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5 feb 2019

FRIO

La noticia apareció el día 31 de enero. La leí en la edición digital de un conocidísimo diario de tirada nacional. Estaba en la sección internacional. Había que buscar mucho para encontrarla: ocupaba el puesto número 13 en una larga lista con otros temas: la supuesta fortuna de Nicolás Maduro, la condena por violación de dos policías franceses o el nuevo gobierno libanés. Allí, justo detrás de la ola de frío en Chicago –que irónico, o mejor, que sarcástico–, se podía leer «Al menos 29 niños y recién nacidos han muerto de frío en un campo de refugiados sirio».

Seguí leyendo y supe que la OMS calificaba la situación de desoladora. Debido a los combates en la región de Deir Ezzor, en el norte de Siria, unas 23.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, habían llegado al campo de Al Hol, huyendo de las zonas controladas por el Estado Islámico. Llegaban 'desnutridos y exhaustos' tras caminar durante varios días y dormir varias noches al raso. Cuando alcanzaban el campo de refugiados muchos de ellos eran incapaces de superar las penalidades del viaje y morían poco después. El hambre y el frío son una mala combinación. Y ahí estaba la cifra: 29 niños y recién nacidos muertos de hipotermia.
23.000 personas, una tras otra, hacen una fila muy larga. Y además, cada refugiado tiene nombre, apellido y una historia propia, diferente. Y en esa fila imaginaria hay 23.000 historias y muchos, muchísimos recuerdos que se quedaron en casa: el olor a la comida que hacía la abuela, los juguetes que se dejaron atrás. Aquellos álbumes tirados por el suelo –no hubo tiempo para al menos recoger un par de fotos–, postales, el retrato de la boda de papá y mamá, la ropa del bebé. La pelota del crío. Los electrodomésticos, los documentos personales… 23.000 vidas andando a la intemperie, una tras de otra.
La guerra de Siria dura demasiado, casi ocho años. Realmente, todas las guerras duran demasiado. La que destrozó Yugoslavia fue larga, las de Liberia y Costa de Marfil largas también. Porque todas las guerras son largas. Y todas se parecen. Destrozan vidas, arrancan recuerdos, cortan raíces. En una guerra ya no hay vecinos, costumbres, hábitos. Ya no hay identidad.
Estos días en Madrid hace mucho frío. La noticia será esa. Lo de Siria ya está medio pasado de moda. Lo que nos llegue de allá acabará ocupando el final de los periódicos, sin más. Al menos, tenemos la certeza que para Dios no hay un ranking de noticias populares. Como tampoco hay 'internacional' o 'nacional', ni conflictos pasados de moda, ni lugares apartados, ni guerras olvidadas. Hay personas, como tú y como yo. Como ellos. Y quizás ahí, mientras leemos el artículo, resida nuestra esperanza: que el único que no puede olvidarse de ellos no lo hace. No lo hará nunca. Y que él nos ayude a no hacerlo.

14 dic 2018

El Papa propone crear una red de fraternidad con los refugiados y migrantes


14 de diciembre de 2018 8:20 am


El Papa Francisco propuso formar una red de fraternidad encabezada por la Iglesia que permita acoger y ayudar a los que huyen de la guerra, de la pobreza y del hambre y buscan refugio lejos de su patria.
El Santo Padre realizó esta petición este viernes 14 de diciembre durante la audiencia que concedió en el Vaticano a los promotores, organizadores y artistas del concierto “Navidad en el Vaticano” que se celebrará el sábado 15 de diciembre en el Aula Pablo VI.
Durante su discurso, Francisco destacó que la Navidad “este año en particular, nos llama a reflexionar sobre la situación de muchos hombres, mujeres y niños de nuestro tiempo, –migrantes, prófugos y refugiados–, en marcha para escapar de las guerras, de las miserias causadas por las injusticias sociales y del cambio climático”.
Indicó que es gente que lo ha dejado todo, hogar, parientes, patria, para “enfrentarse a lo desconocido”. E invitó a reflexionar sobre ello, porque, para tomar una decisión así “se debe haber padecido una situación muy grave”.
Además, recordó que también la Sagrada Familia tuvo que huir de la violencia de Herodes.
“Cuando la violenta ira de Herodes se abatió sobre el territorio de Belén, la Sagrada Familia de Nazaret experimentó la angustia de la persecución y, guiada por Dios, se refugió en Egipto. El pequeño Jesús nos recuerda que la mitad de los refugiados de hoy en el mundo son niños, víctimas inocentes de la injusticia humana”.
En concreto, sobre la propuesta de red de fraternidad, explicó que debe formarse con la educación “en primer lugar, para educar a los más pequeños entre los migrantes, es decir, aquellos que, en lugar de sentarse en las sillas de la escuela como tantos de sus coetáneos, pasan los días haciendo largas marchas a pie o en vehículos improvisados. y peligrosos”.
“También ellos necesitan formación para poder trabajar el día de mañana y participar como ciudadanos conscientes en el bien común. Y, al mismo tiempo, se trata de educarnos a todos en la acogida y la solidaridad, para evitar que los migrantes y los prófugos encuentren indiferencia o, peor aún, rechazo en su camino”.
En segundo lugar, formar esa red con la educación “significa hacer que las personas se levanten, que puedan volver a ponerse en camino con plena dignidad, con la fuerza y ​​el coraje de enfrentar la vida, valorizando sus talentos y su trabajo”.
Por último, implica, asimismo, “una solución válida para abrir de par en par las puertas de los campos de refugiados, hacer que los jóvenes migrantes se incorporen en las sociedades nuevas encontrando solidaridad y generosidad y promoviéndolas a su vez”.
/www.aciprensa.com/

