25 ago. 2018

PROGRAMACIÓN PASTORAL

Curso 2018-2019

Parroquia de San Cipriano de Vilanova de Arousa



 En el Boletín del pasado número de Julio y Agosto, presentábamos el Programa Pastoral de este curso 2018-2019 para nuestra comunidad parroquial de San Cipriano de Vilanova de Arousa.  Programa-réplica del presentado por la Diócesis Compostelana para todas sus parroquias, pero que nosotros hemos adaptado y concretado a nuestras exigencias pastorales.

 Formulábamos el siguiente objetivo general:

Intensificar y seguir prestando el máximo cuidado a la misión litúrgica o celebrativa en comunión con las otras dos misiones de la iglesia:               
la educativa, con una evangelización nueva y una catequesis “kerigmática” y con la caritativa,  creadora de comunidad y el ejercicio de  “la caritas”, con mayor promoción social.

         Para este curso proponíamos los siguientes Objetivos Específicos:

1)      Promover vocaciones sacerdotales, de vida consagrada y de laicos comprometidos…
2)      Seguir cuidando la liturgia en todos sus aspectos: Dignidad, decoro, canto, participación, ministrantes y monaguillos, etc…
3)      Promover grupos parroquiales de oración en espacios adecuados…
4)     Activar la comunión y la corresponsabilidad con la iglesia universal, a través de la iglesia diocesana…

5)      Proyectar la pastoral mirando hacia los 25 años del párroco en esta comunidad (2019) y hacia el año santo compostelano (2020-2021)

Evangelio día 26: Domingo XXI del tiempo ordinario

Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 60-69):

Tu palabra nos eleva al cielo
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»
Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (6, 60-69)

PREGUNTA DECISIVA

El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento, «muchos discípulos se retiraron y ya no iban con él».
Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo no las retira, sino que se reafirma más: «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida, pero algunos de vosotros no creen». Sus palabras parecen duras, pero transmiten vida, hacen vivir, pues contienen Espíritu de Dios.
Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva: «¿También vosotros queréis marcharos?». No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos, sino amigos. Si quieren, pueden volver a sus casas.
Una vez más, Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.
«Señor, ¿a quién iríamos?». No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente. Si no siguen a Jesús, se quedarán sin saber a quién seguir. No han de precipitarse. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.
Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte? ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?
Hay algo que Pedro no olvida: «Tus palabras dan vida eterna». Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Dónde podrían encontrar una noticia mejor de Dios?
Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús ha descubierto que viene del misterio de Dios. Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: «Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». Seguirán junto a Jesús.
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Reservas de la Biosfera- Somiedo- Asturias

Contemplar a un niño

G. K. Chesterton en "El amor o la fuerza del sino" (Rialp, Madrid 1993).

La rectitud esencial de nuestra actitud hacia los niños se encuentra en el hecho de que sentimos que tanto ellos como su modo de comportarse son sobrenaturales… La misma pequeñez de los niños hace posible que los miremos como si fueran prodigios maravillosos; nos da la impresión de que estamos tratando con una raza nueva que solo se puede ver con microscopio… 


Al contemplar vidas tan humanas y, sin embargo, tan pequeñas, sentimos como si nosotros mismos nos hubiéramos inflado hasta alcanzar dimensiones vergonzosas. Sentimos el mismo tipo de obligación hacia esas criaturas que podría sentir una divinidad si hubiera creado algo que no podía entender. Tal vez el aspecto chistoso de los niños es el vínculo más cariñoso y atractivo de todos los vínculos que mantienen junto al universo. La pesada dignidad de sus voluminosas cabezas es más enternecedora que cualquier medida de humildad; su solemnidad nos ofrece más esperanza por todas las cosas que mil carnavales de optimismo; sus ojos grandes y brillantes parecen contener en su admiración a todas las estrellas; la ausencia fascinadora de la nariz parece darnos la insinuación más perfecta del humor que nos espera en el reino de los cielos.

