27 jul. 2019

Evangelio día 28: Domingo XVII del tiempo ordinario

"Cuando oréis decid:"

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-13):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».
Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».
Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (11,1-13
)

TRES LLAMADAS DE JESÚS

«Yo os digo: Pedid y se os dará. Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá». Es fácil que Jesús haya pronunciado estas palabras cuando se movía por las aldeas de Galilea pidiendo algo de comer, buscando acogida y llamando a la puerta de los vecinos. Él sabía aprovechar las experiencias más sencillas de la vida para despertar la confianza de sus seguidores en el Padre Bueno de todos.
Curiosamente, en ningún momento se nos dice qué hemos de pedir o buscar ni a qué puerta hemos de llamar. Lo importante para Jesús es la actitud. Ante el Padre hemos de vivir como pobres que piden lo que necesitan para vivir, como perdidos que buscan el camino que no conocen bien, como desvalidos que llaman a la puerta de Dios.
Las tres llamadas de Jesús nos invitan a despertar la confianza en el Padre, pero lo hacen con matices diferentes. «Pedir» es la actitud propia del pobre. A Dios hemos de pedir lo que no nos podemos dar a nosotros mismos: el aliento de la vida, el perdón, la paz interior, la salvación. «Buscar» no es solo pedir. Es, además, dar pasos para conseguir lo que no está a nuestro alcance. Así hemos de buscar ante todo el reino de Dios y su justicia: un mundo más humano y digno para todos. «Llamar» es dar golpes a la puerta, insistir, gritar a Dios cuando lo sentimos lejos.
La confianza de Jesús en el Padre es absoluta. Quiere que sus seguidores no lo olviden nunca: el que pide, está recibiendo; el que busca está encontrando y al que llama, se le abre. Jesús no dice qué reciben concretamente los que están pidiendo, qué encuentran lo que andan buscando o qué alcanzan los que gritan. Su promesa es otra: a quienes confían en él Dios se les da; quienes acuden a él reciben «cosas buenas».
Jesús no da explicaciones complicadas. Pone tres ejemplos que pueden entender los padres y las madres de todos los tiempos. ¿Qué padre o qué madre, cuando el hijo le pide una hogaza de pan, le da una piedra de forma redonda como las que pueden ver por los caminos? ¿O, si le pide un pez, le dará una de esas culebras de agua que a veces aparecen en las redes de pesca? ¿O, si le pide un huevo, le dará un escorpión apelotonado de los que se ven por la orilla del lago?
Los padres no se burlan de sus hijos. No los engañan ni les dan algo que pueda hacerles daño sino «cosas buenas». Jesús saca rápidamente la conclusión. «Cuánto más vuestro Padre del cielo dará su Espíritu a los que se lo pidan». Para Jesús, lo mejor que podemos pedir y recibir de Dios es su Aliento, su Espíritu, su Amor que sostiene y salva nuestra vida.

24 jul. 2019

SANTIAGO APÓSTOL

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ORÍGENES DEL APÓSTOL SANTIAGO

De familia humilde, Santiago el Mayor era hijo de Zebedeo, pescador judío que faenaba las aguas del río Galilea y el cual tenía también otro hijo, Juan Evangelista.
Encontrándose estos pescando en el lago de Generaset junto con otros dos hermanos, Andrés y Pedro, fueron todos ellos reclutados por Jesucristo como sus cuatro primeros discípulos, convirtiéndose con el paso de los años, en su círculo más cercano.
Tal era la confianza depositada en ellos, que Santiago el Mayor fue partícipe y testigo de varios acontecimientos clave en la historia del cristianismo, tales como la transfiguración en el monte Tabor y el milagro de la resurrección, así como su posterior aparición en el río Tiberíades.

