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22 feb 2020

Ayuda a tu hijo adolescente a superar su primera ruptura amorosa

TEENAGER

https://es.aleteia.org/

Lágrimas, angustia, ira… La primera ruptura amorosa del niño deja a los padres angustiados. Equivocadamente, a menudo intentan minimizar el dolor y cometen muchos errores…

El primer desengaño amoroso puede llegar de repente como un tornado difícil de controlar para un adolescente. Al principio, puede sorprenderse por este sentimiento excitante que le abruma y muy rápidamente se convence de que acaba de descubrir el Amor con una A mayúscula.
El día en que el “Amor de su vida” lo deja, es una tragedia. ¿Quién se atreve a decirle que se le pasará? ¿Cómo podemos ayudar a nuestro adolescente a superar este difícil período de su vida?

Los errores a evitar

Por encima de todo, debemos acoger su sufrimiento. Existe, es muy profundo.  Por eso puede ser hasta perjudicial decirle frases como:  “Ya verás. No es nada. Se te pasará.” Al contrario, su herida es muy real.
Tampoco optes por decirle: “Eres demasiado joven para saber lo que es el verdadero amor”; “Te lo dije. Querías ser mayor y te dejó.” Este tipo de comentario solo pueden empeorar la situación.
El papel de los padres en esta situación es, ante todo, dejar que tu hijo exprese su cruel decepción, sus esperanzas frustradas, su disgusto y la falta de confianza en sí mismo de quien no se siente amado sino rechazado.
En lugar de dejarle que se ponga a reflexionar solo, debemos ofrecerle salir, ver películas con él o invitarle a otras distracciones para que cambie de idea, aunque al principio no le importen estas propuestas.
Cuando llegue el momento adecuado y pase la tormenta, tal vez puedas comentarle aspectos que algún día entenderá: “¿Sabes que puedes encontrar un amor todavía más grande que este que acabas de vivir? En algún lugar hay una persona que sabrá cómo amarte y valorarte. Solo porque alguien ya no te quiera no significa que no valgas nada.

Atención al comportamiento depresivo

El adolescente necesita llorar su amor perdido, y mientras viva con la esperanza de recuperarlo, no hay cura. Necesita ayuda para “enterrar” su sueño.
En lugar de intentar volver al camino de la otra persona con la loca esperanza de que vuelva, es mejor pasar la página, tirar las fotos y los recuerdos.
También es muy importante asegurarse de que encuentre a alguien que pueda escucharlo y entenderlo.
¿Y por qué no ofrecerle ayudar a alguien ? Y si se desespera, si habla de suicidio, no hay que despreciar sus palabras. Conviene más bien estar alerta.
Si es necesario, se debe consultar a un psiquiatra del comportamiento. Para ayudar a tu adolescente, hazle entender que es realmente hacer demasiado honor a la persona que no le quiere que muera por ella o él. Morir por alguien que te ama es comprensible, pero morir por alguien que te abandona es casi irrazonable.
En este caso, es importante darse cuenta del poder que le hemos dado a un ser, ya que tiene el poder de destruirnos. Es hora de quitarle ese poder concedido por un momento.

¿Y por qué no haces un balance?

Pero la forma más eficaz de hacerlo es invitar al joven a hacer un balance de lo que acaba de experimentar:
¿Sabes que la experiencia que acabas de tener puede ser extremadamente enriquecedora para ti? Acabas de aprender que el amor puede dar mucha felicidad, pero también mucho sufrimiento, y por lo tanto es importante no jugar con tu propio corazón ni con el de otro, especialmente este momento de tu vida en el que la estabilidad de los sentimientos no está garantizada”.
También puedes preguntarle sobre para ayudarle a decidir en el futuro: “¿Por qué no supe cómo hacerme amar? ¿Fue por posesividad, por ingenuidad (creo demasiado rápidamente que “sucedió”), por una presión moral demasiado fuerte sobre la libertad del otro… (“El amor solo florece en la libertad”)?
También podrías sugerirle elaborar un retrato de la persona ideal que le gustaría algún día amar. Inspirándote en las cualidades que valorabas mucho en la persona de la que te enamoraste. Así que esa pena puede convertirse en una gran oportunidad para la maduración.”
El hecho es que para compensar el vacío emocional que siente el joven, lo más importante siempre será el clima de amor y el ambiente cálido y comprensivo.
Se necesita una ternura delicadamente expresada y un respeto que no obliga a la confidencia, el adolescente descubrirá lo que es el verdadero amor: este amor que, como el amor divino, acepta sufrir por el bien del otro, pero siempre hace lo imposible para no causar nunca sufrimiento.
Denis Sonet

