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6 nov 2020

‘Fratelli Tutti’: todos interpelados








 “Fratelli Tutti” constituye una invitación a imaginar la construcción y el desarrollo de la
vida social y política a la luz de la radicalidad evangélica, que, a juicio de Francisco, está llamada a inspirar y transformar el pensamiento y la conducta de los cristianos también en este terreno





          Incluso en medios que rara vez se hacen eco de asuntos de la Iglesia, las encíclicas sociales de los Papas despiertan interés, porque ofrecen una interpretación de la realidad social a la luz del Evangelio, sin descender a las polémicas partidistas que suelen protagonizar el debate político en cada país. Precisamente cuando el partidismo exasperado constituye uno de los factores que más deterioran la concordia social, esa clase de reflexión, por su altura de miras, interpela no solo a los creyentes, sino también a cualquier persona preocupada por generar un entorno social y político más humano.

            Al igual que un "padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo" (Mt, 15, 52), en esta clase de documentos los Papas acostumbran a poner el foco en los aspectos del mensaje cristiano que permiten iluminar mejor una realidad social de suyo cambiante. En un contexto mundial marcado por una evidente polarización social y política, por la "globalización de la indiferencia", por crecientes desigualdades económicas y sociales, por el descarte generalizado de personas consideradas improductivas, por conflictos identitarios exacerbados, por el rebrote del racismo y la xenofobia, y, en definitiva, por el retroceso práctico del reconocimiento universal de los derechos humanos, Francisco ha dedicado esta carta a la "Fraternidad y a la amistad social"; y, entre las muchas facetas de la fraternidad cristiana, ha querido resaltar expresamente una: la apertura a todos.

               Recordando que el cristiano está llamado a fomentar la amistad social, y, por tanto, a contribuir a la construcción de la humanidad común, su reflexión encuentra eco más allá de las fronteras de la Iglesia católica y otras confesiones cristianas; de hecho, Francisco ha querido resaltar el estímulo que supuso para él su encuentro en 2019 con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, y confía decididamente en la común humanidad y la amistad como lugar de encuentro entre creyentes y no creyentes: desde la profundidad de su fe cristiana, tomando como pauta la parábola del Buen Samaritano, el Papa no vacila en hacer causa común con todos aquellos que se empeñan sinceramente en hacerse prójimos de los demás, superando egoísmos personales o grupales, para abrirse a los otros y construir un mundo más solidario y justo, por diversas que sean sus convicciones. Porque estamos todos en el mismo barco.

                   En este sentido, no es casual que el título de la encíclica refleje las palabras con las que San Francisco de Asís se dirigía a sus hermanos: subraya así la continuidad con la Laudato si’, cuyo título evocaba el Cántico en el que el Santo de Asís, alabando al Creador, se refería a las criaturas todas de la tierra como hermanas: pues si él "se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne". Una vez más, pues, el Papa Francisco invita a dirigir la mirada al Poverello de Asís, que "sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos", para reenfocar nuestra manera de abordar la vida social y política.

De hecho, Fratelli Tutti constituye una invitación a imaginar la construcción y el desarrollo de la vida social y política a la luz de esa radicalidad evangélica, que, a juicio de Francisco, está llamada a inspirar y transformar el pensamiento y la conducta de los cristianos también en este terreno. En efecto: entrelazando su pensamiento con el de Benedicto XVI, quien en 2009 dedicó su encíclica Caritas in Veritate, a la orientación humana de la globalización, Francisco subraya: "Todos los compromisos que brotan de la Doctrina Social de la Iglesia provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40)". Esto supone reconocer que "el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor". Por esa razón, el amor no sólo se expresa en relaciones íntimas y cercanas, sino también en "las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas". (n. 181).

Desde la consolidación de los vínculos sociales cotidianos hasta el modo de enfocar las relaciones internacionales, pasando por la recuperación de un sentido noble de la actividad política, son muchos los temas que se iluminan a partir de tales principios; muchos los retos que, tanto en el plano del pensamiento como de la acción, se abren para quienes quieran acoger el mensaje contenido en estas páginas. En todo caso, revisar nuestras prácticas sociales y políticas conforme al ideal de la amistad social resulta imperativo.

Ana Marta González González, Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras e investigadora del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra. Miembro Ordinario de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

Fuente:https://www.almudi.org/.


1 oct 2020

Sobre la hospitalidad


 La hospitalidad es un valor que todos entendemos y, en cierta manera, todos llevamos a cabo, sin embargo hay un abismo entre la hospitalidad que se ofrece y vive de unos lugares a otros. Me vienen a la memoria unos amigos míos de toda la vida que siempre que venían a casa a buscarme o a cualquier cosilla, cuando se despedían decían en broma a mi madre: “Gracias por los refrescos y la merienda”. Evidentemente es una broma sencilla, pero refleja lo que para nosotros alberga esta palabra y es que, creo, para ninguno de nosotros estaría entre los primeros puestos en nuestra escala de valores.