TRAS LA MUERTE DEL MESÍAS

Santiago el Mayor al igual que alguno de los otros discípulos de Jesús, decidió emprender su labor evangelizadora, concretamente en el reino de Gallaecia, la actual Galicia.
No sería la última vez que visitaría estas tierras, ya que este fue el único lugar donde estuvo el Apóstol tanto de vivo como de muerto.
Dado su escaso éxito en tierras del río Ulla, retornó a Jerusalén, donde fue ejecutado por orden del emperador Herodes Agripa en el año 44 d.C. tras una serie de persecuciones a los cristianos. De esta forma, Santiago el Mayor se convertiría en el primer apóstol en morir por la fe cristiana.
Así fue como los otros apóstoles, ante la negativa del emperador de poder sepultar a Santiago, deciden huir con su cuerpo de nuevo a tierras gallegas, concretamente a Iria Flavia, donde deciden depositar el cuerpo y construir una sepultura en el bosque de Liberum Donum. Es aquí donde nace la leyenda y el legado jacobeo.

INICIOS DE LAS PEREGRINACIONES

Desde ese momento, miles de fieles a lo largo del mundo deciden seguir antiguas calzadas romanas para caminar y honrar así al Apóstol en su lugar de reposo eterno.
A pesar de la controversia actual sobre la autenticidad de los restos salvaguardados en la Catedral, se sabe que tuvieron que ser trasladados en varias ocasiones. Una de ellas fue ante la amenaza de los piratas del siglo XVI, que intentaron desembarcar en la ciudad de A Coruña.
Ante la posibilidad de que estos destruyeran y profanaran la tumba del Apóstol, decidieron construir un pequeño cubículo en la parte posterior del altar mayor donde esconder sus restos. Así fue como estuvieron desaparecidos durante varios años, concretamente hasta su redescubrimiento en 1884.

Mensajes de Paula Frassinetti -mes de Julio


Evangelio, tierra de valores


El evangelio nos invita a apostar por unos valores determinados en el camino hacia la plenitud y el trabajo por el Reino de Dios. Valores inspirados por Dios, que se concretan en gestos y palabras. Valores que apuntan al origen de sí en Dios.
Viendo el contexto que nos rodea, a veces me pregunto si no es tiempo de recuperar y pelear por algunos valores, valores que quizás yo he de exigirme primero a mí mismo. Puede que un buen comienzo sea conocer algunos valores que me hablan de ti, esos a los
que me anima la lectura de tu Buena Noticia, los que nos permitan crear espacios más humanos, donde quien lo necesite encuentre palabras y gestos de vida.


Ama y haz lo que quieras. 
Si callas, callarás con amor,
si gritas, gritarás con amor, 
si corriges, corregirás con amor
si perdonas, perdonarás con amor.
Si está dentro de ti, 
la raíz del amor, 
ninguna otra cosa sino el bien,
podrá salir de tal raíz.
                                         San Agustín 

Reportaje CAMPURB 2019



 Este año el Campurb se realizó, como siempre, con el entusiasmo de niños y monitores en pasar una semana, todos juntos,  llena de mensajes positivos y en valores con la intención de formar humildemente a estas pequeñas personas en grandes personas para el futuro.







 Y gracias a las mariscadoras de la cofradía, han podido experimentar el contacto con el medio marino y conocer el arte del marisqueo...


            Los niños lo pasaron bien y aprendieron a convivir durante una semana.
                          ¡¡FELICIDADES a TODOS!! 


20 jul. 2019

Hacen falta cantores



Hoy hacen falta CANTORES. Que nos acompañen en el camino de la vida. Que hagan nuestra fe más viva, intensa y colorida. Que pongan voz a lo que Dios siente, piensa, desea y quiere. Que ofrezcan palabras y música a nuestras dudas, ilusiones, convicciones, bajones y subidones en la fe. Hombres y mujeres humildes, capaces de componer canciones nuevas y recrear las de siempre. Que nos recuerden que hemos sido creados para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor. Que acompañen tanto nuestros silencios como la oración personal y comunitaria. Que proclamen sin complejos la grandeza de Dios, la dignidad de cada ser humano, la bondad de lo creado, la fuerza de la comunidad, la hermosura de la Iglesia. Que lo hagan sin complejos. Artistas de Dios que nos recuerden que la fe y el amor son gratuitos; que gratis hemos de dar lo que gratis hemos recibido. Que alienten nuestra esperanza y desentierren las utopías. Que nos ofrezcan palabras cuando no las encontramos, para dialogar con el Señor o para hablar de él cuando lo necesitamos. Que presten su voz a Dios para que nos remueva las entrañas, nos ablande, nos abrace. Profetas y artistas que sean denuncia y anuncio. Que nos atraigan con la belleza que procede de Dios y nos conduzcan hasta él.