20 sept 2019

Novatadas












https://pastoralsj.org

Siempre he estado en contra de las novatadas. Durante muchos años me tocó vivir en un Colegio Mayor y he participado en innumerables discusiones sobre su pertinencia o no. Conozco de sobra el argumentario que defiende que son «rituales de integración», y todas las variantes sobre que es la forma de conocerse, conocer a los nuevos, acoger, relacionarse, y el dramatismo con que algunos veteranos argumentan que, si no se hacen, entonces los nuevos van a ir a su bola. El espíritu colegial en todas sus variantes parecería depender de la capacidad de los recién llegados para pasar por el aro y perpetuar un sistema de castas en el que el hoy burlado se convertirá en burlador mañana (y donde digo burlado, podemos decir humillado, acosado, abusado…)
Honestamente, no sé si alguna vez fueron otra cosa, pero sí sé que hoy en día no hay ninguna necesidad de novatadas para conocerse. Hay mil escaparates en los que tenemos información unos de otros. Y la gente joven está más que habituada a salir y socializar. Que no me digan que el único modo de llegar a interactuar es a base de bofetadas, pringues, flexiones, chupitos por decreto, baños en fuentes públicas, tartazos, duchas, simulaciones sexuales, pruebas de resistencia o la última ocurrencia del veterano de turno.
Hacen falta límites claros en la vida. Hace falta aprender a decir no, y en las novatadas hay tres noes necesarios. El primero, el de los responsables de las instituciones (universidad, residencias, etc). poniendo los medios a su alcance -que son muchos- para acabar con esta dinámica. El segundo -y sé que es algo difícil de pedir- el de los nuevos, negándose a aceptar esa lógica que disfraza el abuso de buen rollito-. El tercero el de tantos veteranos asqueados que prefieren alejarse, porque lo que a ellos les tocó vivir no lo desean para otros.
Seguramente mucha gente tiene un recuerdo idealizado de sus novatadas, y tal vez pueda evocarlas como un momento lúdico, de diversión y encuentro. No es tampoco infrecuente escuchar a alguien decir: “pues a mí me hicieron y no me pasó nada…” El problema es que tú no eres la medida de los demás. Y para otra mucha gente esa misma memoria es de angustia, humillación y sumisión. Y a quien hay que proteger no es a los fuertes, sobrados, carismáticos, que se las saben todas y para quienes esto no deja de ser otro rato de desfase. Sino a tantos otros (la mayoría, sospecho), que jamás harían algo así libremente.

José María Rodríguez Olaizola, sj

17 jul 2019

La pregunta más aterradora

Luisa Restrepo 

¿Te vas a atrever a contestarla?

Entre las clases, el trabajo, las expectativas de los padres, de los demás, las citas, el Instagram y el discernir qué hacer; nuestra vida puede convertirse en una larga lista de cargas y presiones.
Muchos luchan con la ansiedad, la depresión, la soledad y las inseguridades, hasta que se acostumbran a sobrevivir sin la ayuda de Dios y de los demás.
Es que todos llevamos cruces personales que pueden sentirse demasiado pesadas ​​como para ser descubiertas. Y cuando llegamos al borde de la posible desesperación, Jesús nos está esperando. Él quiere llevar nuestras cruces y no abandonarnos en el sufrimiento.
Entonces, ¿cómo lo dejamos entrar en nuestras luchas? ¿Cómo darnos cuenta de lo que Él quiere de nosotros?

La pregunta

Al esforzarnos por lograr una vida en paz, nos olvidamos de hacernos una pregunta básica que puede resultar aterradora: “¿Realmente quiero vivir una vida más feliz?”. Puede sonar simple pero responder a ella requiere una honestidad brutal. Implica caer en la cuenta de muchas cosas, ir más adentro, dejar ciertos hábitos y dejarse ayudar.
No es cuestión de vergüenza, sino de un termómetro de cómo está la honestidad en nuestra vida. ¿Nos hemos acomodado en nuestras luchas y estamos esperando a que Dios nos lleve a una mejor vida?

La respuesta

Dar una respuesta honesta a la pregunta ¿realmente quiero vivir una vida más feliz? implica dejar el miedo; pues si la respuesta es sí, lo más probable es que tengamos bastante trabajo por hacer.
Ese sí podría significar ser vulnerable con los otros y pedir ayuda.
Podría significar despertarnos al hecho de que nos hemos establecido en algunas áreas de nuestras vidas.
Podría revelar que nos hemos sentido demasiado cómodos y hemos dejado de crecer.
Y finalmente, podría revelar, que nos hemos metido en nuestra “cueva” para no sufrir.