7 nov 2018

La Basílica de Guadalupe y Ciudad de México abrazan las caravanas de migrantes

En los últimos días han llegado más de 5.000 migrantes a México

dE Jaime Septién
ALETEIA.ORG
Ya no es una, son varias.  Ya no son 3.000 personas.  Pueden llegar a la Ciudad de México 6.000 migrantes en las próximas horas.  Ya no vienen solo de Honduras, otras caravanas vienen El Salvador, Guatemala…

Unos van a regresar, otros se van a quedar en México.  
Son las caravanas que han puesto en jaque al sistema migratorio internacional (no nada más a Estados Unidos o México) y dejado al descubierto el rostro de la corrupción y la violencia que aqueja a nuestra región y a otras regiones del planeta.



Lejos de lo que ocurre normalmente al paso anual de –aproximadamente— 400.000 migrantes provenientes de América Central, del Caribe y de muchos otros puntos geográficos del planeta (por ejemplo, de África), en esta ocasión y por la cobertura mediática, las caravanas han encontrado un México que los cuida, los acoge, vela por su bienestar y mantiene alejadas a las mafias de “polleros”, agentes migratorios, tratantes de personas, extorsionadores y narcotraficantes.
Un país con que actúa con los migrantes de manera similar a la labor que, durante años, ha estado haciendo con ellos la Iglesia católica y otras denominaciones religiosas.

“Nos sentimos protegidos. Hay personas de derechos humanos, monjas, la Iglesia Católica, la Cruz Roja”, dijo Edwin Paz, un mecánico de 41 años que salió de Honduras el 12 de octubre con su esposa, embarazada de dos meses y medio, y un hijo adolescente.
Las parroquias del sur de México han alimentado a los migrantes y han recolectado ropa y zapatos para ellos. Algunos mexicanos de medios humildes han ofrecido lo que pueden: platos de frijoles, arroz y tortillas; bolsas de plástico llenas de agua y ropa de uso suave. También cobijas, chamarras, suéteres, porque el frío arrecia en el centro del país en este mes de noviembre.
En múltiples templos se han habilitado los salones parroquiales para darles cabida.  Y en este momento, en la capital de la República, la Basílica de Guadalupe, entre otros refugios como el centro deportivo de la “Magdalena Mixchuca”, está recibiendo a las caravanas con toda la solidaridad cristiana y humana con la que México solía acoger al refugiado.
Entre martes y miércoles han llegado a la capital del país 5.500 migrantes: 70 por ciento son varones, 20 por ciento mujeres y 10 por ciento son niños de acuerdo con los informes del Gobierno de la Ciudad de México y del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR),  La mayor parte de ellos se encuentra en el Estadio Jesús Martínez, a un costado del Autódromo “Hermanos Rodríguez”, donde hace un par de semanas se celebró la carrera de Fórmula 1 en la que obtuvo su quinto título mundial el piloto inglés Lewis Hamilton.

Otras caravanas vienen pisando los talones de la que partió de San Pedro Sula (Honduras).  Aprovechando el momento, unas vienen de El Salvador y otras de Guatemala.  También hay africanos entre ellos.  Y haitianos.
Todos en busca del “sueño americano” aunque el presidente Trump haya dicho que no pasará uno solo.  Y que si tiran piedras a sus soldados (cerca de 7.500 en la frontera de Texas), “serán aprehendidos” e inmediatamente deportados.

Todos en vilo por el resultado de las elecciones intermedias en Estados Unidos.