Sin embargo, para los Tuareg del desierto es el valor principal dado que cuando un visitante, conocido o no, llega a la tienda en la que alguien vive, la diferencia entre albergarlo o no, ofrecerle tu tienda y tu comida o no, es lo que hace que el acogido sobreviva o fallezca en su viaje.

No termino de entender por qué, pero mi experiencia los últimos meses me está enseñando que los pobres son mucho más hospitalarios que los no tan pobres, ¿por qué? ¿Qué hace que cuanto menos se tenga más dispuesto se esté a dar lo poco que se tiene? No me refiero a ser capaz de albergar en casa a algún amigo, a darle de comer y hacerle sentir bienvenido, sino al extremo de dar todo lo que se tiene aunque yo me quede sin nada, como esas familias en Tanzania que son capaces de matar “su Gallina” para que comas y de lo que te sobre comerán ellos, o como Malawi, uno de os países más pequeños y pobres de África, que ha llegado a albergar más de un millón de refugiados que huyen de la guerra en sus países, o como todos esas familias que viven en las típicas pequeñas chozas africanas y que te hacen sentir la persona más importante del mundo sólo por lo contentos que están de tenerte entre ellos. 

A veces nos quejamos porque los inmigrantes nos están “invadiendo” o porque la vecina llamó a la puerta por segunda vez a pedir sal… Donde nosotros vivimos, la hospitalidad puede no ser cuestión de vida o muerte pero, quizá, el modo que tienen de encarnar el amor los que menos tienen puede iluminarnos en nuestra manera de acoger, de acompañar o, simplemente, de vivir. Mucho nos queda por aprender de los pobres, y una de las primeras cosas podría ser el mero hecho de darse cuenta de que las cosas no son nuestras y que, casi siempre, no nos merecemos todo lo que tenemos. Los que menos tienen agradecen más cada pequeña cosa que consiguen o que llega a ellos y, es por eso, que son más capaces de desprenderse de ello porque todavía no se han llenado de ese afán por tener más y más que nos va llenando según vamos poseyendo.


https://pastoralsj.org/

26 sept 2020

Poner música a la vida


Peter, el fundador del movimiento social, entra en el tren expreso de las 7:51 am a Perth y comienza contribuyendo con un hermoso mensaje edificante. La intención detrás de esto era permitir que las personas se sintieran reconocidas por el trabajo que hacen y demostrar cuán simple puede ser elevarse mutuamente cuando nos unimos a través de experiencias positivas compartidas. Puede ser fácil sentirse despreciado, desconectado y aislado de nuestra comunidad en un mundo que constantemente desea un crecimiento exponencial, actividad y expansión. Afortunadamente, hemos descubierto que nuestra humanidad compartida existe solo unos centímetros debajo de la superficie de un fantasma aparentemente como lugares públicos. Decidimos crear este momento como un punto de control humanitario; un breve momento en el tiempo para ver que más allá de nuestras diferencias hay amor y humanidad.

2 ago 2020

El laberinto de las expectativas

Uno de los caminos más enrevesados que nos toca recorrer alguna vez es el de las expectativas. Por una parte, está lo que uno mismo espera de otros. A menudo te descubres ilusionado, anhelante, deseoso. Esperas que otros actúen de una manera determinada, tal vez un gesto, una llamada, una palabra, una mirada... Interpretas eso que ha de ocurrir. En tu imaginación es señal de afecto, de aprecio, de valoración. Y por eso mismo, si no llega, empiezas a agobiarte pensando que para esos otros tú no vales, no importas... No se te ocurre pensar que los tiempos a veces son diferentes, o que esos otros tal vez no expresen las cosas de la manera que tu imaginación exige. Y así, empieza una espiral compleja. Cuanto más defraudan tus expectativas, más se multiplican estas. Y más se resquebraja el suelo sobre el que caminas.
En el extremo opuesto, está lo que piensas que otros esperan de ti. También eso es laberíntico. Te importa cumplir: hacer las cosas bien, acertar, responder lo que se supone que tienes que responder, tener la palabra precisa, no defraudar nunca... Pero, ¿quién puede acertar siempre?
La gran trampa de este tipo de expectativas es el silencio. Porque es ahí donde se van gestando. En el no hablar de las cosas. No decirle al otro cómo te sientes. No compartir tu inseguridad, cuando la hay, o tu necesidad de afecto. Y entonces te va devorando. Las palabras no dichas, los conflictos no expresados, las necesidades no compartidas –por miedo a resultar demasiado vulnerable– se van convirtiendo en un muro que te aísla. Y con ese muro se van construyendo las paredes del laberinto.
Hasta que llega alguien con quien puedes compartir esa parte más frágil. Hasta que llega alguien a quien puedes decirle: te necesito. O con quien puedes reírte de tus límites, sabiendo que así te quiere. Y entonces, en ese alguien, la amistad se vuelve puerta de salida.