El camino

Vivir la vida al máximo puede no ser un paseo por el parque, pero es una vida llena de esperanza en Cristo. Él nos da la gracia para llevar nuestras cruces y esta gracia viene con pasos concretos y prácticos.
Dar pasos reales hacia una vida más satisfactoria significa primero aceptar la respuesta a la pregunta ¿realmente quiero vivir una vida más feliz?.
Requiere una mirada honesta a nosotros mismos porque necesitamos entender de dónde venimos y dónde estamos para poder avanzar. Significa tomar pasos concretos y reales. Significa estar dispuestos a amar y en ese esfuerzo cosechar sufrimiento también.
No podemos simplemente decir que sí y esperar a que Dios haga todo el trabajo. Él nos está llamando a seguirlo y eso implica pararse e ir.
Significa hablar con alguien y pedir ayuda. Significa construir una relación conmigo mismo.
Vivir una vida más feliz requiere que entendamos para qué estamos hechos. Requiere darnos el tiempo, la paciencia y la comprensión que le daríamos a un amigo mientras lucha, fracasa, se cae y se recupera en el proceso de crecimiento y curación.
El cambio real requiere una acción real. Para crecer y sanar, primero debemos hacer esa pregunta aterradora y examinar si realmente estamos levantándonos de nuestra comodidad para vivir bien.
También implica no volver una y otra vez sobre nuestros problemas. Implica salir a la calle y mirar a nuestros hermanos, empezar a luchar por ellos. Cuando los hayas amado lo suficiente se habrá estirado tu corazón y estarás curado. Como dice Martín Descalzo: “De cada cien de nuestras enfermedades, noventa son de parálisis y de pequeñez espiritual. «El vicio supremo es la limitación del espíritu», decía Oscar Wilde. Y aún lo decía mejor un viejo santo oriental, San Serapión. «El problema de a qué dedicamos nuestra vida es un problema artificial. El problema real es la dimensión del corazón. Consigue la paz interior y una multitud de hombres encontrarán su salvación junto a ti»”.
¿Estás dispuesto a dejar de limitar tu espíritu? No tengas miedo. Haz la pregunta y ponte a trabajar.

13 jul 2019

Tres maneras de cuidar la amistad con uno mismo

woman heart

La amistad con uno mismo es una de las relaciones más preciadas. Vale la pena invertir en ella

¿Podríamos convertirnos en nuestro peor enemigo? Cultivar la amistad con uno mismo se trata de reconocer quiénes somos y atender a nuestro ser auténtico para mejorar nuestra relación personal y social. Después de todo, si somos buenos amigos con nosotros mismos más fácilmente podremos serlo con los demás.

Aprender a escucharnos y expresar nuestras emociones

El saber escucharnos es fundamental para comprender cómo nos encontramos en cada etapa de nuestra vida. No podemos ser verdaderos amigos sin el autoconocimiento que nos da consciencia de todo lo que nos ocurre. Esto significa aplicar la escucha activa en el modo en que pensamos, sentimos y nos expresamos.
Es posible que uno se trate de manera muy dura o desagradable aun sin darse cuenta de que lo está haciendo. Ser capaz de expresar esas emociones con palabras, nos permite reconocer que lo que uno se dice y piensa sobre uno mismo nos afecta enormemente y que podemos llenar ese lenguaje con valores positivos.


Aceptar que tenemos vulnerabilidades y saber perdonarse

Es importante ser amable con uno y aceptar nuestra humanidad imperfecta. Saberse humano es un grandeza que nos permite abrazar toda nuestra realidad. Comprender nuestras debilidades nos permite dar ese primer paso de triunfo de amor en el crecimiento personal.
Ser amables no significa que uno complazca su orgullo o sea egoísta. Es un hábito saludable que necesita práctica constante, como comer adecuadamente y dormir lo suficiente. Cuando cometemos errores podemos recurrir a la paz que nos da el perdón y aprender la lección para no volver a cometerlos. Un buen amigo tiene una actitud abierta y sabe perdonar.

Mirar menos a los demás y ejercitar nuestros dones

Hay una tendencia constante a mirar a los demás buscando compararse, pero eso nos quita el foco. Si no cuidamos lo nuestro porque pasamos más tiempo en el Instagram de un amigo, hablando de los vecinos o dando opiniones y elevando juicios sobre el resto, estamos limitando nuestra propia capacidad para crecer. Si el motor de nuestras conductas están fuera, se va perdiendo la dirección y la relación de amistad que podemos tener con nosotros mismos.
Enfocarse en la combinación única de nuestras fortalezas es lo que nos hace avanzar. Piensa en lo que tienes y tus logros. Hay muchos logros pequeños pero importantes como tener buenos amigos o una buena familia.

9 ago 2018

PRIMACÍA DE LA PERSONA

Del Blog serpersona.info

«El primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad». Benedicto XVI

   En los últimos años se ha promovido una cultura del triunfo, del éxito, de la exaltación de los grandes, los fuertes, los triunfadores. Una cultura del beneficio fácil y el enriquecimiento rápido. Una cultura en la que, como dice muy gráficamente Zygmunt Bauman, «uno solo vale según los resultados del último duelo», es decir, según los competidores a los que ha podido vencer en la última lucha en la arena del despiadado mercado en que nos movemos. 

