24 feb. 2018

EVANGELIO día 25: Domingo II de Cuaresma

"Escúchale"
Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,2-10):
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc 9,2-10



LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO

Este relato de la«transfiguración de Jesús»fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.
Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.
La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado; escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.
Este mensaje de Jesús encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.
Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.
Sin embargo, también hoy lo único decisivo que puede ofrecer la Iglesia a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús y su proyecto humanizador del reino de Dios. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Palabra.
Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.
Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.
Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.

Padrenuestro

Jesús, que se atreve a dirigirse al Altísimo llamándolo abba"padre", quiere también introducir a los hombres en esa intimidad y profunda comunión. Por esta razón confía a sus discípulos el Pater, la oración por excelencia del cristiano. Ciertamente tiene una forma típicamente hebrea: siete peticiones divididas en dos grupos que recuerdan las dos tablas de la Ley. Las tres primeras peticiones se refieren a Dios y a su designio salvífico; las otras dirigen su atención a las verdaderas necesidades del hombre.

El nombre -es decir, la misma persona de Dios- ya es santo, pero quiere que se reconozca como tal, esto es, santificado por todos mediante una vida de adoración, alabanza y conformación con él. El Reino de Dios ya está presente, pero para que llegue a su plenitud es preciso que cada uno acepte el señorío de Dios en la propia vida. La voluntad de Dios se cumple ciertamente en el cielo y en la tierra, pero se pide que cada uno se adhiera a esta voluntad con amor, como Jesús. Se pide a continuación al Padre que nos provea lo necesario hoy, día tras día: siempre somos hijos pobres que todo lo recibimos de él. El alimento que nos ofrece no sacia únicamente el hambre corporal; es el "pan" de la vida futura, el mismo Jesús, Pan vivo (cf. Jn 6). Tenemos necesidad del perdón de Dios para entrar en el Reino, pero no podemos pedir que nos perdone si negamos el perdón a nuestros hermanos. El v. 13 ("No nos dejes caer en la tentación") hay que entenderlo así: "Haz que no entremos en la tentación", "Haz que, frente a las grandes pruebas de la vida, la fe no dude de tu bondad de Padre y no reniegue, cediendo a las insidias del diablo". La última petición de la oración pide ser librados del Malignocausa e instigador de todo mal. Como conclusión, los vv.14s vuelven y subrayan la necesidad del perdón recíproco enunciado en el v12: no podemos llamar a Dios "Padre" si no vivimos entre nosotros como hermanos, si no queremos conformar nuestro rostro al suyo, que es infinita misericordia.

APRENDER A MIRAR

C. Ruiz

Educar la mirada es una lucha importante, que influye en la apertura y la calidad de nuestro mundo interior. Se trata de descubrir a Dios en todo, y de huir de lo que pueda apartar de Él.



Aprender a mirar es, pues, un ejercicio de contemplación: si nos acostumbramos a contemplar lo más alto y hermoso, la mirada sentirá repulsa hacia lo bajo y sucio. Quien contempla asiduamente al Señor, en la Eucaristía y en las páginas del Evangelio, aprende a descubrirle también en los demás, detrás de las bellezas de la naturaleza o de las obras de arte. Disfruta más de lo bueno y adquiere sensibilidad para rechazar lo que enturbia. Al mismo tiempo, como la vida en esta tierra es una lucha, estamos siempre expuestos a volver al barro. Aprender a mirar es también aprender a no mirar. No conviene mirar lo que no es lícito desear

Las ofensas a Dios se presentan de diferentes modos ante nuestros ojos: algunas veces nos repugnan humanamente, y nos sale sincero y natural el rechazo, por ejemplo ante cosas violentas; otras veces el mal toma la forma de tentación, y se presenta con el atractivo de la carne, el egoísmo o el lujo.