17 jul 2020

Cuidemos los cristianos, modales, por favor.

https://pastoralsj.org/
       

Uno enciende la tele y los echa de menos. Puede que movido por el optimismo decida entonces sintonizar la radio. Tampoco. En ese caso está el recurso de acudir a la prensa o de salir a la calle, pero no hay manera de encontrarlos. Los buenos modales simplemente se han esfumado. Y quizás podríamos afirmar incluso que se los ha desterrado. Porque no sucede tan solo que cada día nos comportemos con peores formas, sino que incluso las personas que aún tratan de mantener un cierto código de cortesía son denominadas despectivamente como cursis o repipis, cuando no atacadas por relacionarse con gestos y palabras 'clasistas'.


         Lo sorprendente es que nos pasa también en ocasiones dentro de la Iglesia, en nuestros grupos y parroquias. Y es verdaderamente incomprensible, porque al contemplar a Jesús en los Evangelios uno no puede dejar de apreciar que el Señor era un hombre suave en el trato, correcto en sus palabras, cuidadoso con sus gestos. No se trata de añorar anacronismos y empezar a tratarnos todos como si nuestra vida transcurriera entre las paredes de un enorme Downton, pero quizás sí que podamos hacer nuestra aquella oración del Padre Arrupe en la que le pedía al Señor su modo de tratar a los demás, su delicadeza, la amabilidad con que atraía a las multitudes. Puede que una tarea de los cristianos en nuestra sociedad, ahora que la cosa va cada vez más de minorías, de ser levadura que fermenta la masa, sea la recuperación de la buena educación en el trato con los demás, tan poco como saludar al entrar en un lugar, ceder el paso o el asiento, dar los buenos días o no olvidarnos de dar las gracias. Porque el cuidado en la atención a las personas que nos rodean, aunque sean desconocidas, no tiene que ver con el estatus social, modas o esnobismos, sino que es la expresión externa del cariño y el respeto profundo que los cristianos estamos llamados a tener ante todos, en la medida en que rezar el padrenuestro nos hermana, y que nuestro modelo de conducta es Jesús.



          Quizás el punto sea pasar menos horas empapándonos de las formas que nos ofrece TeleQuince, y dedicar un ratillo cada día a dejar en la oración que nos calen las formas de Jesús en su Evangelio. Cuidemos entonces los buenos modales. Cuidemos los cristianos modales, por favor.

20 jun 2020

ENTREVISTA A FERNANDO MOSTEIRO – EL ESPEJO DE COPE

https://odresnuevos.es/



















Fernando Mosteiro,  presidente de la Obra Social Odres Nuevos.

