Mostrando entradas con la etiqueta Meditaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meditaciones. Mostrar todas las entradas

22 may 2020

El dedo de Dios



“Dexterae Dei dígitus” (del Himno “Veni Creator”)

Todos hemos tenido la oportunidad de contemplar, aunque sea en alguna reproducción, el fresco de la creación del hombre, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina: Dios Padre estirando su brazo derecho y extendiendo su dedo divino hasta casi tocar el dedo de Adán que está reclinado en el suelo y vuelto hacia él. Por un lado, todo es energía y vida; por el otro, todo es inercia, abandono y espera. Es un modo nuevo de representar, en arte, el momento en que, según la Biblia, Dios «sopló» en Adán un hálito de vida, y él, de simulacro inerte de barro, se convirtió en un ser viviente (cfr. Gn 2,7).
Esta imagen es la mejor representación visual que se pueda dar del título «dedo de la diestra de Dios» atribuido al Espíritu Santo. De la imagen del Espíritu como soplo divino pasamos así a la imagen del Espíritu como toque de Dios. En este capítulo vamos a ver cómo hemos llegado a identificar ese dedo extendido de Dios con la persona del Espíritu Santo, pero sobre todo vamos a descubrir que, si queremos, hoy podemos ser nosotros ese Adán débil y «tumbado en el suelo» que estira su dedo esperando recibir de Dios energía y vida.
Hay una profunda intuición teológica en esta imagen del Espíritu como toque de la diestra de Dios. Quiere decir que el Espíritu Santo es el «lugar» donde Dios encuentra a la criatura, donde la Trinidad se extiende fuera de sí misma (ad extra); donde Dios «se sale» de sí mismo para comunicarse al mundo. El Espíritu Santo es aquel que hace posible un cierto «contacto espiritual» con lo divino. Esta idea alcanzará su dimensión más profunda e interior en los místicos, que utilizarán la imagen táctil y afectiva del «toque beatísimo del Espíritu Santo», para indicar una de las maneras más fuertes con las que Dios se comunica al alma. Pero, también de esta forma, procede de la definición bíblica del Espíritu Santo, como «dedo de Dios». Dice un conocido místico:
«El espíritu humano es elevado a la unión con el Espíritu de nuestro Señor y cada uno de los dos espíritus toca al otro con amor... El toque es obra divina, la fuente desbordante de toda gracia v de todo don, y es el último intermediario entre Dios y la criatura».
R. Cantalamessa

23 abr 2017

“Ámame como yo te amo”

La puntilla de Salvador Sostres en la Cope:


           El niño se hace hombre, cuando aprende a hablar con su muerte. No se puede amar la vida, sin llevarte bien con la muerte, con tu propia muerte. Yo al principio le tenía mucho miedo, demasiado miedo, pero en mis largos paseos de madrugada he aprendido a hablar con ella, asumirla tal como es y cómo llega, lo mismo que la vida me sume a mí con todas mis rarezas.
Tener una buena relación con mi muerte, me ha ayudado a ser más libre, a no estar tan asustado, a que los esfuerzos me cuesten menos, y el placer me dure más.  Me ha permitido también ser más consciente de la importancia de cada instante y profundizar en el sentido de la eternidad.
Mi muerte y yo nos reímos de los que todavía no han entendido, que la tranquilidad no es quedarse quieto, sino luchar por lo que merece la pena, defender a tus amigos como a la princesa de los bárbaros y saber encontrar la paz en el ojo del huracán. La tranquilidad no es estar tranquilo, sino pelearlo todo, perderlo todo y decir entonces muy despacio un Padrenuestro.
Habla con tu muerte, búscala entre los pliegues de tu miedo, es tu más fiel compañera y no podrás entenderte que hasta que la entiendas será quien te lleve, pero no podrías vivir sin ella.  De mi muerte he aprendido lo mucho que amo la vida y de lo que querría estar seguro de dejar a mi hija cuando mi momento llegue.

Desde la montaña del Tibidabo, cuando asoma el sol naranja del alba, es posible ver la mano lenta de Dios meciendo la ciudad y escuchar susurrar el arrullo del insomne. Ayer lo vimos juntos mi muerte y yo, tras un largo paseo y le pregunté si existe ya un plan para mí o está todavía por escribir. Ella me sonrió, me acarició la cabeza y me dijo… Deja de preocuparte por lo que no puedes controlar y ámame como yo te amo y serás inmortal”.

20 abr 2017

«Es tarde, pero es todo el tiempo que tenemos..."

Siento si seguimos dándole vueltas a lo mismo, pero es que es tan profundamente serio lo que estamos viviendo que cuesta callar y volver la mirada, aunque la tentación sea querer estar ya hoy en Albanta, huir del país o del planeta.


Días atrás un amigo me regaló una canción de Aute que desconocía, Albanta. «Yo sé que allí, allí donde tú dices, no existen hombres que mandan, porque no existen fantasmas, y amar es la flor más perfecta que crece en tu jardín en Albanta». Y hoy pensaba que ahí, ahí donde yo como cristiana sueño, ese país quiero construir, pero no huir. Aquel mismo día una amiga me regaló una de las oraciones de Pedro Casaldáliga: «Es tarde, pero es todo el tiempo que tenemos a mano para hacer futuro. Es tarde, pero somos nosotros esta hora tardía».
Y es ahí donde quiero llegar, más allá de la presunción de inocencia o de la críticas a políticos, duques o nuestro vecino de al lado, sin olvidarnos de nosotros mismos, que puede que sea el mejor lugar para empezar. Es aquí y ahora donde tenemos que decidir y construir como cristianos. No es hora de desconfiar de todo, de agarrarnos al comportamiento de otros para justificar nuestra dejadez, es aquí y ahora, donde tenemos que construir y dar una señal distinta. Y sigue Pedro: «Es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco». La tentación es huir, pero la llamada valiente es ayudar a construir Albanta o aquel país donde tú dices.
Ana Vázquez Ponzone (PastoralSJ.org)