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29 jun 2019

Aumenta la exclusión social


La primera constatación que recoge el VIII Informe FOESSA (2019) es que la exclusión social se enquista en la estructura social de nuestro país.
Hoy en día, el número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 de millones más que en 2007 (antes de la crisis). Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes “el ascensor de la movilidad social no funciona y no es capaz de subir siquiera a la primera planta”.
Dentro de este sector social, existe un grupo especialmente vulnerable que acumulan tantos problemas cotidianos que les impide tener un proyecto vital mínimamente estructurado: son 4,1 millones de personas en situación de exclusión social severa. Son los ciudadanos sobre los que se ceba la desigualdad y la precariedad en sus diferentes formas: vivienda insegura e inadecuada, desempleo persistente, precariedad laboral extrema e invisibilidad para los partidos políticos.
Dentro de este grupo en exclusión social severa existe un grupo de expulsados, que suman 1,8 millones de personas (600.000 en 2007), que acumulan tal cantidad de dificultades y de tal gravedad que exigirían de una intervención urgente, profunda e intensa en recursos para garantizarles su acceso a una vida mínimamente digna.
La investigación trae, sin embargo, una buena noticia, que está protagonizada por esa sociedad integrada que representan aquellas personas que no tienen dificultades para su supervivencia, que llevan una vida digna en términos materiales y que se ha recuperado a los mismos niveles de antes de la Gran Recesión. Son el 48,4% de la población.
Se detecta, sin embargo, una novedad. Dentro de esta sociedad integrada se está produciendo una reconfiguración en dos grandes sectores: un primer grupo, que es el mayoritario, denominado la sociedad de las oportunidades, que integra a dos tercios de la población de España; y un segundo grupo, que conforma lo que hemos llamado la sociedad insegura y en la que estarían unos 6 millones de personas.

http://www.serpersona.info

3 may 2018

EL COMERCIO JUSTO

COMERCIO MUNDIAL ÉTICO


Vincular Derechos Humanos con comercio no es una utopía"

“El debate no es entre libre comercio y proteccionismo, sino entre un comercio ético y no ético”. Así subtitula el psicólogo, sociólogo y filólogo Christian Felber su publicación “Por un comercio mundial ético” (Deusto, 2018) en la que analiza y critica el libre comercio y el proteccionismo como dos extremos, con todas sus posibles variantes intermedias.

Para Felber, se ha jugado con el concepto de libertad y lo ha adoptado masivamente la ideología neoliberal para sus intereses particulares. “¿Quién puede mostrarse contrario al libre comercio, a la economía de libre mercado, a la libre circulación de capitales o a la libre empresa?”, argumenta el autor. Según él, es necesario mirar el panorama actual del comercio con las gafas de la ética. De este modo, propone algunas medidas para conseguirlo:

  1. Plena implementación de los derechos humanos, del desarrollo sostenible, de una buena vida para todos o incluso del bien común. Felber subraya que “el comercio debería servir a los derechos humanos y a los valores fundamentales de una sociedad democrática, pues ese es su lugar correcto, así cumple con su función y obtiene legitimidad”.
  2. El comercio se debe entender como fin, no como medio: en este sentido recuerda que las libertades económicas sólo son libertades instrumentales y que están al servicio de unos valores superiores que no deben poner en peligro.
  3. Las Naciones Unidas son el contexto para que el comercio mundial sea más ético: se necesitan normas comerciales mundiales siguiendo los objetivos de las Naciones Unidas. De hecho, de momento, ningún gobierno se ha planteado la idea de analizar el impacto de un tratado comercial de acuerdo con una herramienta para medir el bienestar.
  4. La ONU también debe ser la sede del desarrollo económico internacional: pues muchos de los acuerdos, programas y declaraciones internacionales que contribuirían a un comercio mundial ético ya existen, sólo que no están integrados en el sistema de comercio.
  5. Se debe apostar por la cooperación regulatoria entre estados en materia de derechos humanos, derecho laboral, fiscalidad, diversidad cultural, protección del clima y de los objetivos de desarrollo sostenible, para crear una zona de comercio ético de la ONU protegida contra aquellos que no ratifiquen ni respeten el derecho internacional.
  6. Sería positivo vincular el acceso al mercado internacional a los resultados del balance del bien común: es decir, cuanto mayores sean los resultados éticos más acceso al libre mercado.