Con agrado os comparto las palabras que me mandan desde La Cope y la entrevista que me hizo ayer José Luis Restán, en el Programa El Espejo, de Cope, en relación a las experiencias vividas en las residencias de mayores durante la pandemia.
Desgraciadamente, las residencias de ancianos han sido uno de los focos más letales de la pandemia de coronavirus que todavía afrontamos. En ‘El Espejo’ hemos abordado este tema también desde una perspectiva de futuro, subrayando el amplio compromiso eclesial que viene de lejos en este campo. Y lo hemos hecho con Fernando Mosteiro, presidente de la Obra Social Odres Nuevos.
“La Obra Social Odres Nuevos se encuentra dentro de la Asociación Lares, que es la asociación de residencias y servicios a mayores (centros de día, ayuda a domicilio, etc.), de centros de atención a la discapacidad y a la exclusión social del sector sin ánimo de lucro. En Madrid somos 42 residencias, pero en España somos más 1 000”, explica Mosteiro.
Odres Nuevos tiene un estilo propio: la atención centrada en la persona, haciendo de las residencias hogares y con el humanismo cristiano como base. “El tema de hacer las residencias hogares es algo muy importante para nosotros. Ahora que se habla de residencias medicalizadas, queremos reforzar la idea de que las residencias somos hogares, no hospitales. Nadie quiere vivir en un hospital. Queremos vivir en hogares acogedores, a nuestro estilo y a nuestra forma de ser”, señala el presidente de Odres Nuevos.
Fernando Mosteiro también ha recordado cuáles son las principales enseñanzas que han extraído de esta pandemia. “La principal enseñanza que hemos sacado es que debería haber una mayor coordinación entre centros sociales, como son las residencias, y sanidad pública. Gran parte del caos que hemos vivido en las residencias viene por esta falta de coordinación”.
“Las residencias no tienen que ser hospitales, tienen que ser hogares, pero sí tienen que estar bien coordinadas con los recursos sanitarios generales y universales a los que tiene derecho toda la población, incluso los mayores institucionalizados”, afirma el presidente de Odres Nuevos.
Pero Mosteiro tambien busca un lado positivo. “Hemos visto cómo los mayores, institucionalizados en este caso, han afrontado la crisis. Cómo han sido capaces de adaptarse a esta situación tan crítica y tan especial; sin visitas de familiares ni seres queridos durante varios meses; poniéndose al día rápidamente, incluso antes que nosotros, en las videoconferencias para tener ese contacto con los familiares; soportando el tener que estar recluidos en sus habitaciones, sin poder salir durante mucho tiempo a espacios comunes de la propia residencia; y, siempre, con una sonrisa, manifestándonos su cariño y agradeciéndonos el trabajo que día a día realizábamos con ellos”.
Sobre la propuesta de ‘nacionalización’ de las residencias, el presidente de Odres Nuevos lo tiene claro: “no creo que sea la solución. Es más, no creo que haya habido una diferencia excesiva entre cómo ha afectado el virus en una residencia pública y cómo lo ha hecho en una residencia privada. El virus no distingue la titularidad de la residencia. Lo que sí tiene sentido es que las residencias estén totalmente conectadas y en colaboración estrecha con los centros de salud, con los hospitales y geriatras de referencia de la zona, que seamos considerados servicios de primera necesidad a la hora del reparto de EPI, PCR… e incluso si hiciera falta un refuerzo de personal o de medicalización puntual. Eso sí sería necesario”.
Mosteiro reclama un cambio de mentalidad respecto a los mayores. “Somos una sociedad que estamos dejando a nuestros mayores olvidados. Cuántas noticias de mayores que fallecen y encontramos el cadáver semanas o meses después; cuántas noticias quitándole valor a las vidas de los mayores, como si el llegar a mayor y no producir ‘económicamente’ produjese un descarte, cuando el valor de una persona mayor es enorme: en vivencia, en educación, en valores, en experiencias… Tremendo”.
“Tenemos que tomar a los mayores como son: personas de pleno derecho en la sociedad, con el mismo valor y con los mismos derechos y con la misma capacidad de decisión que tú o yo”, señala el presidente de Odres Nuevos.
Fernando Mosteiro reconoce que ahora se nos presenta una etapa complicada. “La imagen tan sesgada que se ha dado de las residencias a lo largo de esta pandemia es un lastre que nos va a acompañar durante mucho tiempo. Las restricciones administrativas que se han impuesto a las residencias (sobre salir o recibir visitas, por ejemplo) y no a otros ámbitos, como las personas que viven en casa, es otro gran problema que hará que los mayores y las familias sean más reticentes a la hora de dar el paso de ir a una residencia”.
“Pero también nos ha traído cosas buenas: el trabajo en equipo, el trabajo desinteresado… hay gente que se ha ofrecido a doblar turnos sin ningún problema, quitándose libranzas, trabajando sin medios… Hablamos de trabajadores que se han quedado a vivir en la propia residencia para evitar la propagación del virus. Todo esto es lo más bonito de nuestra labor, concluye Fernando Mosteiro, presidente de la Obra Social Odres Nuevos.

15 may 2020

Europa. ¿Ahora, qué?

Y el eterno culebrón se acabó, y con él tantos años de hartazgo y de empecinamiento que nos traen cierta sensación de alivio. Además de la necesidad de pasar página se abre un periodo de reflexión sobre qué significa ser europeo. Pese a que a muchos nos convenza la idea de Europa, el Brexit no es solo consecuencia de la incompetencia política o de la superficialidad cultural, es el fracaso de un proyecto que para algunos es un pacto de mínimos o un tratado puramente económico.
Europa no es solo el Euro, la Champions League, el espacio Schengen y el erasmus para todos. Detrás de esta bandera y de un lenguaje artístico y cultural común se defienden valores como la libertad, la igualdad, la solidaridad y la democracia, algo que en otras partes del mundo es casi una utopía. Aunque imperfecta, mejorable y contradictoria en algunos aspectos, es el fruto de una cosmovisión y de unas raíces cristianas -esto es opinión puramente personal- que apuestan por la bondad del ser humano y por una sociedad justa y sostenible. Pero sobre todo la Unión Europea es el aprendizaje de dos guerras terribles que mostraron al mundo hasta qué punto puede llegar la crueldad del ser humano. Ya sea con 28 o con 27 países, se convierte así es una etapa dorada de la historia donde políticos y ciudadanos encontraron en el diálogo y el entendimiento la p.uerta para el progreso de las naciones, aparcando así siglos de guerras, muerte y destrucción.
Decía Alfredo Di Stéfano, uno de esos iconos del deporte rey que pululaban en el viejo continente de los años cincuenta que ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Puede que esta idea -tan simple como difícil de aplicar- es la que conviene recordarnos ahora que los egos laten en forma de nacionalismos y populismos de ambos sentidos y que ponen en cuestión un sistema que nos ha hecho vivir mejor, porque Europa nunca ha sido tan pacífica como cuando ha estado unida, y si no, miremos nuestro propio pasado.
Álvaro Lobo, sj