En cualquier caso, siempre se puede convertir la actitud defensiva en actitud constructiva, con el valor redentor de los actos de desagravio. Desagraviar supone que veamos esas realidades en cuanto ofensa a Dios. No sólo como algo desagradable, que nos molesta; ni sólo como una tentación, que rechazamos; sino sobre todo en cuanto que ofenden a Dios.


Cuando Jesús dice que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón (Mt 5, 28), deja claro que el desorden en la mirada no consiste sobre todo en el mal uso de un sentido externo, sino que se mueve en un nivel más hondo: ese deseo muestra una visión equivocada de la persona, que deja de ser vista como digna de respeto, como hija de Dios. La mirada que dirijo sobre el otro decide sobre mi humanidad.



Si miramos a los demás con ojos limpios, con respeto, descubriremos en ellos nuestra propia dignidad de hijos de Dios, nos sentiremos siempre hijos de Dios Padre. Si, por el contrario, la vista se enturbia, también se deforma nuestra imagen interior. «Así como puedo aceptar o reducir al otro a cosa para usar o destruir, del mismo modo debo aceptar las consecuencias del propio modo de mirar, consecuencias que repercuten en mí» dice Ratzinger. La mirada es decisiva; tal como uno mira se siente mirado, porque tal como uno ama se siente amado.

23 feb. 2018

PARA LA FORMACIÓN LITÚRGICA DE NUESTRA COMUNIDAD

Iniciamos en este Boletín una página en la que transcribiremos lo que el Nuevo Misal nos ordena en orden a realizar una liturgia digna y misionera:


ESTRUCTURA DE LA MISA – EUCARISTÍALAS DIVERSAS PARTES DE LA MISA - EUCARISTÍA


A) Ritos iniciales:

  • Los ritos que preceden a la liturgia de la Palabra, es decir, al canto de entrada, el saludo, el acto penitencial, el Señor, ten piedad, el Gloria y la oración colecta, tienen el carácter de exordio, introducción y preparación.
  • Su finalidad es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunión y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.
  • En algunas celebraciones que, según las normas de los libros litúrgicos, se unen con la misa, se omiten los ritos iniciales o se realizan de un modo peculiar.

Reunido el pueblo, mientras entra el sacerdote con el diácono y los ministros, Se comienza el canto de entrada. El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido e introducirles en el misterio del tiempo litúrgico o de la fiesta y acompañar la procesión de sacerdotes y ministros.

El canto de entrada lo entona la schola y el pueblo, o un cantor y el pueblo, o todo el pueblo, o solamente la schola. Pueden emplearse para este canto o la antífona con su salmo, como se encuentran en el Gradual romano o en el Gradual simple, u otro canto acomodado a la acción sagrada o a la índole del día o del tiempo litúrgico, con un texto aprobado por la conferencia de los obispos.

Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector recita la antífona que aparece en el Misal. Si esto no es posible, la recita el sacerdote mismo, quien también puede adaptarla a modo de monición inicial.

Saludo al altar y al pueblo congregado.

El sacerdote, el diácono y los ministros, cuando llegan al presbiterio, saludan al altar con una inclinación profunda. Después. El sacerdote y el diácono lo besan como signo de veneración; y el sacerdote, según los casos, inciensa la cruz y el altar.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote, de pie junto a la sede, y toda la asamblea hacen la señal de la cruz;  a continuación el sacerdote, por medio del saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor. Can este saludo y con la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada.

Terminado el saludo al pueblo, el sacerdote o el diácono o un ministro laico puede introducir a los fieles en la misa del día con brevísimas palabras.