27 ene 2018

Unidad y diversidad

Auguste Comte (1798-1857) filósofo francés, considerado -entre otras cosas como el fundador de la sociología- decía: “el interés jamás ha formado uniones verdaderas”. Pienso que estas palabras tienen una gran actualidad si analizamos lo que ocurre en Europa.

La Unión Europea nació como una Comunidad Económica, pero cuando convertirse en una unión de pueblos y estados han empezado a surgir los obstáculos que hacen dudar a no pocos de la viabilidad del proyecto. Da la impresión de que si la Unión Europea no es más que una simple unión de intereses, no será duradera.

No es la economía sola lo que da firmeza a una unidad, es necesario que se fundamente también en unos valores o principios éticos compartidos, que no se improvisan porque tienen unas raíces históricas de las que no se puede prescindir. El poder coactivo de las leyes de poco servirá si no se articulan las diversidades culturales ni se tiene en claro un proyecto compartido que vaya más allá de la economía.

Los aspectos económicos son importantes, pero es más importante que Europa sepa encontrar ideales comunes y sepa ser fiel a sus profundas raíces morales que fundamentaron una convivencia basada en el ideal de la dignidad humana.

Del Blog serpersona.info

17 may 2017

Por un trabajo decente

Las entidades promotoras de Iglesia por el Trabajo Decente, en adelante ITD, transcurridos los dos primeros años desde la presentación pública de la Declaración, dan un paso más en su compromiso con la puesta en marcha de una campaña de adhesiones a la iniciativa.

En ella solicitan la adhesión a la declaración fundacional de Iglesia por el Trabajo Decente para tomar «conciencia de que el desempleo, el trabajo precario, la desigualdad en el acceso a un trabajo decente y la limitación al ejercicio de los derechos humanos que esto supone, son un atentado a la dignidad humana» y animar a sumarse a la exigencia de trabajo decente, que no es ajena en la Iglesia.


Por citar algunos ejemplos, en Cáritas in veritate, se señala que el trabajo decente es «expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer» (n. 63). En Laudato si’ se insiste en la importancia de la dignidad del trabajo y del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza y la configuración de una sociedad que, con el trabajo de las personas, cuide la vida de todos y la casa común, realizando así la vocación humana (n. 128). Y en Iglesia, servidora de los pobres, instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española, señala que «para que el trabajo sirva para realizar a la persona, además de satisfacer sus necesidades básicas, ha de ser un trabajo digno y estable. (…) La política económica debe estar al servicio del trabajo digno. (…) Defender el trabajo decente significa poner en el centro a la persona en vez de la rentabilidad económica; ir más allá del empleo y distribuirlo justamente; reconocer los trabajos de cuidado necesarios para la vida; luchar por condiciones dignas y el cumplimiento de los derechos; conciliar trabajo y descanso; y desvincular derechos y empleo. Es una misión irrenunciable ante el aumento de las desigualdades y de la pobreza laboral. Y es esencial para una sociedad más decente» (3.6).

Del Blog serpersona.info

8 ene 2013

Trabaja por la Paz

Para salir de la actual crisis financiera y económica –que tiene como efecto un aumento de las desigualdades– se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. Desde otra perspec- tiva, sin embargo, el éxito auténtico y duradero se obtiene con el don de uno mismo, de las propias capacidades intelectuales, de la propia iniciativa, puesto que un desarrollo económico sostenible, es decir, auténticamente humano, necesita del principio de gratuidad como manifestación de fraternidad y de la lógica del don. En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad.


13 sept 2012

Espíritu y dinero



"Sólo hay salud si en el espejo del alma
se refleja toda la comunidad
y en la comunidad vive la fuerza de cada individuo"