5 oct 2019

LA TENTACIÓN

       
      Siento si seguimos dándole vueltas a lo mismo, pero es que es tan profundamente serio lo que estamos viviendo que cuesta callar y volver la mirada, aunque la tentación sea querer estar ya hoy en Albanta, huir de país o de planeta.
       Días atrás un amigo me regaló una canción de Aute que desconocía, Albanta. «Yo sé que allí, allí donde tú dices, no existen hombres que mandan, porque no existen fantasmas, y amar es la flor más perfecta que crece en tu jardín en Albanta». Y hoy pensaba que ahí, ahí donde yo como cristiana sueño, ese país quiero construir, pero no huir. Aquel mismo día una amiga me regaló una de las oraciones de Pedro Casaldáliga: «Es tarde, pero es todo el tiempo que tenemos a mano para hacer futuro. Es tarde, pero somos nosotros esta hora tardía».
       Y es ahí donde quiero llegar, más allá de la presunción de inocencia o de la críticas a políticos, duques o nuestro vecino de al lado, sin olvidarnos de nosotros mismos, que puede que sea el mejor lugar para empezar. Es aquí y ahora donde tenemos que decidir y construir como cristianos. No es hora de desconfiar de todo, de agarrarnos al comportamiento de otros para justificar nuestra dejadez, es aquí y ahora, donde tenemos que construir y dar una señal distinta. Y sigue Pedro: «Es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco». La tentación es huir, pero la llamada valiente es ayudar a construir Albanta o aquel país donde tú dices.
Ana Vázquez Ponzone.

20 sept 2019

Novatadas












https://pastoralsj.org

Siempre he estado en contra de las novatadas. Durante muchos años me tocó vivir en un Colegio Mayor y he participado en innumerables discusiones sobre su pertinencia o no. Conozco de sobra el argumentario que defiende que son «rituales de integración», y todas las variantes sobre que es la forma de conocerse, conocer a los nuevos, acoger, relacionarse, y el dramatismo con que algunos veteranos argumentan que, si no se hacen, entonces los nuevos van a ir a su bola. El espíritu colegial en todas sus variantes parecería depender de la capacidad de los recién llegados para pasar por el aro y perpetuar un sistema de castas en el que el hoy burlado se convertirá en burlador mañana (y donde digo burlado, podemos decir humillado, acosado, abusado…)
Honestamente, no sé si alguna vez fueron otra cosa, pero sí sé que hoy en día no hay ninguna necesidad de novatadas para conocerse. Hay mil escaparates en los que tenemos información unos de otros. Y la gente joven está más que habituada a salir y socializar. Que no me digan que el único modo de llegar a interactuar es a base de bofetadas, pringues, flexiones, chupitos por decreto, baños en fuentes públicas, tartazos, duchas, simulaciones sexuales, pruebas de resistencia o la última ocurrencia del veterano de turno.
Hacen falta límites claros en la vida. Hace falta aprender a decir no, y en las novatadas hay tres noes necesarios. El primero, el de los responsables de las instituciones (universidad, residencias, etc). poniendo los medios a su alcance -que son muchos- para acabar con esta dinámica. El segundo -y sé que es algo difícil de pedir- el de los nuevos, negándose a aceptar esa lógica que disfraza el abuso de buen rollito-. El tercero el de tantos veteranos asqueados que prefieren alejarse, porque lo que a ellos les tocó vivir no lo desean para otros.
Seguramente mucha gente tiene un recuerdo idealizado de sus novatadas, y tal vez pueda evocarlas como un momento lúdico, de diversión y encuentro. No es tampoco infrecuente escuchar a alguien decir: “pues a mí me hicieron y no me pasó nada…” El problema es que tú no eres la medida de los demás. Y para otra mucha gente esa misma memoria es de angustia, humillación y sumisión. Y a quien hay que proteger no es a los fuertes, sobrados, carismáticos, que se las saben todas y para quienes esto no deja de ser otro rato de desfase. Sino a tantos otros (la mayoría, sospecho), que jamás harían algo así libremente.

José María Rodríguez Olaizola, sj

15 ago 2019

¿Críticos o criticones?