Lo malo es que una cultura así ha dejado a nuestra sociedad —como no puede ser de otra manera— hecha un campo de batalla lleno de víctimas. Estas son los millones de parados, los cientos de miles de empresas abocadas al fracaso, los asfixiados por las cuotas de los préstamos, los amenazados por los desahucios a manos de aquellos mismos que con su dinero especularon. Y entre todas las víctimas, una generación que, en buena medida, abandonó años atrás los estudios y dejó de formarse seducida por la ganancia fácil, por unos sueldos que, sobre todo en la construcción, sobrepasaban en mucho los de profesionales cualificados. 

Pero llegó la crisis, pinchó la burbuja inmobiliaria y con ella se vinieron abajo muchos otros globos que nos habíamos hecho pensando que el trabajo duro era para los torpes o para lo inmigrantes —con perdón— y para nosotros las ganancias, los coches de alta gama y los beneficios rápidos. Unos beneficios exentos, por supuesto, de todo control ético —¿para qué la ética?— y, si era posible, también exentos de deberes tributarios. ¡Qué más da cómo se gane y si se tributa o no, si en este combate todo vale...! 

La crisis ha pinchado muchas fantasías y proyectos. Hemos creído poder organizar la vida sobre el lucro, la especulación y el dinero y la crisis nos ha hecho descubrir que la economía así concebida y programada nos lleva a hacer de la vida un verdadero «duelo». Hemos creído que la sociedad se puede construir sobre el «individuo», como sujeto de todos los derechos, haciendo de los intereses individuales la referencia única para medir el desarrollo, y nos hemos olvidado de construir la sociedad sobre la persona y su dignidad como fundamento de todos sus derechos. Nos hemos olvidado de que la dignidad humana y su desarrollo no pueden medirse únicamente por el factor económico, sino que deben contemplar dimensiones más amplias y profundas, como el desarrollo intelectual, ético, social y también espiritual. 

Vicente Altaba

8 jul 2018

Corazón y memoria


Magnífica reflexión de 
Mercedes Malavé:
Si nos concentramos en la dimensión interior del acto de amar, podemos decir que amar es, principalmente, recordar. El amor interior se ejercita mediante un acto de la memoria. De hecho, la palabra recordar viene del latín re-cordaris y significa literalmente "hacer presente de nuevo en el corazón", tener presente continuamente aquello que amamos.
Entendemos por memoria aquella facultad por la cual ejercitamos el acto interior de recordar las cosas previamente conocidas. El célebre San Agustín desarrolló ampliamente este tema de la memoria en su obra De Trinitate. En algunos pasajes explica que todo lo que el hombre conoce por medio de los sentidos corporales queda impreso en la memoria, a manera de imágenes que son semejantes al objeto exterior. Luego, el hombre puede traer de nuevo a su interior, aquellas realidades que ahora están ausente. A esta presencia consciente llama San Agustín "mirada interior", y equivale a un recuerdo. La voluntad es la encargada de llevar y traer estos recuerdos, porque tenemos la capacidad de retener o rechazar ciertos pensamientos. Capacidad que no viene dada, pues no es fácil deshacerse de los recuerdos: es necesario ejercitarse con disciplina y constancia para que paulatinamente esos pensamientos vayan disminuyendo en su intensidad y no ofusquen el mundo interior personal.
Cuando la voluntad está lo suficientemente dispuesta a permanecer unida al ser querido mediante un pensamiento o recuerdo constante, entonces decimos que allí hay amor, en su dimensión interior. Amor interior o recuerdo que tiene como su morada o su permanencia en lo que solemos designar con el nombre de corazón. Al referirnos al corazón estamos nombrando una facultad por la que somos capaces de mantenernos fijos en un pensamiento, al tiempo que realizamos otras operaciones del intelecto y la voluntad -tanto internas como externas- como el estudio, el trabajo, el diálogo, la distracción, etc.
Reconocer la verdad de nuestra vida y de lo que somos capaces de amar, es el camino que nos conduce a la felicidad. El corazón experimenta deseos de eternidad, que se traducen en profundas ansias de amor y satisfacción, que sólo llegarán a su verdadero y único culmen cuando alcancemos el momento "pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad" como dice el Papa Benedicto XVI en la "Spe Salvi". Vivir una vida apasionante, aprender a tener un corazón abierto y libre, fiel a los compromisos adquiridos, joven para ilusionarse con cada ser que nos presenta a lo largo de nuestra vida. ¡Vale la pena esforzarse por tener un corazón grande!

