hermanos Rodríguez”, donde hace un par de semanas se celebró la carrera de Fórmula 1 en la que obtuvo su quinto título mundial el piloto inglés Lewis Hamilton.

Otras caravanas vienen pisando los talones de la que partió de San Pedro Sula (Honduras).  Aprovechando el momento, unas vienen de El Salvador y otras de Guatemala.  También hay africanos entre ellos.  Y haitianos.
Todos en busca del “sueño americano” aunque el presidente Trump haya dicho que no pasará uno solo.  Y que si tiran piedras a sus soldados (cerca de 7.500 en la frontera de Texas), “serán aprehendidos” e inmediatamente deportados.

Todos en vilo por el resultado de las elecciones intermedias en Estados Unidos.

6 nov. 2018

4 nov. 2018

Dad palabras al dolor.



"Dad palabras al dolor. 

  La desgracia que no habla, murmura en el corazón, que no puede más, hasta que lo quiebra".

Macbeth, W. Shakespeare



Hay palabras que nos dan miedo. Las dejamos sin expresar o, todo lo más, las susurramos o las disfrazamos. Las hemos hecho “malditas”, obscenas. Una de ellas es muerte. Y es que ahora las personas no se mueren, se van. Otra es sacrificio. Que es algo que “no se lleva”, que es de raros, de “carcas”… Otra es sufrimiento. Queremos vivir de espaldas a la realidad de esa palabra. No se trata ya de evitar el sufrimiento, es que, en muchos casos, ni siquiera estamos dispuestos a aceptar “simples inconvenientes”. Y otra palabra es dolor. 
No es malo evitar el dolor porque el dolor no es bueno y no es sano desearlo. El masoquismo no es una virtud, es una disfunción sexual… Lo que no es bueno es intentar evitarlo a cualquier precio… Hay tantas experiencias profundamente humanas y humanizantes que nos “perderíamos” si no estuviéramos dispuestos a padecer dolor.Amar a otra persona. Ser padres. Mirar a nuestra auténtica realidad. Sumergirnos en los problemas reales del ser humano. Mirar a los ojos de la gente que sufre... Bien sabía Dante que “quien sabe del dolor, todo lo sabe”. 
Otra cosa es qué hacemos con el dolor. Podemos vivirlo narcisísticamente, encerrándonos en nuestro propio dolor. Podemos, incluso, creernos los campeones del sufrimiento. Podemos hacer que todo el mundo se entere de cuánto sufrimos, de cuánto nos duele… Pero podemos vivir nuestro dolor descentradamente, como lo hizo Jesús. El dolor no redime, no libera. Lo que redime, lo que libera es cómo vivimos el dolor… Decía uno de mis profesores que “más importante que lo que nos pasa es qué hacemos con lo que nos pasa”. 
Y es que el dolor puede ser aceptado, asumido, encarado,“pronunciado”, incluso puede ser abrazado y llamado “hermano dolor”. Pero eso sólo es posible a base de grandes dosis de amor. Es el corazón el que debe lidiar con el dolor, porque ninguna racionalización nos puede llevar a aceptarlo. Sólo el amor puede hacer que el dolor nos haga mejores. Sólo el amor puede hacer que el dolor que sentimos nos haga comprometernos para luchar por “unos cielos nuevos y una tierra nueva”.
De PastoralSJ.org