Cuántas veces nos pasa que empezamos una conversación normal con un conocido y, sin saber muy bien cómo, acabamos criticando a algún amigo, un familiar, compañeros de trabajo o de comunidad. Lo peor es que lo justificamos diciendo que es un desahogo o que, si es verdad lo que se dice, no hay ningún problema. Al terminar ese tipo de conversaciones, puede que hasta nos hayamos reído, pero nos deja un poso de tristeza. 'Morboasco' es el nombre que una amiga utiliza para hablar del sentimiento que queda después de despotricar.
Partimos de la base de que el espíritu crítico es positivo. Gracias a él, los grupos evolucionan y se adaptan a las novedades. Incluso espiritualmente es positivo, pues obliga a preguntarse constantemente por la voluntad de Dios, a evitar una comodidad que acabe en una paz falseada, y a luchar contra el mal o la injusticia. En la Biblia, encontramos en profetas como Moisés, Eliseo o Jeremías, y en el mismo Jesús, actitudes que hoy llamaríamos críticas o negativas. La vida de Jesús estuvo marcada por el amor a los demás, pero eso no le impidió ser muy crítico, por ejemplo, con el templo o los fariseos.
Quien invoca el espíritu crítico debe ser cuidadoso si no quiere convertirse en un criticón que destruye la unidad y se fija solo en lo malo. ¿Cuál es, entonces, la forma de mantener el equilibrio y hacer críticas constructivas? Pienso que hay tres criterios fundamentales que nos pueden ayudar. El primero, que sea verdad y esté contrastado; porque si es algo «que hemos oído por ahí» o si es mentira, difamamos y violamos el derecho al honor de las personas. Aquí es importante distinguir un juicio sobre el trabajo de una persona, que es legítimo, y un juicio sobre la calidad moral de esa persona, que casi nunca lo es. El segundo, que sea público y pensemos si a la persona que escucha le aporta algo; porque si no es público y no aporta nada, revelamos secretos que deben seguir siéndolo y fomentamos actitudes morbosas. Por último, y es el más importante para los cristianos, que la crítica vaya envuelta de amor a la persona y de una genuina búsqueda de la Verdad y el bien para ella y para el grupo. Para asegurarnos, será clave hablar primero con la persona implicada y después con la autoridad que pueda intervenir.
Pensar que Dios solo inspira sentimientos positivos es ingenuo, puesto que los negativos pueden convertirse en el inicio de una conversión. Solo con una actitud de finura espiritual y escucha atenta a la voluntad de Dios podremos caminar con un espíritu crítico que, tanto individual como grupalmente, nos lleve hacia la Verdad que, desde el amor, nos hace libres.

8 ago 2019

La falsa sensación de comunidad


«Cuanto más numerosas son las personas con que estás en contacto permanente, tanto peor; el aumento del número de conexiones baja de manera directamente proporcional al denominador común. Y todo el tejido de relaciones gira en torno a este denominador común de forma muy rudimentaria. No  es posible ninguna relación seria, no hay un intercambio de ideas ni ningún tipo de apego además de la dependencia de tener la sensación de que siempre tienes que estar cerca de alguien, de que estás conectado, al fin y al cabo. Aireas un número finito de ideas y expresiones rudimentarias. Las relaciones se reducen a un corte superficial, en la capa más epidérmica. Planas, carentes de profundidad. En este sentido, en realidad no llegas a conocer, de hecho, a nadie con quién estás en este tipo de contacto. Quizás sabes los nombres -o solo los apodos-, ves las fotos que ellos deciden compartir contigo y averiguas de ellos solo lo que quieren transmitir. Por lo general, lugares comunes: familia, juerga, entretenimiento excursiones como los turistas japoneses que se amontonan como ovejas, sin cesar, por el mismo camino, en la misma fila, con el mismo paso, con la misma ropa. Incluso el ángulo desde el cual toman las fotos a menudo es idéntico. Visitar los mismos lugares, el mismo tipo de diversión, las mismas cosas fáciles de comunicar. Cuanto más fáciles de comunicar, más superficiales serán. En la ausencia del pensamiento, todo es prefabricado. Una soledad profunda y ensordecedora».
Igor Begler (La Biblia Perdida)

https://pastoralsj.org/ser

Mantenga la distancia de seguridad



Hace unos días fui a Madrid a visitar a la familia y aprovechar para visitar la ciudad. Camino de Madrid, por la autovía, me encontré varias veces el cartel luminoso con un mensaje: «Mantenga la distancia de seguridad»… y pensé que es una frase que se puede aplicar a muchas de nuestras realidades y situaciones diarias, porque de no mantener la distancia podemos tener problemas de 'seguridad'.

Es necesario a veces, en este viaje que llamamos vida, mantener la distancia de seguridad con esas personas o situaciones que nos restan, que nos hacen dependientes, que van achicando nuestra originalidad, nuestra personalidad… así que pensé que igual este cartel es una 'señal' para retomar eso que se propone en los ejercicios espirituales, de analizar si las 'cosas' (entendiendo por cosas también personas, situaciones…) me hacen bien por ser sanas, por ayudarme a crecer y entonces tengo que seguir entrelazándolas a mi vida; o si por el contrario hay personas y situaciones que no hacen bien y ante las cuales tengo que mantener la distancia de seguridad.
Pues que tengáis buen viaje por esta vida nuestra, y atentos a las señales.