Maite López

Evangelio día 21: Domingo XVI del tiempo ordinario




Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Palabra del Señor



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (10, 38-42
)

NADA HAY MÁS NECESARIO

El episodio es algo sorprendente. Los discípulos que acompañan a Jesús han desaparecido de la escena. Lázaro, el hermano de Marta y María, está ausente. En la casa de la pequeña aldea de Betania, Jesús se encuentra a solas con dos mujeres que adoptan ante su llegada dos actitudes diferentes.
Marta, que sin duda es la hermana mayor, acoge a Jesús como ama de casa, y se pone totalmente a su servicio. Es natural. Según la mentalidad de la época, la dedicación a las faenas del hogar era tarea exclusiva de la mujer. María, por el contrario, la hermana más joven, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Su actitud es sorprendente pues está ocupando el lugar propio de un «discípulo» que solo corresponde a los varones.
En un momento determinado, Marta, absorbida por el trabajo y desbordada por el cansancio, se siente abandonada por su hermana e incomprendida por Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano». ¿Por qué no manda a su hermana que se dedique a las tareas propias de toda mujer y deje de ocupar el lugar reservado a los discípulos varones?
La respuesta de Jesús es de gran importancia. Lucas la redacta pensando probablemente en las desavenencias y pequeños conflictos que se producen en las primeras comunidades a la hora de fijar las diversas tareas: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa por muchas cosas cuando en realidad solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará».
En ningún momento critica Jesús a Marta su actitud de servicio, tarea fundamental en todo seguimiento a Jesús, pero le invita a no dejarse absorber por su trabajo hasta el punto de perder la paz. Y recuerda que la escucha de su Palabra ha de ser prioritaria para todos, también para las mujeres, y no una especie de privilegio de los varones.
Es urgente hoy entender y organizar la comunidad cristiana como un lugar donde se cuida, antes que nada, la acogida del Evangelio en medio de la sociedad secular y plural de nuestros días. Nada hay más importante. Nada más necesario. Hemos de aprender a reunirnos mujeres y varones, creyentes y menos creyentes, en pequeños grupos para escuchar y compartir juntos las palabras de Jesús.
Esta escucha del Evangelio en pequeñas «células» puede ser hoy la «matriz» desde la que se vaya regenerando el tejido de nuestras parroquias en crisis. Si el pueblo sencillo conoce de primera mano el Evangelio de Jesús, lo disfruta y lo reclama a la jerarquía, nos arrastrará a todos hacia Jesús.

Diferencias entre amor y lujuria

En su libro "Llena estos corazones", Christopher West sintetiza en una tabla la diferencia entre amor y lujuria... que puede ayudar a muchos:
1. La lujuria busca satisfacer a uno mismo. El amor busca entregarse totalmente al otro (“amar es darlo todo y darse uno mismo”, decía Teresa de Lisieux)
 2. La lujuria trata a los demás como objetos para usar. El amor afirma a los demás como personas
3. La lujuria sacrificará a los demás por el propio interés. El amor es servicial, el que ama se sacrifica por los demás
4. La lujuria manipula, se usa para controlar al otro. El amor quiere respetar la libertad del otro
5. La lujuria esclaviza. El amor nos libera
6. La lujuria no es exclusiva, se entrega casi a cualquiera. El amor es exclusivo: quiere sólo al amado

7. La lujuria ve el cuerpo como una “cosa”. El amor respeta el cuerpo como un “alguien”
8. La lujuria arrebata el placer, que siempre será bastante fugaz. El amor desea una felicidad eterna
9. La lujuria enseguida se llena de envidia. El amor espera siempre, confía siempre

10. La lujuria termina cuando acaba el placer. El amor permanece en lo bueno y en lo malo

11.  La lujuria nos hace sentir usados. El amor nos hace sentir valorados.

17 jul. 2019

Mensajes de Paula para Julio


La pregunta más aterradora

Luisa Restrepo 

¿Te vas a atrever a contestarla?