De www.serpersona.info

19 ago. 2018

CARLO ACUTIS: EL QUINCEAÑERO INFORMÁTICO QUE EL PAPA HA DECLARADO VENERABLE


Carlo Acutis fallece a tan sólo 15 años de edad a causa de una leucemia fulminante, dejando en la memoria de todos los que le han conocido un gran vacío y una profunda admiración por el que ha sido su breve y a la vez intenso testimonio de vida auténticamente cristiana. Desde que recibió la Primera Comunión a los 7 años de edad nunca ha faltado a la cita cotidiana con la Santa Misa. Siempre, antes o después de la celebración eucarística, se quedaba delante del Tabernáculo para adorar al Señor presente realmente en el Santísimo Sacramento. La Virgen era su gran confidente y nunca dejaba de honrarla rezando cada día el Santo Rosario. La modernidad y la actualidad de Carlo conjuga perfectamente con su profunda vida eucarística y devoción mariana, que han contribuido a convertirlo en un chico muy especial al que todos admiraban y querían.

Citando las palabras de Carlo: “Nuestra meta debe ser el infinito, no el finito. El Infinito es nuestra Patria. Desde siempre el Cielo nos espera”. Suya es la frase: “Todos nacen como originales pero muchos mueren como fotocopias”. Para dirigirse hacia esta Meta y no “morir como fotocopias” Carlo decía que nuestra Brújula tiene que ser siempre la Palabra de Dios, con la que tenemos que confrontarnos constantemente. Pero para una Meta tan alta hacen falta Medios muy especiales: los Sacramentos y la oración. En especial Carlo situaba en el centro de su vida el Sacramento de la Eucaristía que llamaba “mi autopista hacia el Cielo”.

18 ago. 2018

Evangelio día 19: Domingo XX del tiempo ordinario.

Evangelio según  San Juan 6, 51-58.

Jesús dijo a los judíos: 
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".



Comentario del evangelio
 por el papa San Juan Pablo II:

«Mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida»

    La representación sacramental en la santa Misa del sacrifico de Cristo, coronado por su resurrección, implica una presencia muy especial que -citando palabras de Pablo VI- «se llama»real», no por exclusión, como si las otras no fueran «reales», sino por antonomasia, porque es sustancial, ya que por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e integro». Se recuerda así la doctrina siempre válida del Concilio de Trento:«Por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo Señor nuestro, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. Esta conversión, propia y conveniente, fue llamada transustanciación por la Iglesia Católica». Verdaderamente la Eucaristía es «misterium fidei», misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe, como a menudo recuerdan las catequesis patrísticas sobre este divino Sacramento. «No veas -exhorta san Cirilo de Jerusalén- en el pan y en el vino meros y naturales elementos, porque el Señor ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos te sugieran otra cosa»...     Ante este misterio de amor, la razón humana experimenta toda su limitación. Se comprende cómo, a lo largo de los siglos, esta verdad haya obligado a la teología a hacer arduos esfuerzos para entenderla. Son esfuerzos loables, tanto más útiles y penetrantes cuanto mejor consiguen conjugar el ejercicio crítico del pensamiento con la «fe vivida»de la Iglesia... «Toda explicación teológica que intente buscar alguna inteligencia de este misterio, debe mantener, para estar de acuerdo con la fe católica, que en la realidad misma, independiente de nuestro espíritu, el pan y el vino han dejado de existir después dela consagración, de suerte que el cuerpo y la sangre adorables de Cristo Jesús son los que están realmente delante de nosotros» (Pablo VI).

16 ago. 2018

La ira no siempre es mala...