20 jul 2019

Diferencias entre amor y lujuria

En su libro "Llena estos corazones", Christopher West sintetiza en una tabla la diferencia entre amor y lujuria... que puede ayudar a muchos:
1. La lujuria busca satisfacer a uno mismo. El amor busca entregarse totalmente al otro (“amar es darlo todo y darse uno mismo”, decía Teresa de Lisieux)
 2. La lujuria trata a los demás como objetos para usar. El amor afirma a los demás como personas
3. La lujuria sacrificará a los demás por el propio interés. El amor es servicial, el que ama se sacrifica por los demás
4. La lujuria manipula, se usa para controlar al otro. El amor quiere respetar la libertad del otro
5. La lujuria esclaviza. El amor nos libera
6. La lujuria no es exclusiva, se entrega casi a cualquiera. El amor es exclusivo: quiere sólo al amado

7. La lujuria ve el cuerpo como una “cosa”. El amor respeta el cuerpo como un “alguien”
8. La lujuria arrebata el placer, que siempre será bastante fugaz. El amor desea una felicidad eterna
9. La lujuria enseguida se llena de envidia. El amor espera siempre, confía siempre

10. La lujuria termina cuando acaba el placer. El amor permanece en lo bueno y en lo malo

11.  La lujuria nos hace sentir usados. El amor nos hace sentir valorados.

13 jul 2019

Tres maneras de cuidar la amistad con uno mismo

woman heart

La amistad con uno mismo es una de las relaciones más preciadas. Vale la pena invertir en ella

¿Podríamos convertirnos en nuestro peor enemigo? Cultivar la amistad con uno mismo se trata de reconocer quiénes somos y atender a nuestro ser auténtico para mejorar nuestra relación personal y social. Después de todo, si somos buenos amigos con nosotros mismos más fácilmente podremos serlo con los demás.

Aprender a escucharnos y expresar nuestras emociones

El saber escucharnos es fundamental para comprender cómo nos encontramos en cada etapa de nuestra vida. No podemos ser verdaderos amigos sin el autoconocimiento que nos da consciencia de todo lo que nos ocurre. Esto significa aplicar la escucha activa en el modo en que pensamos, sentimos y nos expresamos.
Es posible que uno se trate de manera muy dura o desagradable aun sin darse cuenta de que lo está haciendo. Ser capaz de expresar esas emociones con palabras, nos permite reconocer que lo que uno se dice y piensa sobre uno mismo nos afecta enormemente y que podemos llenar ese lenguaje con valores positivos.


Aceptar que tenemos vulnerabilidades y saber perdonarse

Es importante ser amable con uno y aceptar nuestra humanidad imperfecta. Saberse humano es un grandeza que nos permite abrazar toda nuestra realidad. Comprender nuestras debilidades nos permite dar ese primer paso de triunfo de amor en el crecimiento personal.
Ser amables no significa que uno complazca su orgullo o sea egoísta. Es un hábito saludable que necesita práctica constante, como comer adecuadamente y dormir lo suficiente. Cuando cometemos errores podemos recurrir a la paz que nos da el perdón y aprender la lección para no volver a cometerlos. Un buen amigo tiene una actitud abierta y sabe perdonar.

Mirar menos a los demás y ejercitar nuestros dones

Hay una tendencia constante a mirar a los demás buscando compararse, pero eso nos quita el foco. Si no cuidamos lo nuestro porque pasamos más tiempo en el Instagram de un amigo, hablando de los vecinos o dando opiniones y elevando juicios sobre el resto, estamos limitando nuestra propia capacidad para crecer. Si el motor de nuestras conductas están fuera, se va perdiendo la dirección y la relación de amistad que podemos tener con nosotros mismos.
Enfocarse en la combinación única de nuestras fortalezas es lo que nos hace avanzar. Piensa en lo que tienes y tus logros. Hay muchos logros pequeños pero importantes como tener buenos amigos o una buena familia.

3 may 2019

Amabilidad, tan necesaria hoy

























Leemos en Almudí:
Ser amable facilita la alegría que se manifiesta en mostrar satisfacción de vivir, amar y compartir tiempo con las personas en una actitud que desdramatiza situaciones molestas y ayuda a disfrutar en ambientes familiares y contagiar alegría a otras personas

La amabilidad nace del amor, la comprensión, la empatía y la generosidad; para que sea virtud debe estar libre de segundas intenciones. Es también una muestra de confianza, porque apuesta por creer en la buena voluntad de los demás, incluso si se equivocan y en mantener la confianza en que con esfuerzo e ilusión lograrán las metas acordadas.
Sigue el redactor de esta voz en Wikipedia destacando su valor y concluye diciendo que “amabilidad es la palabra dulce que anima, levanta, consuela y fortalece. […] es afabilidad en la conducta, naturalidad en el obrar, paz en el semblante, benevolencia en la mirada”. No es la actitud ingenua de quien no percibe la malicia de algunos actos; es la actitud de quien no somete por sistema a un juicio riguroso a las personas con las que convive. En la contraportada de la edición de Rialp se afirma que exige “prestar mayor atención a las cosas que se hacen y a cómo se hacen”. La amabilidad vence la crítica amarga y vive la caridad en detalles cotidianos que se manifiestan en la forma de corregir (si corresponde), de ver la vida con buen humor y evitar tintes dramáticos en lo que no tiene entidad. Esto exige evitar los juicios temerarios, las reacciones de ira, sea en el coche, viendo un partido de fútbol o al corregir a un hijo. El propósito de vivirla evitará pensamientos negativos a la vez que procuramos ver el lado amable de las situaciones. Exige, y es importante en la sociedad actual, tratar bien a las personas aunque se discrepe en las ideas.
Quien opta por la amabilidad no renuncia a formarse un juicio de lo que está bien o mal, es verdadero o cierto. Decir lo que nos parece mal es legítimo, pero se puede hacer sin herir a las personas. Quien posee esta cualidad es capaz de descubrir ese rasgo amable que todos tenemos y que sólo ven quienes nos miran con afecto.
Dice Lovasik en el prólogo: “el mundo necesita amabilidad: siendo amables seremos capaces de convertirlo en un lugar más feliz en el que vivir”. Ojalá seamos más valientes en el compromiso y más amables en el trato. La lectura reposada del libro es una ayuda para interiorizar esa actitud. Padres y profesores podemos ejercitarnos cada día en detalles como buscar que haya más risas que gritos en la casa, buscar un estilo positivo que resulte más estimulante, no gritar al corregir, pedir disculpas por la forma si es oportuno, etc. Puede costar tiempo lograr algunas metas, pero vale la pena.
De José Manuel Mañú Noain es asesor de centros educativos, historiador y lector apasionado.