Entre las clases, el trabajo, las expectativas de los padres, de los demás, las citas, el Instagram y el discernir qué hacer; nuestra vida puede convertirse en una larga lista de cargas y presiones.
Muchos luchan con la ansiedad, la depresión, la soledad y las inseguridades, hasta que se acostumbran a sobrevivir sin la ayuda de Dios y de los demás.
Es que todos llevamos cruces personales que pueden sentirse demasiado pesadas ​​como para ser descubiertas. Y cuando llegamos al borde de la posible desesperación, Jesús nos está esperando. Él quiere llevar nuestras cruces y no abandonarnos en el sufrimiento.
Entonces, ¿cómo lo dejamos entrar en nuestras luchas? ¿Cómo darnos cuenta de lo que Él quiere de nosotros?

La pregunta

Al esforzarnos por lograr una vida en paz, nos olvidamos de hacernos una pregunta básica que puede resultar aterradora: “¿Realmente quiero vivir una vida más feliz?”. Puede sonar simple pero responder a ella requiere una honestidad brutal. Implica caer en la cuenta de muchas cosas, ir más adentro, dejar ciertos hábitos y dejarse ayudar.
No es cuestión de vergüenza, sino de un termómetro de cómo está la honestidad en nuestra vida. ¿Nos hemos acomodado en nuestras luchas y estamos esperando a que Dios nos lleve a una mejor vida?

La respuesta

Dar una respuesta honesta a la pregunta ¿realmente quiero vivir una vida más feliz? implica dejar el miedo; pues si la respuesta es sí, lo más probable es que tengamos bastante trabajo por hacer.
Ese sí podría significar ser vulnerable con los otros y pedir ayuda.
Podría significar despertarnos al hecho de que nos hemos establecido en algunas áreas de nuestras vidas.
Podría revelar que nos hemos sentido demasiado cómodos y hemos dejado de crecer.
Y finalmente, podría revelar, que nos hemos metido en nuestra “cueva” para no sufrir.

El camino

Vivir la vida al máximo puede no ser un paseo por el parque, pero es una vida llena de esperanza en Cristo. Él nos da la gracia para llevar nuestras cruces y esta gracia viene con pasos concretos y prácticos.
Dar pasos reales hacia una vida más satisfactoria significa primero aceptar la respuesta a la pregunta ¿realmente quiero vivir una vida más feliz?.
Requiere una mirada honesta a nosotros mismos porque necesitamos entender de dónde venimos y dónde estamos para poder avanzar. Significa tomar pasos concretos y reales. Significa estar dispuestos a amar y en ese esfuerzo cosechar sufrimiento también.
No podemos simplemente decir que sí y esperar a que Dios haga todo el trabajo. Él nos está llamando a seguirlo y eso implica pararse e ir.
Significa hablar con alguien y pedir ayuda. Significa construir una relación conmigo mismo.
Vivir una vida más feliz requiere que entendamos para qué estamos hechos. Requiere darnos el tiempo, la paciencia y la comprensión que le daríamos a un amigo mientras lucha, fracasa, se cae y se recupera en el proceso de crecimiento y curación.
El cambio real requiere una acción real. Para crecer y sanar, primero debemos hacer esa pregunta aterradora y examinar si realmente estamos levantándonos de nuestra comodidad para vivir bien.
También implica no volver una y otra vez sobre nuestros problemas. Implica salir a la calle y mirar a nuestros hermanos, empezar a luchar por ellos. Cuando los hayas amado lo suficiente se habrá estirado tu corazón y estarás curado. Como dice Martín Descalzo: “De cada cien de nuestras enfermedades, noventa son de parálisis y de pequeñez espiritual. «El vicio supremo es la limitación del espíritu», decía Oscar Wilde. Y aún lo decía mejor un viejo santo oriental, San Serapión. «El problema de a qué dedicamos nuestra vida es un problema artificial. El problema real es la dimensión del corazón. Consigue la paz interior y una multitud de hombres encontrarán su salvación junto a ti»”.
¿Estás dispuesto a dejar de limitar tu espíritu? No tengas miedo. Haz la pregunta y ponte a trabajar.