23 jun 2018

Cañizares ante la crisis migratoria «No podemos permanecer indiferentes, menos aún los cristianos»

El cardenal Cañizares, con una familia de refugiados
El cardenal Cañizares con una familia de refugiados
El cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia, ha querido hacer públicas sus reflexiones  sobre el caso “Aquarius” y la crisis migratoria que está enfrentando en estos momentos Europa. El purpurado asegura que “no podemos permanecer indiferentes, menos aún los cristianos, ante este hecho de tan grandes magnitudes en nuestro tiempo”.
De este modo, el cardenal valenciano insiste en que “no los podemos olvidar, ni cerrar nuestros ojos ante el drama del África subsahariana, o del África en general, ni ante los macabros negocios de las mafias, a las que hay que perseguir y eliminar, por su corrupción tan terrible”.
El arzobispo, que ha facilitado la acogida de estos migrantes, urge a dar una respuesta ante “Occidente, y los países de la opulencia, europeos o de otras partes, sin tomar las medidas urgentes y adecuadas que conjuntamente deberían adoptarse, sin miras ni intereses particulares o bastardos, incluso”.





Un asunto complejo y delicado
 Cañizares reconoce que “el asunto es complejo y delicado. Razón de más para actuar conjuntamente, pero actuar.  En todo caso, no soy político, ni la Iglesia puede permitirse ninguna injerencia política, pero nada verdaderamente humano puede dejar indiferente al seguidor de Jesucristo, a la Iglesia, para inhibirse ante la terrible desgracia de las gentes que nos llegan”.
“Uno de los tres o cuatro asuntos en que se juega el destino del hombre sobre la tierra en este tiempo y en los próximos decenios es este que nos interpela como una verdadera emergencia mundial”, agrega.
Por todo ello, el arzobispo de Valencia insiste en que ante este drama “no podemos pasar de largo y dar un rodeo con comentarios que señalan culpables o dan soluciones de ‘barra de bar’ para que los solucionen los que tienen el poder de los pueblos”.
“Hay que atender a los que nos llegan sabiendo que aquí los vamos a recibir como hermanos: ‘Obras quiere el Señor’, diría Santa Teresa de Jesús”, concluye el cardenal.
Escrito íntegro del cardenal Cañizares
Reflexiones de última hora a propósito del caso Aquarius
Ante la terrible emergencia de los 629 refugiados que han llegado el domingo al puerto de Valencia, recobra gran actualidad lo que escribí hace unos meses y que glosaré en este artículo. Estos días estamos sobrecogidos ante el drama de los refugiados, huidos, inmigrantes que llegan a nuestra tierra, a las puertas de Europa pidiendo ayuda y acogida. No podemos permanecer indiferentes, menos aún los cristianos, ante este hecho de tan grandes magnitudes en nuestro tiempo. Ante este hecho, tan dramático e inhumano de los 629 africanos­ subsaharianos que han venido aquí, Valencia y particularmente la diócesis valenciana está reaccionando, creo, ejemplarmente como me dijo el Papa la semana pasada a propósito, para entendernos, de la emergencia del barco "Aquarius".


La magnitud y gravedad del asunto del "Aquarius" nos está haciendo tal vez olvidar el drama de esos otros miles que nos llegan por pateras u otros medios estos días a las costas españolas, especialmente las andaluzas, también a las italianas. No los podemos olvidar, ni cerrar nuestros ojos ante el drama del África subsahariana, o del África en general, ni ante los macabros negocios de las mafias, a las que hay que perseguir y eliminar, por su corrupción más terrible: eso sí que es corrupción a lo grande, y se debe reaccionar con todo vigor y energía porque tratan con vidas humanas y se enriquecen con vidas humanas: pensemos, por ejemplo, las fuertes sumas de dinero que han tenido que pagar los padres - ¡nada menos! - de esos niños que han viajado solos en el "Aquarius", y pensemos, además por otra parte, en las grandes riquezas que gobiernos y mandatarios desaprensivos de África están obteniendo y acumulando de la opresión y subdesarrollo a que están sometiendo a sus pueblos, o la esclavitud que de ellos, de esos mandatarios y complicidad culpable y criminal de ellos, que lo permite, tolera, o hace la vista gorda: nunca, ni siquiera, en la época de la esclavitud de los pueblos africanos y el traslado y venta como esclavos de los siglos XVII al XIX, sobre todo a América, ha ocurrido nada semejante. 