18 may 2018

Cuerpos y almas

Javier Vidal-Quadras escribe esta interesante reflexión en "Son tus hijos":

Recientemente, con ocasión de unas declaraciones francamente ofensivas para las mujeres,  me gustaría analizar el trasfondo que subyace bajo esta postura (o impostura). Esta sociedad nuestra tiene de vez en cuando algunos ramalazos farisaicos que llaman la atención.
Me explicaré. Buena parte de nuestra sociedad está instalada en una enfermedad del alma que no quiere reconocer: la ignorancia de que el cuerpo es también parte de la persona y tiene su misma dignidad.


Lo habitual en muchos entornos es que al cuerpo se le trate como a mero objeto. Por ejemplo, entre los jóvenes ya no escandaliza a nadie que, además de amigos y conocidos, se tengan uno o varios "follamigos/as". Como suena. Se trata de un cuerpo con el que se evita tener otro trato personal que no sea la obtención de placer mutuo cuando aprieta el deseo. Basta una llamada y se consuma la relación genital. Lo importante es no elevarse al nivel de la persona, no entregar el espíritu, mantenerse siempre a un nivel de objeto, de mero instrumento de placer. Estoy seguro de que a ninguno de los que así actúan les habrán escandalizado las opiniones del Sr. Trump cuando ha degradado a la mujer al nivel de cosa.
Decía que quería ir al trasfondo. Pienso que lo que está en juego es el triunfo de la intimidad, que es uno de los rasgos que nos define como personas y nos distingue de los animales: “no me mires como a un objeto, soy un cuerpo personal, tengo una intimidad que también forma parte de mí. Si solo te fijas en mi cuerpo, no me conoces, no sabes quién soy y me cosificas”.
Por eso, de manera natural, surge en el ser humano el pudor, del que carecen los animales. El pudor, como explica José Noriega, constituye una reacción de autodefensa ante el riesgo de ser reducido por la mirada ajena del mismo modo que mis tendencias quieren a veces reducir a los demás, contemplando sus cuerpos como un mero objeto de placer.
El ejemplo clásico para ilustrar la importancia del pudor es el de la mujer que se desnuda por una razón justificada, por ejemplo, para una exploración ginecológica. Esta mujer vence el pudor ante la mirada del médico, pero, si dos jóvenes se asoman por la puerta, siente vergüenza porque percibe de inmediato que aquella es una mirada impúdica, que la ve solo como objeto de placer, no como persona.


Descendiendo ya al plano educativo, podríamos preguntarnos: ¿Cuál es el criterio del pudor? ¿Cómo lo transmito a mis hijos? El criterio lo determina la mirada, la mirada ajena. Mi forma de vestir y de exhibirme debe ser tal que permita a la mirada ajena entrever en el cuerpo a la persona. En la medida en que mi forma de vestir o mis demostraciones afectivas impiden o dificultan esa mirada honda, personal, mi conducta puede ser considerada impúdica, inadecuada para la persona humana.

5 may 2018

LA IMPORTANCIA DE LAS DERROTAS

«La derrota es lo que te hace crecer como persona, si sabes aprender las lecciones que te da. La derrota enseña lo que el éxito oculta. Es la lucidez del perdedor, la nitidez de captar lo que la vida nos da cuando pasa delante de nosotros»

La vida es la gran maestra. Enseña más que muchos libros. Vivimos en una sociedad en la que todo va demasiado deprisa. Mucha gente corriendo, de aquí para allá, sabemos que lo importante es avanzar rápidamente, pero a menudo no sabemos exactamente hacia dónde. Lo que la gente llama éxito, no es otra cosa que un cierto triunfo que tiene un cierto reconocimiento social y, muchas veces, uno se pregunta qué precio ha habido que pagar para alcanzar esa circunstancia. El éxito y el fracaso son dos grandes impostores. Creo que lo más importante es tener clara la meta hacia donde uno se dirige. Hay una distinción que quiero hacer entre metas y objetivos. Las metas son demasiado amplias, tienen unos perfiles borrosos desdibujados. Mientras que los objetivos son medibles y muy concretos, se puede hacer un seguimiento de ellos. Pensemos en el ejemplo del peso, querer adelgazar es una meta concreta. Mientras que los objetivos en ese sentido son medibles: evitar los hidratos de carbono en exceso, levantarse de la mesa con algo de hambre, hacer ejercicio físico unas cuantas veces a la semana, beber mucha agua, evitar comidas copiosas, etc... Todas estas cosas son comportamientos que pueden ser pesados y medidos de forma concreta.
He visto gente que ha empezado a triunfar demasiado pronto y, pasado un cierto tiempo, aquella victoria se convirtió en una auténtica derrota. Por el contrario hay derrotas que con el paso de un corto tiempo se convierten en auténticas victorias. La derrota es lo que te hace crecer como persona, si sabes aprender las lecciones que te da. La derrota enseña lo que el éxito oculta. Es la lucidez del perdedor, la nitidez de captar lo que la vida nos da cuando pasa delante de nosotros. A cierta altura de la vida, cuando uno ya tiene unos años, hacemos balance existencial: haber y debe, arqueo de caja, recuento de cómo han ido los últimos objetivos que teníamos por delante y cada segmento de nuestra travesía rinde cuenta de su viaje. A veces, las cuentas no salen.
Pero el hombre es un animal descontento. Cualquier análisis de la vida personal es casi siempre deficitario por exigencias del guión, cuántas cosas que no han salido o que no han escogido un vericueto adecuado. Hoy hay una corriente muy importante en la psicología moderna que es la resiliencia: es un concepto de la física extrapolado a la psicología y significa literalmente la capacidad de los metales para doblarse sin partirse. Llevado al terreno de la psicología, es la facultad para sufrir, para pasarlo mal, para tener adversidades y saber darles la vuelta, sabiendo que la frustración es necesaria para la maduración de la personalidad.