13 jul. 2019

Evangelio día 14: Domingo XV del tiempo ordinario

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».
El respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».
Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?».
Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
Él dijo: «El que practicó la misericordia con él».
Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».
Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (10,25-37)

NO PASAR DE LARGO

«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad. Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del «buen samaritano». En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano.
En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia.
En el horizonte aparecen dos viajeros; primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: «ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo». Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana?
Por el camino viene un tercer personaje. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar, ve al herido, se conmueve y se acerca. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús quiere introducir en el mundo.
Lo primero es no cerrar los ojos. Saber «mirar» de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada nos puede liberar del egoísmo y la indiferencia que nos permiten vivir con la conciencia tranquila y la ilusión de inocencia en medio de tantas víctimas inocentes. Al mismo tiempo, «conmovernos» y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros.
Pero lo decisivo es reaccionar y «acercarnos» al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir que es un ser necesitado que nos necesita cerca. Nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana.
Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y a restaurar su vida y su dignidad. Jesús concluye con estas palabras. «Vete y haz tú lo mismo».

¿Tus padres te avergüenzan?

Tres maneras de cuidar la amistad con uno mismo

woman heart

La amistad con uno mismo es una de las relaciones más preciadas. Vale la pena invertir en ella

¿Podríamos convertirnos en nuestro peor enemigo? Cultivar la amistad con uno mismo se trata de reconocer quiénes somos y atender a nuestro ser auténtico para mejorar nuestra relación personal y social. Después de todo, si somos buenos amigos con nosotros mismos más fácilmente podremos serlo con los demás.

Aprender a escucharnos y expresar nuestras emociones

El saber escucharnos es fundamental para comprender cómo nos encontramos en cada etapa de nuestra vida. No podemos ser verdaderos amigos sin el autoconocimiento que nos da consciencia de todo lo que nos ocurre. Esto significa aplicar la escucha activa en el modo en que pensamos, sentimos y nos expresamos.
Es posible que uno se trate de manera muy dura o desagradable aun sin darse cuenta de que lo está haciendo. Ser capaz de expresar esas emociones con palabras, nos permite reconocer que lo que uno se dice y piensa sobre uno mismo nos afecta enormemente y que podemos llenar ese lenguaje con valores positivos.


Aceptar que tenemos vulnerabilidades y saber perdonarse

Es importante ser amable con uno y aceptar nuestra humanidad imperfecta. Saberse humano es un grandeza que nos permite abrazar toda nuestra realidad. Comprender nuestras debilidades nos permite dar ese primer paso de triunfo de amor en el crecimiento personal.
Ser amables no significa que uno complazca su orgullo o sea egoísta. Es un hábito saludable que necesita práctica constante, como comer adecuadamente y dormir lo suficiente. Cuando cometemos errores podemos recurrir a la paz que nos da el perdón y aprender la lección para no volver a cometerlos. Un buen amigo tiene una actitud abierta y sabe perdonar.

Mirar menos a los demás y ejercitar nuestros dones

Hay una tendencia constante a mirar a los demás buscando compararse, pero eso nos quita el foco. Si no cuidamos lo nuestro porque pasamos más tiempo en el Instagram de un amigo, hablando de los vecinos o dando opiniones y elevando juicios sobre el resto, estamos limitando nuestra propia capacidad para crecer. Si el motor de nuestras conductas están fuera, se va perdiendo la dirección y la relación de amistad que podemos tener con nosotros mismos.
Enfocarse en la combinación única de nuestras fortalezas es lo que nos hace avanzar. Piensa en lo que tienes y tus logros. Hay muchos logros pequeños pero importantes como tener buenos amigos o una buena familia.

6 jul. 2019

La voz de María

Evangelio día 7: Domingo XIV del tiempo ordinario

"Revisa tu vida con Jesús, y ponte en camino..."




