17 feb. 2018

Cuaresma para niños

Evangelio día 18: Domingo I de Cuaresma

Evangelio del Domingo por Odres Nuevos

"Está cerca el Reino"

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc 1,12-15



ENTRE CONFLICTOS Y TENTACIONES

Antes de comenzar a narrar la actividad profética de Jesús, Marcos nos dice que el Espíritu lo impulsó hacia el desierto.  Se quedó allí cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Estas breves líneas son un resumen de las tentaciones o pruebas básicas vividas por Jesús hasta su ejecución en la cruz.
Jesús no ha conocido una vida fácil ni tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. Su entrega apasionada al proyecto de Dios le ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones. De él hemos de aprender sus seguidores a vivir en tiempos de prueba.
«El Espíritu empuja a Jesús hacia el desierto»
No lo conduce a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y lo será para sus seguidores.
«Se quedó en el desierto cuarenta días»
El desierto será el escenario por el que transcurrirá la vida de Jesús. Este lugar inhóspito y nada acogedor es símbolo de pruebas y dificultades. El mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para quien queda abandonado a sus propias fuerzas.
«Tentado por Satanás»
Satanás significa «el adversario, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reinado. En la tentación se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de luz o de tinieblas, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia.
A lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará a Pedro con estas palabras: «Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios». Los tiempos de prueba los hemos de vivir, como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.
«Vivía entre alimañas y los ángeles le servían»
Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene. Así vivirá Jesús: defendiéndose de Antipas, al que llama «zorro», y buscando en la oración de la noche la fuerza del Padre.
Hemos de vivir estos tiempos difíciles con los ojos fijos en Jesús. Es el Espíritu de Dios el que nos está empujando hacia el desierto. De esta crisis saldrá un día una Iglesia más humana y más fiel a su Señor.

16 feb. 2018

Tiempo de Cuaresma por Manolo López Ozores

Reflexión por nuestro buen amigo y colaborador en nuestra parroquia .

                     
                  Hoy 14 de febrero de 2018, miércoles de Ceniza, hemos comenzado el tiempo litúrgico de Cuaresma, que es una llamada a la conversión personal interior y de preparación para la Pascua.

                     En la Eucaristía que hemos celebrado en nuestra parroquia y que estuvo presidida por el sacerdote Salesiano de Castrelo,  D. José Rodríguez Pacheco, en ausencia de nuestro párroco D. Antonio Sineiro, por motivos de salud, tuvo lugar el rito de la imposión de la ceniza, como acto penitencial, mientras se recitaba el Salmo nº 50 "Misericordia del Señor, hemos pecado", alternando con el estribillo cantado del Salmo 102 "El Señor es compasivo y misericordioso".

                         En la homilía se nos exhortaba a vivir este itinerario como un tiempo de gracia y de conversión del corazón, al mismo tiempo que se nos recuerdan los elementos de este camino espiritual que nos indica San Mateo en el Evangelio de este día: La oración, como encuentro personal con Dios a través de la escucha y meditación de la Palabra de Dios; el ayuno, mortificación y renuncia en las diversas circunstancias de nuestra vida, y caridad, compartir con los demás y estar más cerca del prójimo, comenzando por los de nuestra casa. Todas estas características vividas siempre con humildad, gozo y alegría.

                          Como decía nuestro arzobispo en la homilía de hoy en la Catedral de Santiago: "La Cuaresma es una llamada, una muestra más de que Dios pronuncia nuestro nombre, nos ama y está pendiente de nosostros"...

                           Ojalá nosotros aprendamos a vivir este tiempo especial de gracia y perdón que se nos ofrece.


                                Frases del Papa Francisco para esta Cuaresma:

              "La Cuaresma es para afinar los acordes disonantes de nuestra vida".

           "Ayunar no es solo privarse del pan, también es compartir el pan         con el hambriento, el cariño, la cultura" .

           "Quien confiesa sus pecados con humildad y sinceridad recibe el perdón y encuentra de nuevo la unión con Dios y con los hermanos".


Manolo López Ozores
(Música y Liturgia)



15 feb. 2018

Cómo vivir la Cuaresma


1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Éste es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.
2. Luchando por cambiar
Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.
3. Haciendo sacrificios
La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa "hacer sagrado". Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.
4. Haciendo oración
Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.