Y Occidente, y los países de la opulencia, europeos o de otras partes, sin tomar las medidas urgentes y adecuadas, que conjuntamente deberían adoptarse, sin miras ni intereses particulares o bastardos incluso. Me temo que pudiera haber complicidad de quien sea también en esto, al menos por estar mirando a otra parte sin ponerse de acuerdo que debería ser prioritario adoptar medidas que corrijan estas situaciones inhumanas. Sé que el asunto es complejo y delicado. Razón de más para actuar conjuntamente, pero actuar. En todo caso, no soy político ni la Iglesia puede permitirse ninguna injerencia política, pero nada verdaderamente humano puede dejar indiferente al seguidor de Jesucristo, a la Iglesia, para inhibirse ante la terrible desgracia de las gentes que nos llegan. La Iglesia, como dijo el Papa Francisco en una ocasión "ha de acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados". Eso es lo que estamos haciendo en la diócesis de Valencia, colaborando coordinadamente con las autoridades autonómicas y locales, y con las nacionales, sin buscar aplauso ni mirar al tendido buscando el parabién o salir en los medios 



Uno de los tres o cuatro asuntos en que se juega el destino del hombre sobre la tierra en este tiempo y en los próximos decenios es este que nos interpela como una verdadera emergencia mundial. La emigración es un derecho que no se puede negar. Hay que reaccionar ante este hecho y este derecho, mostrar sensibilidad especial hacia él, hallar cauces y respuestas justas y equitativas para él. Habrá que buscar y darle soluciones, que seguro que las hay, innegablemente; reclamará muchas reformas y cambios en la sociedad mundial y habrá de favorecer e impulsar, sobre todo, en los países de origen, nuevas condiciones de vida; habrá que posibilitar un nuevo orden internacional justo y humano, no el nuevo orden mundial que se viene fraguando en una verdadera obra de ingeniería social; los países receptores de emigrantes habrán de cumplir con el deber de ordenar la inmigración para evitar conflictos y evitar que, en un plazo no lejano, pierdan su identidad y su unidad. Europa tiene una especial responsabilidad, porque de modo muy particular, principal e intenso se ve más afectada hoy por hoy. Un país sólo o unos pocos países solos no pueden ofrecer la respuesta: la respuesta deberá ser de todos, unidos y conjunta. En todo caso es necesario que las legislaciones, en los diferentes países de Europa, habrán de ser generosas, equilibradas y equitativas, promotoras de la justicia y la paz y atentas a la solidaridad real y efectiva.


¿Qué se hace en los países de origen y con los países de origen?¿Cuáles son las motivaciones y las causas que están produciendo esta catástrofe mundial?¿Quiénes están dentro o detrás de estos movimientos que no son casuales?¿ Qué se espera del futuro de Europa, de los países europeos, o qué se espera de Europa que sea dentro de pocos años? Hemos de ser lúcidos y prudentes, que no significa, en modo alguno, desatender ya y sin más demora a nuestros hermanos que nos llegan y que claman y gritan buscando justamente una situación distinta a la que están soportando y sufriendo con gran sufrimiento, en su origen. 


No podemos pasar de largo y dar un rodeo con comentarios que señalan culpables o dan soluciones de "barra de bar" para que las solucionen los que tienen el poder de los pueblos. Habrá que actuar sin ponerse nerviosos, pero actuar y pedir o reclamar que se actúe; habrá actuar colaborando con los poderes públicos, con los Estados y gobiernos que correspondan, pero actuar sin más dilaciones y paliar esta situación hasta que se encuentren soluciones globales y verdaderas; habrá que actuar denunciando, pero la denuncia sola no soluciona las cosas, hay que atender a los que nos llegan sabiendo que aquí los vamos a recibir como hermanos: "Obras quiere el Señor", diría santa Teresa de Jesús. Para eso hay que reconocer que no estamos preparados: que no tenemos la suficiente fe, ni somos capaces de mayor caridad, heroica caridad, ni de mayor misericordia y nos coge sin saber qué hacer y cómo hacer: pero hay que hacer algo.

+Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia.

30 sept 2016

Los médicos de Alepo

Los bombardeos en Siria continúan día tras día, sin respetar ni a la población civil, ni a los trabajadores humanitarios, ni los centros de salud, ni las infraestructuras básicas. Un ejemplo de ello fue el ataque a un convoy de la ONU y de la Media Luna Roja, a principios de la semana pasada. Hecho que condena enérgicamente Médicos Sin Fronteras, pues supone un ejemplo más del incumplimiento continuo de las reglas básicas de la guerra en el conflicto sirio.
Un conflicto en el que hospitales como el de Al Daqaq funcionan con muchas dificultades por los daños sufridos. Sobre cómo es el trabajo allí, a pesar de las bombas, habla en este vídeo el director médico Ali Abu al Yaman. 