De https://rsanzcarrera.wordpress.com



Aliviará tu conciencia saber que existe una diferencia entre el sentimiento de ira y el pecado de ira. Más de una vez sentirás el enfado o la impaciencia provocados por otros, o te verás tentado a responder con acritud, o te arrastrará el rencor interior hacia alguien. Estos sentimientos no son pecado si evitas que se manifiesten de algún modo en tu conducta exterior y no permites que te lleven al deseo deliberado de que otros sufran un daño: solo podrás controlarlos mediante el dominio de ti mismo y la gracia de Dios.
Hay una diferencia entre el pecado de ira y el intento razonado y enérgico de enmendar a quienes están sujetos a tu autoridad e influencia cuando necesitan ser corregidos. No pecas si estás descontento, pero no deseas herir; si, a pesar de tu desagrado ante una falta, intentas controlarte o buscas castigar el daño de un modo razonable. Aun así, esta ira nace del orgullo, la envidia y los celos.
La ira no siempre es mala. Existe una ira legítima: aquella que es imagen de la ira de la justicia divina. Si tu ira solo se despierta ante una falta grave y evidente de otro, y si, actuando como instrumento de la ira divina, castigas en exacta proporción a la ofensa, puede convertirse en una justa indignación. En palabras de Santiago: «Que cada uno sea diligente para escuchar, lento para hablar y lento para la ira; porque la ira del hombre no hace lo que es justo ante Dios». Santiago nos advierte en contra de la ira, pero no dice que no debamos enfadarnos nunca, sino que hemos de ser «lentos para la ira». A veces la ira puede estar justificada. El Señor no dudó en tomar un látigo y echar del Templo a los vendedores que habían convertido la casa de Dios en un mercado. Si una madre, no por arrojar fuera de sí el veneno de su cólera, sino llevada por una responsabilidad moderada por el amor, se enfada y conduce su ira castigando a un hijo, no ha perdido, sino ganado el favor de Dios.

Pero no olvides lo fácil que es exagerar la culpa del prójimo, especialmente cuando con su conducta ha actuado en perjuicio no tanto de los intereses de Dios como de los tuyos. En estas circunstancias, tu ira puede llevarte a pecar contra la justicia y la caridad. (Autor: L. G. Lovasik, “El poder oculto de la amabilidad“)

15 ago. 2018

La mujer que vivió vuelta hacia los cielos


Todo hombre vive en el centro de una cruz, donde confluyen la línea horizontal y la vertical. Junto a él se encuentran sus semejantes, y los brazos son puentes tendidos hacia el prójimo, o barreras que se levantan previo pago de un peaje.
La línea vertical la conforman dos llamadas: la del cielo, que invita al hombre a ascender hacia Dios, y la de la carne, que tira del hombre hacia abajo, hacia la ciénaga de las pasiones desbocadas. El cristiano vive en ese drama: quiere seguir la llamada de Dios, pero sufre el lastre de la concupiscencia.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador… ¡Qué delicia! Desde su concepción inmaculada, María vivió vuelta del todo hacia los cielos. Cuerpo, alma, corazón, pensamientos, todo en ella se orientaba dulcemente hacia lo alto, hacia un Amor que la atraía como a los árboles altos los atrae el cielo.
Nada tiene de extraño que ese cuerpo virginal, terminada la travesía de esta vida, fuera irresistiblemente poseído por el Amor celeste y transportado al Paraíso. Allí, el Hijo besó a la Madre, con beso de carne glorificada, y se sobrecogieron los querubines.
¡Qué gran día!
Por José Fernando Rey

El origen de Europa

Del Discurso del Papa Francisco en el Vaticano (24 de marzo de 2017) en la recepción de los líderes europeos, con motivo del 50ª aniversario del Tratado de Roma, que dio origen a la Comunidad Europa:

Los Padres fundadores nos recuerdan que Europa no es un conjunto de normas que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir. Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable y no sólo como un conjunto de derechos que hay que defender o de pretensiones que reclamar. El origen de la idea de Europa es «la figura y la responsabilidad de la persona humana con su fermento de fraternidad evangélica, [...] con su deseo de verdad y de justicia que se ha aquilatado a través de una experiencia milenaria»
«Nuestros planes no son de tipo egoísta, dijo el Canciller alemán Adenauer. «Sin duda, los países que se van a unir (...) no tienen intención de aislarse del resto del mundo y erigir a su alrededor barreras infranqueables», se hizo eco el Ministro de Asuntos Exteriores francés Pineau. En un mundo que conocía bien el drama de los muros y de las divisiones, se tenía muy clara la importancia de trabajar por una Europa unida y abierta, y de esforzarse todos juntos por eliminar esa barrera artificial que, desde el Mar Báltico hasta el Adriático, dividía el Continente. ¡Cuánto se ha luchado para derribar ese muro! Sin embargo, hoy se ha perdido la memoria de ese esfuerzo. Se ha perdido también la conciencia del drama de las familias separadas, de la pobreza y la miseria que provocó aquella división. Allí donde desde generaciones se aspiraba a ver caer los signos de una enemistad forzada, ahora se discute sobre cómo dejar fuera los «peligros» de nuestro tiempo: comenzando por la larga columna de mujeres, hombres y niños que huyen de la guerra y la pobreza, que sólo piden tener la posibilidad de un futuro para ellos y sus seres queridos.
«En el origen de la civilización europea se encuentra el cristianismo»  (De Gasperi), sin el cual los valores occidentales de la dignidad, libertad y justicia resultan incomprensibles. «Y todavía en nuestros días afirmaba san Juan Pablo IIel alma de Europa permanece unida porque, además de su origen común, tiene idénticos valores humanos, como son los de la dignidad de la persona humana, del profundo sentimiento de justicia y libertad, de laboriosidad, de espíritu de iniciativa, de amor a la familia, de respeto a la vida, de tolerancia y de deseo de cooperación y de paz, que son notas que la caracterizan». En nuestro mundo multicultural tales valores seguirán teniendo plena ciudadanía si saben mantener su nexo vital con la raíz que los engendró. 