Pero debemos tener en cuenta, que el mismo fracaso o derrota que a uno le sirve de superación personal, a otro le hunde, lo deja abatido y en la cuneta de la vida. La diferencia está en saber captar las lecciones que esa adversidad nos trae.
Tener talento es importante, pero mucho más importante es tener una voluntad de hierro. La voluntad es la joya de la conducta. En el mundo antiguo existía la expresión de poliorcética, que era el arte de la fortificación en la guerra. La fortaleza consiste en soportar y resistir las adversidades con firmeza, serenidad, con ganas de superarla y vencerla y darle la vuelta.
Cada uno de nosotros necesita resolverse como problema. La madurez significa haber superado las heridas del pasado, ir cerrándolas y a la vez trabajar el proyecto de vida personal con orden y constancia. Lo primero es hacer la cirugía estética del pasado, lo segundo la ilusión de vivir. Lo que siembras, recoges. La vida es un resultado, es lo que hemos ido haciendo con ella de acuerdo con lo que programamos. Lo importante no es vivir muchos años, lo esencial es vivirlos en profundidad con hondura. La vida es plena si está llena de amor y uno consigue poseerse a sí mismo; ser dueño de uno mismo es pilotar de forma adecuada la travesía que uno ha ido escogiendo, siendo fiel a uno mismo y a sus principios. Yo como psiquiatra soy un perforador de superficies; bajo al sótano de la personalidad, al cuarto de máquinas para poner orden y concierto. De hecho la palabra psiquiatría significa en latín psique: mente y tría: orden. El orden es un sedante que nos ayuda a no perder de vista la meta a la que apuntamos.


Los griegos decían que en la vida se podrían describir tres etapas: una primera en la que uno es autor, otra que le sigue en la que uno es actor, y una tercera en la que uno es espectador. Cada uno de ellas corresponde a un tiempo histórico: futuro, presente y pasado. La secuencia es al revés. Cuando eres joven estás lleno de posibilidades, pero cuando eres mayor estás lleno de realidades.
La felicidad consiste en ilusión. La prosperidad está siempre en el porvenir, pero la base siempre tiene que ser esta: sentirse bien con uno mismo, tener una cierta paz interior hilvanado, en su foro interno de coherencia e invención. Inteligencia emocional e inteligencia instrumental. La primera mezcla los instrumentos de la razón y de la afectividad. La segunda está construida sobre cuatro pilares: orden, constancia, voluntad y motivación.
La felicidad es la ley natural del ser humano, es la réplica de la ley de la gravedad. Todos aspiramos a ella pero la felicidad en el mundo actual, para muchos queda reducida a bienestar, seguridad, nivel de vida o posición económica. La felicidad consiste en hacer algo que merezca la pena con la propia vida.
Hay derrotas que nos abren los ojos e iluminan el camino. La felicidad consiste, también, en la administración inteligente del deseo. Y la infelicidad es un sótano sin vistas a la calle. Para ser feliz, en un mundo como el nuestro es necesario no equivocarse en las expectativas, esperar de forma moderada; buen equilibrio entre lo que uno ha deseado y lo que uno ha conseguido.
Y trabajar nuestra personalidad con artesanía, puliendo y limando las aristas de ella. Todos tenemos tres caras: lo que yo pienso que soy (autoconcepto), lo que los demás piensan de mí (imagen) y lo que realmente soy (la verdad sobre mí mismo). Aprender a perder es una salida de emergencia.

4 mar 2018

Mejorar el carácter


Dolors Massot  nos deja cuatro interesantes consejos:


Cuando alguien se enroca en sus defectos y dice “son cosas de mi carácter” para justificar algo malo de su personalidad, debería decir “son cosas de mi falta de carácter“. Porque el auténtico carácter es el carácter 10, la perfección, gozar de todos los valores al máximo, y eso en una persona viva es imposible: siempre estamos incompletos. Podemos y debemos mejorar en algún aspecto, y ahí está uno de los grandes retos dela Humanidad.