En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”.
Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».
Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
Palabra del Señor




Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Lc (10,1-12.17-20)

LA PAZ DE DIOS

De pocas palabras se ha abusado tanto como de la palabra «paz». Todos hablamos de «paz», pero el significado de este término ha ido cambiando profundamente alejándose cada vez más de su sentido bíblico. Su uso interesado ha hecho de la paz un término ambiguo y problemático. Hoy, por lo general, los mensajes de paz resultan bastante sospechosos y no logran mucha credibilidad.
Cuando en las primeras comunidades cristianas se habla de paz, no piensan en primer término en una vida más tranquila y menos problemática, que discurra con cierto orden por caminos de un mayor progreso y bienestar. Antes que esto y en el origen de toda paz individual o social está la convicción de que todos somos aceptados por Dios a pesar de nuestros errores y contradicciones, todos podemos vivir reconciliados y en amistad con él. Esto es lo primero y decisivo: «Estamos en paz con Dios» (Romanos 5,1).
Esta paz no es solo ausencia de conflictos, sino vida más plena que nace de la confianza total en Dios y afecta al centro mismo de la persona. Esta paz no depende solo de circunstancias externas. Es una paz que brota en el corazón, va conquistando gradualmente a toda persona y desde ella se extiende a los demás.
Esa paz es regalo de Dios, pero es también fruto de un trabajo no pequeño que puede prolongarse durante toda una vida. Acoger la paz de Dios, guardarla fielmente en el corazón, mantenerla en medio de los conflictos y contagiarla a los demás exige el esfuerzo apasionante pero no fácil de unificar y enraizar la vida en Dios.
Esta paz no es una compensación psicológica ante la falta de paz en la sociedad; no es una evasión pragmática que aleja de los problemas y conflictos; no se trata de un refugio cómodo para personas desengañadas o escépticas ante una paz social casi «imposible». Si es verdadera paz de Dios se convierte en el mejor estímulo para vivir trabajando por una convivencia pacífica hecha entre todos y para el bien de todos.
Jesús pide a sus discípulos que, al anunciar el reino de Dios, su primer mensaje sea para ofrecer paz a todos: «Decid primero: paz a esta casa». Si la paz es acogida, se irá extendiendo por las aldeas de Galilea. De lo contrario, «volverá» de nuevo a ellos, pero nunca ha de quedar destruida en su corazón, pues la paz es un regalo de Dios.

El video del Papa de Julio 2019



De los jueces dependen decisiones que influyen en los derechos y en los bienes de las personas.
Su independencia les tiene que mantener alejados del favoritismo, de las presiones las cuales pueden contaminar las decisiones que ellos tienen que tomar. Los jueces han de seguir el ejemplo de Jesús, que no negocia nunca la verdad. Recemos para que todos aquellos que administran la justicia obren con integridad, y para que la injusticia que atraviesa el mundo no tenga la última palabra.

Este es el momento. Pero, ¿de qué?

Carpe diem. La idea nos rodea. Los medios y la publicidad nos bombardean con el mensaje. Lo leemos en vallas publicitarias, en tatuajes, en blogs. “Disfruta el momento” es, probablemente, la invitación preferida de nuestro tiempo. Vivir el hoy y el ahora, sin preocuparse por lo que depara el futuro. En esa línea nos presentan como envidiable y tentador dejarlo todo y marcharnos a una playa desierta, como las celebrities de Instagram, o el recurrente “ser nosotros mismos, sin importar lo que los demás digan”.
Pero vivir el momento puede ir mucho más allá. Puede significar una experiencia mucho más radical, aunque menos vendible. Lejos de clasicazos y preguntas como qué harías si ganaras la lotería o si supieras que mañana ya no estarás aquí. La reflexión puede (y quizás, debe) ser más profunda. A veces, damos por garantizadas cosas que no son infinitas. Tenemos seguridades de realidades transitorias. Y así dejamos pasar el tiempo, sin darle calidad. Hablamos sin decir nada. Miramos sin ver y estamos sin abrazar. Pero cómo vivimos sí importa; sí importa lo que diga de nosotros la gente que nos quiere y que nos rodea. Y también importa lo que nosotros decimos.
Una vez más, tras el doloroso incendio de Londres de esta semana, nos enteramos de que muchas de la victimas llamaron y escribieron a familiares y amigos para despedirse. No hubo reproches. No hubo conversaciones vacías ni mensajes superficiales. Las últimas palabras fueron todas de cariño y agradecimiento. Hubo realidad. Momento.
No esperes al límite para vivir el presente. ¿Qué tienes que agradecer tú hoy? ¿A quién debes una palabra? ¿Qué es lo que realmente (te) importa? El momento es este. Aquí y ahora. Vívelo.