12 ago. 2018

EVANGELIO día 12: Domingo XIX del tiempo ordinario.

Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 41-51):

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.”
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Palabra del Señor
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (6, 41-51)

ATRAÍDOS POR EL PADRE HACIA JESÚS

Según el relato de Juan, Jesús repite cada vez de manera más abierta que viene de Dios para ofrecer a todos un alimento que da vida eterna. La gente no puede seguir escuchando algo tan escandaloso sin reaccionar. Conocen a sus padres. ¿Cómo puede decir que viene de Dios?
A nadie nos puede sorprender su reacción. ¿Es razonable creer en Jesucristo? ¿Cómo podemos creer que en ese hombre concreto, nacido poco antes de morir Herodes el Grande y conocido por su actividad profética en la Galilea de los años treinta, se ha encarnado el Misterio insondable de Dios?
Jesús no responde a sus objeciones. Va directamente a la raíz de su incredulidad: «No sigáis murmurando». Es un error resistirse a la novedad radical de su persona obstinándose en pensar que ya saben todo acerca de su verdadera identidad. Les indicará el camino que pueden seguir.
Jesús presupone que nadie puede creer en él si no se siente atraído por su persona. Es cierto. Tal vez, desde nuestra cultura, lo entendemos hoy mejor. No nos resulta fácil creer en doctrinas o ideologías. La fe y la confianza se despiertan en nosotros cuando nos sentimos atraídos por alguien que nos hace bien y nos ayuda a vivir.
Pero Jesús les advierte de algo muy importante: «Nadie puede aceptarme si el Padre, que me ha enviado, no se lo concede». La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias.
Por eso hemos de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón y dejarnos conducir por él hacia Jesús. Dejarnos enseñar dócilmente por ese Padre, Creador de la vida y Amigo del ser humano: «Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí».
La afirmación de Jesús resulta revolucionaria para aquellos judíos. La tradición bíblica decía que el ser humano escucha en su corazón la llamada de Dios a cumplir fielmente la Ley. El profeta Jeremías había proclamado así la promesa de Dios: «Yo pondré mi Ley dentro de vosotros y la escribiré en vuestro corazón».
Las palabras de Jesús nos invitan a vivir una experiencia diferente. La conciencia no es solo el lugar recóndito y privilegiado en el que podemos escuchar la Ley de Dios. Si en lo íntimo de nuestro ser nos sentimos atraídos por lo bueno, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, lo que construye un mundo mejor, fácilmente nos sentiremos invitados por Dios a sintonizar con Jesús.

Razones contra la desigualdad

De www.serpersona.info
Interesante artículo de Ramiro Feijoo:
Entre los muchos estudios existentes el más valioso en mi opinión es el estudio de Richard Wilkinson y Kate Pickett, publicado en España con el título de Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva. El libro se resume de manera fácil:                    La desigualdad influye negativamente en la mayoría de las variables de salud y bienestar social


En países desarrollados, cuanto mayor es la desigualdad, menor es la esperanza de vida, la comprensión lectora y el dominio matemático, la confianza de la sociedad en sus conciudadanos y mayor es la mortalidad infantil, el porcentaje de población reclusa, los homicidios, los nacimientos en madres adolescentes, la obesidad, las enfermedades mentales de todo tipo y las adicciones a las drogas.