12 abr 2019

El Alzheimer no puede con la música


Deseamos con todo nuestro corazón poder llegar a más personas con Alzheimer y otras demencias. ¿Nos ayudas a conseguirlo? #CrowdfundingParaDespertar Si lo haces económicamente, ¡¡por cada € que dones, Fundación Al Éxito nos dará 1 € más!! Y podrás recibir alguna de las recompensas a través de la web. También nos ayudas compartiendo esta publicación. Más de 50 Millones de personas padecen demencia en el mundo, necesitan nuestro apoyo. Tenemos el deseo de llegar a más Centros, profesionales, cuidadores y personas con Alzheimer, y a través de la música y el Amor mejorar su estado y calidad de vida. La fuerza de las emociones. Podéis hacerlo desde el siguiente enlace: http://al-exito.org/musica-para-despe...

22 oct 2018

Mejor en equipo

          

              Acaba de terminar la Ryder Cup de golf. Torneo que desde hace casi 100 años enfrenta a los mejores jugadores de Europa y Estados Unidos en tres días de competición. En un deporte como el golf, en donde los jugadores juegan habitualmente para sí mismos, se puede aprender mucho de lo sucedido este fin de semana en Francia.

         Hay dos elementos que me llaman la atención por encima del resto: el primero que todos los jugadores han dejado de lado sus intereses individuales para formar dos equipos; y la segunda que este torneo, a diferencia del resto de competiciones que juegan a lo largo del año, no les produce ningún beneficio económico ni puntuación en el ranking mundial. Y este sentimiento lo resumía a la perfección el héroe de la edición de este año, el italiano Francesco Molinari. Decía: «Lo más importante no ha sido la actuación individual de uno, sino el sentimiento de equipo, la actitud de todos, desde el que no ha jugado demasiado al que ha jugado todo». Y ante la pregunta de si prefería este torneo o su reciente triunfo en el Abierto Británico –uno de los grandes y con más de un millón y medio de euros de premio–, decía que «esta semana la pone por encima de todo, que no se pueden comparar».

             Y aunque sea un poco atrevido, lo que creo que quiere decir el jugador italiano (como el resto de miembros del equipo), es que su felicidad, cuando es compartida, es diferente. Que no es lo mismo llegar a la cima solo que acompañado. Que sentirse parte de un equipo completa a cada individuo. Que las cosas que más felices nos hacen no las hacemos ni por uno mismo ni por dinero. Que el dinero tiene importancia, pero que hay determinadas cosas que el dinero no las puede comprar. Y que como para los golfistas, tanto de Europa como de Estados Unidos esta semana, no las podemos comparar con otros momentos de nuestra vida, porque están en otra dimensión. Probablemente la del amor por alguien o por algo.

18 sept 2018

Definir la familia

Reconstrucción de un grupo de Neandertal

De Vicente Huerta. www.serpersona.info
Leo hoy esta noticia: Rumanía celebrará en octubre un referéndum para definir la familia en la Constitución como “el matrimonio libre entre un hombre y una mujer, su igualdad y el derecho y el deber de los padres a garantizar la educación y la instrucción de los hijos”. ¡Increíble!
Resulta que desde hace casi un millón de años el hombre existe sobre la tierra, y no es aventurado pensar, dada la atracción natural que existe entre el hombre y la mujer, que estos se unieran y como fruto de esa unión nacieran hijos, que vivirían con sus progenitores y serían criados y educados por ellos sin que esto supusiera problema ni debate alguno.
Pues bien, ahora resulta que en un país de Europa hace falta hacer un reférendum para definir la familia, como si fuera una novedad desconcertante en la sociedad humana, algo extraño y difícil de entender. ¿Acaso habremos perdido por completo el sentido común? ¿habrá que hacer sucesivos referéndums para definir lo que es un rebaño de ovejas, una manada de caballos o una puesta de sol?