¿Somos ya conscientes de que nuestro carácter tiene defectos? ¿Queremos mejorar? Anota estos tipos que pueden ayudarte.

  1. Piensa en una persona a la que dañaste con tu defecto de carácter y pídele perdón de corazón. “Sé que fui humillante al hablar así y no volverá a ocurrir, pondré los medios”, por ejemplo. O “llevo tiempo prescindiendo de ti, te doy mi palabra de que te visitaré más a menudo”.

  1. Determina qué persona te conoce bien (o estarías dispuesto a darte a conocer) y puede ayudarte: un amigo, un familiar, un sacerdote, un psicólogo… Habla con ella y explícale que cuentas con su ayuda: que te abra los ojos e indique formas de superar esa falta de carácter.

  1. Plantea una lucha positiva contra ese defecto. No se trata de decirse “qué mal lo has hecho” continuamente ni de frenarse sin más con un “no volveré a tomar alcohol” sino de ponerse en marcha hacia la virtud. Plantéate a diario una meta, no importa si es muy pequeña.

  1. Haz examen diario de cómo va tu lucha y anota qué ha ocurrido en tres puntos: ¿luchaste? ¿venciste? ¿qué puedes hacer ahora como siguiente paso para mejorar? Es importante que lo escribas, para que tú mismo puedas comprobar tus progresos o tus omisiones. La memoria, si uno no apunta las cosas, se deforma con mucha facilidad y podrían transcurrir cuatro semanas sin haber hecho nada.
Del blog serpersona.info

26 oct 2017

Conviene que nos tratemos bien a nosotros mismos, con buen humor y una chispa de optimismo, con palabras amables

Nuestro cerebro, que es un trabajador incansable, tiene la costumbre de decirnos continuamente cosas. Existe en nuestro interior una especie de desdoble del yo: es como si lleváramos dentro otro personaje con el que entablamos diálogo.

Este sujeto se dedica, a veces, a decirnos cosas negativas: «siempre te equivocas», «nadie te quiere», «nunca lo conseguirás»… Todas estas afirmaciones no son ciertas. Son reproches, augurios y predicciones que no se cumplirán por lo extremas que son, por lo absolutas y rotundas. No son verdad ni pueden serlo.
Sin embargo, su poder sobre nosotros mismos es –en algunas circunstancias– muy destructivo. Llevan al desánimo estéril.
Conviene rechazar estas ideas negativas que se desencadenan cuando algo ha salido mal. Frente a su poder contamos con un buen recurso: la reflexión, esa capacidad de considerar las cosas con atención y darnos cuenta de si son ciertas o no.
Las palabras que nos decimos a nosotros mismos son arma de doble filo. Pueden ser negativas, pero también positivas: «no te desanimes, la próxima vez lo harás mejor», «poco a poco lo conseguirás», «hoy has trabajado muy bien», «eres estupenda con las matemáticas»… Estas cosas son verdad.
Es oportuno que nos tratemos bien a nosotros mismos, con buen humor y una chispa de optimismo, con palabras amables.
Tenemos defectos, nos equivocamos, pero hay defectos que, si no ofenden a Dios y no hacen daño a los otros, pueden formar parte de nuestro modo peculiar de ser. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

De https://rsanzcarrera.wordpress.com/

10 ago 2017

ANSIEDAD POSITIVA

Enrique Rojas escribe en ABC, 22 de Julio de 2017:

En sentido estricto, la ansiedad es un miedo sin objeto, es impreciso, vago, desdibujado… ya que los temores vienen de todas partes y de ninguna… se produce un desvanecimiento de los algos  (…) Una ansiedad es negativa cuando afecta al normal funcionamiento de la vida ordinaria y bloquea la conducta y disminuye el rendimiento profesional y social de forma clara.
Pero existe, también, la ansiedad positiva, que podríamos definir como aquel estado psicológico en el cual una persona tiene muchas inquietudes buenas, de mejorar, de ir a más, de avanzar en facetas concretas de su vida, que pueden referirse a distintos ámbitos, a mejorar en algún área concreta de su vida.
¿En qué áreas puede trabajar esa ansiedad positiva para mejorar la vida personal? Voy a ordenarlas a mi manera:

1. En la personalidad: se trata de corregir, pulir y limar las aristas de la forma de ser de uno mismo con el fin de hacerla más sana, madura y equilibrada. El objetivo no es otro que alcanzar un estilo mejor, ser como una piedra de río, redonda, sin partes que rocen al cogerla, con un tacto agradable a la mano que la coge. Esta es una tarea artesanal que conduce a mejorar nuestro sello personal. Pensemos que para estar bien con alguien, necesitamos estar primero bien con nosotros mismos.
2. En la vida en pareja. El amor conyugal tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica. Alcanzar una buena relación es la consecuencia de haber sido capaz de entenderse con el otro y de aprender lecciones que no vienen en los libros. Afinar en el lenguaje verbal (la magia de las palabras acertadas, de decir lo que acerca y aproxima, el elogio) y en el lenguaje no verbal (la sonrisa, el contacto, la cara como espejo del alma, los gestos, los ademanes positivos que anuncian complicidad, el lenguaje del regalo (cosas pequeñas que dicen mucho… cuidar los detalles pequeños es amor inteligente).
3. En la vida profesional. Procurar estar al día, evitar la dejadez, el abandono. Ser capaz de renovarse uno concretando objetivos. Y la mejor manera es que esos objetivos sean medibles, se les pueda seguir la pista y ver cómo van mejorando… contra viento y marea.
Del Blog serpersona.info