El autor desagrega los resultados por países, variables e incluso por Estados de EEUU, llegando siempre a las mismas conclusiones. Llama también la atención que las consecuencias de la desigualdad pueden llegar a ser entre el doble y diez veces más negativas entre los países menos afectados (Japón o los escandinavos) y el que más (Estados Unidos).

Los autores dejan claro que correlación no es causalidad, por lo que a veces, para entender la relación entre una variable y la desigualdad, debemos transitar por varios pasos lógicos. Pero los mismos autores nos revelan el vínculo intermedio necesario que parece existir entre unas y la otra: el estrés social que acarrea, las amenazas a la estima social (recordemos que la autoestima social es una de las necesidades humanas señaladas por Maslow en la mitad de su pirámide), la inseguridad que conlleva afecta en términos de salud al sistema inmune e incluso al cardiovascular, y en términos sociales genera una tensión que puede manifestarse y explotar de diversas maneras. De la manera más suave, mediante el consumismo y la ostentación. De la manera más grave mediante problemas mentales, adicciones, inseguridad ciudadana y finalmente homicidios. Las pruebas son abrumadoras. Pero hay más:

La desigualdad afecta a las cifras agregadas y por supuesto a los más desfavorecidos. Pero atención: también a los ricos. En los países desiguales los ricos tienen una esperanza de vida menor que en los más igualitarios. El estrés asociado a la desigualdad parece que afecta también a los de arriba. 

9 ago. 2018

PRIMACÍA DE LA PERSONA

Del Blog serpersona.info

«El primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad». Benedicto XVI

   En los últimos años se ha promovido una cultura del triunfo, del éxito, de la exaltación de los grandes, los fuertes, los triunfadores. Una cultura del beneficio fácil y el enriquecimiento rápido. Una cultura en la que, como dice muy gráficamente Zygmunt Bauman, «uno solo vale según los resultados del último duelo», es decir, según los competidores a los que ha podido vencer en la última lucha en la arena del despiadado mercado en que nos movemos. 

Lo malo es que una cultura así ha dejado a nuestra sociedad —como no puede ser de otra manera— hecha un campo de batalla lleno de víctimas. Estas son los millones de parados, los cientos de miles de empresas abocadas al fracaso, los asfixiados por las cuotas de los préstamos, los amenazados por los desahucios a manos de aquellos mismos que con su dinero especularon. Y entre todas las víctimas, una generación que, en buena medida, abandonó años atrás los estudios y dejó de formarse seducida por la ganancia fácil, por unos sueldos que, sobre todo en la construcción, sobrepasaban en mucho los de profesionales cualificados. 

Pero llegó la crisis, pinchó la burbuja inmobiliaria y con ella se vinieron abajo muchos otros globos que nos habíamos hecho pensando que el trabajo duro era para los torpes o para lo inmigrantes —con perdón— y para nosotros las ganancias, los coches de alta gama y los beneficios rápidos. Unos beneficios exentos, por supuesto, de todo control ético —¿para qué la ética?— y, si era posible, también exentos de deberes tributarios. ¡Qué más da cómo se gane y si se tributa o no, si en este combate todo vale...! 

La crisis ha pinchado muchas fantasías y proyectos. Hemos creído poder organizar la vida sobre el lucro, la especulación y el dinero y la crisis nos ha hecho descubrir que la economía así concebida y programada nos lleva a hacer de la vida un verdadero «duelo». Hemos creído que la sociedad se puede construir sobre el «individuo», como sujeto de todos los derechos, haciendo de los intereses individuales la referencia única para medir el desarrollo, y nos hemos olvidado de construir la sociedad sobre la persona y su dignidad como fundamento de todos sus derechos. Nos hemos olvidado de que la dignidad humana y su desarrollo no pueden medirse únicamente por el factor económico, sino que deben contemplar dimensiones más amplias y profundas, como el desarrollo intelectual, ético, social y también espiritual. 

Vicente Altaba

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN-2018


Organizan en comunión esta jornada la Parroquia y la Cofradía


                    En una parroquia profundamente marinera, el celebrar con solemnidad la fiesta del Carmen, es algo tan lógico y evidente que de no hacerlo sería incomprensible para cualquier persona.