CUARESMA 20018

13 feb. 2018

POR UNA RENOVACIÓN PASTORAL - Nº 4

Seguimos resumiendo en nuestro Boletín parroquial los temas que el equipo de nuestra diócesis desarrolla en las Escuelas Diocesanas para Agentes Pastorales (E.D.A.P.), de Castrelo de Cambados.
El segundo temario del programa llamado: la fe vivida,  tiene como segundo tema “una Iglesia que se implique más en la acción social del mundo”, y que es ahora el que intentaremos resumir para estudiarlo y reflexionarlo en nuestro  grupo de misión parroquial, que se reúne todos los últimos sábados de cada mes.

1º Una Iglesia continuadora de la misión de Cristo en el mundo.
La misión de Jesucristo, por voluntad del Padre y la complacencia del Espíritu Santo para REDIMIR al mundo está marcada por tres acontecimientos claves: 
-          ENCARNACIÓN, en la misma realidad humana
-          EVANGELIZACIÓN,  para instaurar el Reino de Dios en el mundo
-          PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN, para dar cumplida realización a su obra Redentora.


2º  La Misión que Cristo da a su Iglesia.

Jesucristo deja a su Iglesia esta misma Misión para que ENCARNÁNDOSE  en la misma realidad social que se alegra, que sufre, que lucha, que trabaja, que busca la justicia y la paz verdaderas…  a través del ANUNCIO, de la VIDA – TESTIMONIO y CELEBRACIÓN (Cristo y sus Mensajes) y por los meritos de su pasión, muerte y resurrección, TRANSFORMEMOS EL MUNDO.


3º Una Iglesia que se implique en su mundo.

3.1- Mediante una acción social realizada a través de una tarea evangelizadora y caritativa eficiente y real.

3.2- Mediante una encarnación en sus realidades actuales, no para ser “mundanos sino para que desde esas mismas realidades, humanicemos y divinicemos al hombre y a la mujer de la “época pantálica”.

2.2- Mediante una nueva evangelización y catequesis para acercar a todos de  nuevo al KERIGMA (Cristo – Salvación) Y este  (el Kerigma) a entrar en sus vidas para ayudarles a ser hombre y mujeres nuevos.

10 feb. 2018

Manos Unidas

La honradez conlleva claridad en la conducta y rectitud en la intención

La honradez es incompatible con la mentira, con las medias verdades. Donde aparece la mentira, el terreno en que se apoyan las relaciones entre las personas se resquebraja: se ha introducido un elemento falso e irreal que impide el buen entendimiento, la tarea en común, la verdadera comunicación; se traiciona la confianza de las personas.
La ambigüedad, el engaño, los subterfugios, la ocultación malintencionada de información son actos contrarios a la honradez y, aunque los afectados no tuvieran conocimiento de ello, se ofende al prójimo y a Dios.

PROMETER PARA CUMPLIR

Si se hace una promesa, es para cumplirla. También en política. Cuando no se tiene intención de mantener lo prometido, lo oportuno es callar. Cuando se jura un cargo, se firma un contrato, se establece un compromiso y es preciso cumplir con él a pesar de las dificultades que ello implique.
Las promesas deben ser cumplidas, y los contratos, rigurosamente observados en la medida en que el compromiso adquirido es moralmente justo[379].

INTENCIONES RECTAS Y CLARAS

La libertad de elección permite tomar múltiples decisiones y a través de ellas conseguir un fin o varios fines: quien es honrado actúa con rectitud, de forma que sus objetivos sean siempre claros; no guarda segundas intenciones ocultas ni falsea sus acciones haciendo creer que le mueve un buen deseo cuando en realidad no es así.
La expresión «rectitud de intención» significa claridad de conducta, ausencia de disimulo o hipocresía. Es un actuar que responde a la verdad que nos pide el Señor cuando manifiesta que nuestro sí sea  y nuestro no sea no.
Cuando esta virtud ha echado raíces en el corazón del cristiano, no es difícil actuar de acuerdo con este principio: «la rectitud de intención está en buscar siempre y en todo la gloria de Dios».
https://rsanzcarrera.wordpress.com

EVANGELIO día 11: Domingo VI del tiempo ordinario

                                                     

 Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

"Jesús nos limpia, es agua de vida"


En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.


Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.



Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc 1,40-45




AMIGO DE LOS EXCLUIDOS

Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, olvidados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.
Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: «Dios hace salir su sol sobre buenos y malos». Así es él.
Por eso a veces reclama con fuerza que cesen todas las condenas: «No juzguéis y no seréis juzgados». Otras, narra una pequeña parábola para pedir que nadie se dedique a «separar el trigo y la cizaña», como si fuera el juez supremo de todos.
Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de «hombre de Dios» comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.
Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores». Jesús no se defendió. Era cierto, pues en lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.
Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.
De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies a aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero, queda limpio».
Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, psicóticos, inmigrantes, homosexuales…) y los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida nos estamos alejando gravemente de Jesús.

Sobre la pena de muerte y otras consideraciones

“Hay que afirmar de manera rotunda que la condena a muerte, en cualquier circunstancia, es una medida inhumana que humilla la dignidad de la persona”.

Con motivo del XXV Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia el Papa Francisco pronunció un importante discurso sobre la evolución y progreso de la doctrina cristiana sobre algunas cuestiones:


         Al presentar el Catecismo de la Iglesia Católica, san Juan Pablo II afirmaba que un catecismo «debe tener en cuenta las declaraciones doctrinales que en el decurso de los tiempos el Espíritu Santo ha inspirado a la Iglesia. Y es preciso que ayude también a iluminar con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en otras épocas no se habían planteado aún» (Const. ap. Fidei depositum, 3). 

Este Catecismo, por tanto, constituye un instrumento importante, no sólo porque presenta a los creyentes las enseñanzas de siempre, para crecer en la comprensión de la fe, sino también y sobre todo porque pretende que los hombres de nuestro tiempo, con sus nuevas y diversas problemáticas, se acerquen a la Iglesia, que se esfuerza por presentar la fe como la respuesta verdaderamente significativa para la existencia humana en este momento histórico particular.

 No basta, por tanto, con encontrar un lenguaje nuevo para proclamar la fe de siempre; es necesario y urgente que, ante los nuevos retos y perspectivas que se abren para la humanidad, la Iglesia pueda expresar esas novedades del Evangelio de Cristo que se encuentran contenidas en la Palabra de Dios pero aún no han visto la luz. Este es el tesoro de las «cosas nuevas y antiguas» del que hablaba Jesús cuando invitaba a sus discípulos a que enseñaran lo nuevo que él había instaurado sin descuidar lo antiguo (cf. Mt 13,52) (...)

La Tradición es una realidad viva y sólo una mirada superficial puede ver el «depósito de la fe» como algo estático. La Palabra de Dios no puede ser conservada con naftalina, como si se tratara de una manta vieja que hay que proteger de la polilla. ¡No! 
La Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva, que progresa y crece porque tiende hacia un cumplimiento que los hombres no pueden detener. Esta ley del progreso, según la feliz formulación de san Vicente de Lerins: «Annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate» (Conmonitorium, 23.9: PL 50), pertenece a la peculiar condición de la verdad revelada en cuanto que es transmitida por la Iglesia, y no comporta de manera alguna un cambio de doctrina. 

No se puede conservar la doctrina sin hacerla progresar, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo. «Dios, que muchas veces y en diversos modos habló en otros tiempos a los padres» (Hb 1,1), «habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo» (Dei Verbum, 8). Estamos llamados a hacer nuestra esta «voz», mediante una actitud de «escucha religiosa» (ibíd., 1), para que nuestra vida eclesial progrese con el mismo entusiasmo de los comienzos, hacia esos horizontes nuevos a los que el Señor nos quiere llevar.