Por todo esto y todo lo ocurrido, desde MSF se reclama a las grandes potencias internacionales que intervienen aquí que asuman su responsabilidad y den pasos más concretos para poner fin a todos los ataques contra instalaciones civiles, incluidos centros médicos y convoyes de ayuda humanitaria.

3 nov 2015

La Iglesia de Oriente Medio con los refugiados

Refugiados sirios en Líbano: Muchos refugiados de Siria -Homs, Damasco, Aleppo-, se están asentando en tendópolis improvisados en el valle libanés de Beqaa, donde las condiciones son difíciles, sobre todo en los meses invernales. Hambre y la desocupación son algunos de los factores contra los que esta gente lucha todos los días. La diócesis local, con la ayuda de las organizaciones internacionales como Ayuda a la Iglesia Necesitada, está ayudando a hacer frente a las necesidades fundamentales de la siempre de la creciente población refugiada. Necesitan ayuda de todo: ahora con la comida, después con las asistencia psicológica y apoyo espiritual, y en un futuro reconstruyendo su país.

29 ago 2015

Orando por los refugiados

En las últimas semanas asistimos comocionados a la realidad de miles de refugiados que huyendo de unos países destrozados por la guerra, como en Siria, intentan alcanzar un lugar seguro donde vivir en la Unión Europea. Esta situación no es nueva, ya que durante todo el año han sido las imágenes de barcos llenos de personas llegando a las costas de Italia o Grecia las que han llenado periódicos y noticiarios. Sin olvidarnos de las personas que cruzan todo el continente americano para intentar cruzar la frontera de México con Estados Unidos o la crisis de los refugiados rohingya en Birmania. Tantos que esperan una vida mejor al otro lado de una frontera y tantos otros que han muerto en esas rutas al intentar alcanzarlas o cruzarlas.

Cuando pienso en todos ellos, son muchas las citas que se agolpan en mi corazón a través de las cuales Dios habla alto y claro:

"porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me alojasteis" (Mt 25, 35);
"Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20); 
la parábora del rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31);
"Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento" (Is 53, 2-12),
"Bienaventurados los que lloran porque Dios los consolará" (Mt 5, 4). 

Hoy desde este blog, te invitamos a que tomes cualquiera de estos textos u otro que a ti te sugiera esta realidad. Que hagas un tiempo de silencio en tu día y dejes que esa frase te vaya impregnando el corazón. Que reces por todas esas personas que sufren esta situación de abandono, y para que todos nosotos -a nivel personal, desde nuestras comunidades y como Iglesia-, encontremos la manera de ayudarles en las necesidades materiales más urgentes. Y que también busquemos cómo cambiar la mentalidad de nuestros políticos y de la sociedad para hacer de las crisis humanitarias un asunto prioritario. Que nadie pueda volver la mirada ante un hermano que sufre sólo porque ha nacido en un país diferente al mío.   

En este tiempo de oración puedes escuchar también esta canción, que habla de ese Dios que está atento a los gritos de su pueblo y busca cambiar los corazones de los que miran hacia otro lado. 

 Aquí estoy Señor...

Yo, el Señor del cielo y el mar,
He oído el clamor de mi pueblo.
A todos los que viven en la oscuridad y el pecado,
Mi mano los salvará.
Yo, que hice las estrellas de la noche,
les iluminaré en su oscuridad.
¿Quién les llevará mi luz?
¿A quién enviaré?

Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor?
He oído tu llamada en la noche.
Yo iré, Señor, si me conduces.
Llevaré a tu pueblo en mi corazón.

Yo, el Señor de la nieve y la lluvia,
He sufrido el dolor de mi pueblo.
He llorado por amor a ellos.
Y ellos me dan la espalda.
Voy a romper sus corazones de piedra,
Les daré corazones únicamente para amar.
Les haré llegar mi palabra.
¿A quién enviaré?

Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor?
He oído tu llamada en la noche.
Yo iré, Señor, si me conduces.
Llevaré a tu pueblo en mi corazón.

Yo, el Señor del viento y del fuego,
Iré a los pobres y cojos.
Haré una fiesta para ellos.
Mi mano les salvará.

El pan más maravilloso les ofreceré,
Hasta que sus corazones queden satisfechos.
Les daré mi vida.
¿A quién enviaré?

Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor?
He oído tu llamada en la noche.
Yo iré, Señor, si me conduces.
Llevaré a tu pueblo en mi corazón