                       Asimismo, por la riqueza que nos aporta nuestra ría y por el trabajo que ofrece a muchos vecinos y vecinas de nuestra zona, el dedicarle una jornada festiva y solemne a tan excelsa patrona del mar, se hace necesario e inevitable.


Tres días antes: 

                 Celebración de un Triduo Solemne, como preparación a la fiesta, en las liturgias de la tarde: 

               Meditación del Rosario a las 20:15 y Eucaristía a las 21:00 h.


El propio día de la Solemnidad:   

                               SÁBADO 11 DE AGOSTO 2018

            EUCARISTÍA SOLEMNE a Nuestra Señora del Carmen: a las 12:00 h.


PROCESIÓN MARÍTIMO-TERRESTRE a las 19:00 h.

           
Al terminar la procesión, celebración de la eucaristía propia del domingo XIX del tiempo ordinario sobre las 21:30 h.

4 ago. 2018

Evangelio día 5: Domingo XVIII del tiempo ordinario

De https://odresnuevos.es/

Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 24-35):

En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún.
Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.»
Le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?»
Jesús les contestó: «La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado.»
«¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Dios les dio a comer pan del cielo.”»
Jesús les contestó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.»
Ellos le pidieron: «Señor, danos siempre ese pan.»
Y Jesús les dijo: «Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.»
Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (6, 24-35)

PAN DE VIDA ETERNA

¿Por qué seguir interesándonos por Jesús después de veinte siglos? ¿Qué podemos esperar de él? ¿Qué nos puede aportar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿Nos va a resolver acaso los problemas del mundo actual? El evangelio de Juan habla de un diálogo de gran interés que Jesús mantiene con una muchedumbre a orillas del lago Galilea.
El día anterior han compartido con Jesús una comida sorprendente y gratuita. Han comido pan hasta saciarse. ¿Cómo lo van a dejar marchar? Lo que buscan es que Jesús repita su gesto y los vuelva a alimentar gratis. No piensan en otra cosa.
Jesús los desconcierta con un planteamiento inesperado: «Esforzaos no por conseguir el alimento transitorio, sino por el permanente, el que da la vida eterna». Pero ¿cómo no preocuparnos por el pan de cada día? El pan es indispensable para vivir. Lo necesitamos y debemos trabajar para que nunca le falte a nadie. Jesús lo sabe. El pan es lo primero. Sin comer no podemos subsistir. Por eso se preocupa tanto de los hambrientos y mendigos, que no reciben de los ricos ni las migajas que caen de su mesa. Por eso maldice a los terratenientes insensatos que almacenan el grano sin pensar en los pobres. Por eso enseña a sus seguidores a pedir cada día al Padre pan para todos sus hijos.
Pero Jesús quiere despertar en ellos un hambre diferente. Les habla de un pan que no sacia solo el hambre de un día, sino el hambre y la sed de vida que hay en el ser humano. No lo hemos de olvidar. En nosotros hay un hambre de justicia para todos, un hambre de libertad, de paz, de verdad. Jesús se presenta como ese Pan que nos viene del Padre no para hartarnos de comida, sino «para dar vida al mundo».
Este Pan venido de Dios «da la vida eterna». Los alimentos que comemos cada día nos mantienen vivos durante años, pero llega un momento en que no pueden defendernos de la muerte. Es inútil que sigamos comiendo. No nos pueden dar vida más allá de la muerte.
Jesús se presenta como «Pan de vida eterna». Cada uno ha de decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Pero quienes nos llamamos seguidores suyos hemos de saber que creer en Cristo es alimentar en nosotros una fuerza imperecedera, empezar a vivir algo que no acabará en nuestra muerte. Sencillamente, seguir a Jesús es entrar en el misterio de la muerte sostenidos por su fuerza resucitadora.
Al escuchar sus palabras, aquellas gentes de Cafarnaún le gritan desde lo hondo de su corazón: «Señor, danos siempre de ese pan». Desde nuestra fe vacilante, a veces nosotros no nos atrevemos a pedir algo semejante. Quizá solo nos preocupa la comida de cada día. Y a veces solo la nuestra.