27 ene 2017

Las cinco fases del amor


Después de 40 años como consejero de pareja y familia, el psicoterapeuta Jed Diamond afirma haber descubierto qué es lo que hace una relación real y duradera.

1               Enamorarse
2              Convertirse en pareja
3              Desilusión
4              Creación de un amor real y duradero
5               Los dos juntos pueden cambiar el mundo

Jed Diamond observa que muchas parejas se rompen y la mayoría “creen falsamente que han elegido a la pareja equivocada. Después de pasar el proceso del luto, empiezan a buscar de nuevo” (...)“No entienden que la Fase 3 no es el fin, sino el verdadero comienzo para lograr un amor real y duradero.”

FASE #1: Enamorarse
Esa etapa es maravillosa, dice el psicoterapeuta, porque estamos inundados de hormonas como la dopamina, la oxitocina, la serotonina, la testosterona y el estrógeno. Ese es también el momento en que proyectamos todas nuestras esperanzas y sueños en la otra persona.
Creemos que todas las promesas que nuestras relaciones anteriores no lograron cumplir, finalmente serán satisfechas. “Estamos seguros de que estaremos enamorados para siempre, dice.

FASE #2: Convertirse en pareja
Entonces se pasa al paso siguiente, en que el amor se hace mas profundo y los dos se unen como pareja. Pasan a vivir juntos, es un momento de unión y alegría.

“Aprendemos lo que le gusta al otro, y ampliamos nuestras vidas individuales para empezar a desarrollar una vida de ‘nosotros dos’”. Nos sentimos más ligados a la persona amada, seguros y protegidos. Muchas veces pensamos que este es el nivel máximo del amor y esperamos que continúe así para siempre. Pero llega la Fase 3.

FASE #3: Desilusión
Es la etapa que supondrá el final o el fortalecimiento de la relación. Período en que pequeñas cosas empiezan a molestarnos. Nos sentimos menos amados y cuidados. Incluso a veces nos sentimos presos, somos más irritables y nos sentimos heridos.

“Podemos estar ocupados con el trabajo o con la familia, pero las insatisfacciones se acumulan.” Momento de cuestionar los sentimientos y debilitamiento de la relación: ¿dónde está la persona o el amor que una vez sentimos? Incluso surge el pensamiento de dejar de ser una de las partes de “nosotros dos”. En ese momento, ¿desistes o resistes?

“Hay un viejo dicho: ‘Cuando estés atravesando el infierno, no te pares.’ Eso parece ser verdad en esta fase de la vida. El lado positivo de la Fase 3 es que el calor [de ese infierno] quema muchas de nuestras ilusiones sobre nosotros mismos y nuestra pareja. Tenemos la oportunidad de volvernos más amorosos y apreciar a la persona con la que estamos, y no las proyecciones que ponemos sobre ella como nuestro ‘compañero ideal.’”

FASE #4: Creación de un amor real y duradero
“Uno de los regalos de enfrentar la infelicidad en la Fase 3 es que podemos llegar al núcleo de lo que causa el dolor y el conflicto.” Después de atravesar ese momento de prueba, los dos aprenden a ser aliados ayudándose a entender y curar sus heridas.

Sin desilusiones, el otro no es ese alguien que siempre soñaste, pero sí alguien que es capaz de amarte por ser exactamente quien eres. “No hay nada más satisfactorio que estar con una persona que te conoce y te quiere como eres. Que entiende que tu comportamiento malo no es porque seas malo o no le quieras, sino porque tienes heridas del pasado que aún te hacen daño. A medida que entendemos mejor y aceptamos a nuestra pareja, podemos aprender a amarnos a nosotros mismos cada vez más profundamente.”

FASE #5: Los dos juntos pueden cambiar el mundo
Esa es la etapa en que se superan las diferencias y dudas, en que la confianza y el compañerismo están tan fortalecidos que los dos logran hacer un mundo mejor a partir de su amor real y duradero. “Si pudiéramos aprender a superar nuestras diferencias y encontrar un amor real y duradero en nuestras relaciones, podríamos también trabajar juntos para encontrar un amor real y duradero en el mundo.”

Del Blog Ser Persona.